En 1863, el químico y farmacéutico de origen italiano, nacido en Córcega (Francia), Angelo Mariani, presentó al mercado el Vino Mariani, una bebida revolucionaria para esa época que combinaba vino de Burdeos con hojas de coca traídas de Bolivia y Perú. La mezcla producía un compuesto llamado etilencoca, que potenciaba los efectos vigorizantes y euforizantes de la planta. Se anunciaba como remedio contra la fatiga, la melancolía, la gripe o la malaria, convirtiéndose pronto en un fenómeno internacional. Fue prohibido en 1914 tras comprobarse sus efectos nocivos para la salud.
El químico y farmacéutico Angelo Mariani, tras conocer las múltiples propiedades de la coca y su derivado sintetizado, la cocaína, decidió combinar las hojas de coca con el vino y producirlo en serie, lanzándolo con su marca al mercado en 1863.
En aquella época, las farmacias solían elaborar y prescribir vinos con medicamentos disueltos, ya que resultaban más agradables al paladar y porque muchos fármacos se disolvían mejor en alcohol que en agua. De hecho, la farmacopea francesa incluía alrededor de 100 vinos medicinales en 1884.
Siguiendo la recomendación de su consumo, se hizo muy popular entre artistas como el famoso escritor Julio Verne y el músico Charles Gounod, así como entre papas como León XIII y Pío X. Fue reconocido por numerosas asociaciones deportivas europeas, ya que los deportistas lo consideraban el «vino de los atletas» debido a sus propiedades tónicas y estimulantes.
También se le puede considerar a Mariani como el inventor de la publicidad moderna gracias a su gran habilidad para la autopromoción. De hecho, el farmacéutico solía enviar muestras gratuitas a los médicos a cambio de cartas de elogio que posteriormente publicaba en forma de folletos y monografías. Una botella de vino Mariani en aquellos tiempos era tan reconocible como una botella de Coca-Cola lo es hoy.
Además, fue del vino Mariani de donde John Pemberton se inspiró para crear la mundialmente famosa Coca-Cola, ya que se vio obligado a sustituir el vino por refresco debido a la prohibición.

La receta del vino Mariani nunca se reveló, pero existían directrices impuestas por el gobierno francés que requerían que 60 g de hojas de coca se maceraran en 1 litro de vino tinto o blanco durante 10 h. Las hojas utilizadas eran bolivianas, que eran el único tipo de hoja presente en Francia en ese momento. Sin embargo, más tarde, el propio Mariani declaró que sustituyó las hojas bolivianas por hojas peruanas; de hecho, el vino se llamaría «Vin tonique Mariani a la coca du Perou», que significa vino tónico con coca peruana. La cantidad de cocaína presente no debía superar los 300 mg/L .
Intelectuales y líderes adictos
El vino cautivó a escritores como Arthur Conan Doyle, los mencionados Julio Verne y Charles Gounod Émile Zola, Paul Verlaine o Mark Twain, así como a figuras políticas y sociales de la época: el zar Alejandro II, la reina Victoria de Inglaterra o el general estadounidense Ulysses S. Grant. También personalidades científicas como Sigmund Freud, Thomas Edison y los hermanos Lumière lo consumían con frecuencia.
El mayor reconocimiento llegó desde el Vaticano. Los Papas italianos León XIII y Pío X no sólo lo consumían regularmente, sino que el primero alabó públicamente sus virtudes, le otorgó a Mariani una medalla de honor y prestó su propia imagen para una campaña publicitaria, asegurando que la bebida lo ayudaba en su vida de retiro ascético.
Del furor a la prohibición
A medida que la demanda aumentaba, Mariani sustituyó la hoja de coca por cocaína sintetizada químicamente. La bebida fue precursora de otros tónicos, como la Coca Cola, que en su origen contenía cocaína en su fórmula, hasta que en 1903 detectaron los efectos nocivos de esa sustancia y la prohibieron en Estados Unidos. En Europa, durante varias décadas, el Vino Mariani fue legal y ampliamente consumido, hasta que en 1914 se prohibió en vísperas de la Primera Guerra Mundial.
Qué efectos producía
La mezcla de alcohol etílico y cocaína que contenía la bebida producía un efecto estimulador del sistema nervioso central similar al de la cocaína sola, pero que se veía potenciado por la generación en el hígado de un tercer compuesto llamado etilencoca, producto de la reacción entre un metabolito de la cocaína y el etanol.

Antes de su desaparición, el vino fue considerado casi milagroso: Julio Verne llegó a afirmar que podía “alargar la vida humana cien veces”. El propio Papa León XIII vivió hasta los 93 años, lo que alimentó aún más la fama del producto.
Un capítulo curioso en la historia de la vitivinicultura
El Vino Mariani no sólo refleja la fascinación de finales del siglo XIX por la ciencia y los tónicos medicinales, sino también los riesgos de sustancias cuyos efectos adictivos se descubrieron demasiado tarde. Hoy, este vino forma parte de las historias más singulares de la vitivinicultura mundial, recordándonos cómo la innovación, la ciencia, la cultura y hasta las drogas ilegales se han entrelazado a lo largo del tiempo.
Fuentes: https://www.sciencedirect.com/ y Excelencias Gourmet














