Un trabajo de revisión realizado por seis investigadores del INTA, el Instituto Catena del Vino y el Conicet -todos oriundos de Mendoza, Argentina-, junto a un científico francés del INRA, sintetiza evidencia histórica, genómica, epigenética y virómica para mostrar cómo las diversas poblaciones masales funcionan como reservorios genéticos dinámicos y pueden proporcionar la capacidad de amortiguación necesaria para que los viñedos se adapten a los desafíos futuros. Fue originalmente publicado el 15/7/2026 por la revista científica internacional OENO ONE. Los destacados, título principal y subtítulos son nuestros.
Durante siglos, la mejora de la vid se basó principalmente en la selección masal, una práctica mediante la cual los viticultores identificaban y propagaban vegetativamente individuos con características fenotípicas específicas dentro de las poblaciones de viñedo de una variedad determinada.
A través de ciclos repetidos de observación y multiplicación, este proceso empírico generó poblaciones de acuerdo con los objetivos de producción que sentaron las bases de la selección dirigida inicial para la producción de vino.
En el siglo XX, la selección clonal y sanitaria surgió como un avance decisivo, proporcionando uniformidad, un buen estado sanitario, en particular con respecto a las enfermedades virales, y una mayor consistencia en el material de propagación. Sin embargo, la adopción generalizada de un conjunto reducido de clones certificados ha provocado una importante erosión genética, reduciendo la capacidad de los viñedos para amortiguar las fluctuaciones ambientales, adaptarse al cambio climático y resistir las enfermedades y plagas existentes o emergentes.
A pesar de esta evidencia, persiste la percepción de que la selección masal puede ofrecer ventajas complementarias sobre el material clonal. Esta revisión sintetiza la trayectoria histórica de la domesticación de la vid y el surgimiento de las variedades modernas, los mecanismos subyacentes a la variación intravarietal, incluyendo mutaciones somáticas, modificaciones epigenéticas y composición del viroma, y las consecuencias de la estandarización clonal en la diversidad genética.
A partir de evidencia paleogenómica, fenotípica y molecular, esta investigación sugiere que las poblaciones masivas pueden servir como reservorios genéticos dinámicos, preservando alelos raros, variantes estructurales y combinaciones de rasgos adaptativos que podrían perderse en sistemas clonales.
Estudios recientes revelan que incluso dentro de colecciones clonales certificadas, persiste una variación explotable sustancial, con una heredabilidad de moderada a alta y fuertes interacciones genotipo-ambiente que permiten la resiliencia en las condiciones actuales y proyectadas.
Qué es la selección masal
La selección masal de vides consiste en identificar las mejores cepas de un viñedo según su vigor, sanidad y calidad del fruto para multiplicarlas. Esto permite preservar la diversidad genética del viñedo. El proceso se realiza en varias etapas a lo largo del año:
Evaluación en campo: Entre junio y setiembre (hemisferio sur), se recorre el viñedo evaluando el vigor, la morfología de la planta y el tamaño del racimo para marcar las cepas sobresalientes.
Selección sanitaria: En la cosecha, se verifica que la planta esté libre de virus y enfermedades. Se marcan las plantas seleccionadas (con cintas o pintura).
Corte y conservación: Durante el reposo vegetativo (invierno), se recolectan los sarmientos de las cepas marcadas y se envían a un vivero para injertarlos y enraizarlos.
La revalorización estratégica de la selección masiva, apoyada por el genotipado de alto rendimiento, la metagenómica y las herramientas de precisión, emerge como una poderosa estrategia para mejorar la competitividad vitivinícola. Al mantener poblaciones diversas que distribuyen el riesgo entre genotipos, epigenotipos y viromas, los enfoques masales pueden contribuir a rendimientos más estables, una mayor tolerancia al estrés y una expresión sostenida del terruño sin alterar la identidad varietal.
Esta revisión sostiene que la coexistencia estratégica de la selección clonal y masal representa la máxima expresión de la viticultura de precisión, permitiendo que poblaciones diversas se adapten a terruños específicos para una mayor adaptabilidad a largo plazo en un clima cambiante.
Selección clonal vs selección masal
La viticultura moderna se enfrenta a una paradoja crucial. La adopción generalizada de la selección clonal a mediados del siglo XX estandarizó con éxito la producción y eliminó los principales patógenos virales, pero, sin querer, creó un panorama vitivinícola genéticamente simplificado.
A medida que el cambio climático impone presiones crecientes (olas de calor, sequías, enfermedades y plagas emergentes), la limitada adaptabilidad de los viñedos monoclonales se ha convertido en una vulnerabilidad. En este contexto, la selección masal se está reevaluando no como una práctica obsoleta, sino como una estrategia complementaria para la resiliencia.
Hacia un cambio de paradigma en la selección de la vid
Durante la mayor parte de su historia como cultivo, la vid se gestionó como una población. Los viticultores seleccionaban entre decenas o cientos de individuos de una variedad determinada, propagaban yemas de las vides cercanas a los objetivos de producción locales y permitían que el mosaico genético resultante amortiguara las inclemencias de la temporada.
Esta lógica nunca se formalizó como estrategia de multiplicación, pero funcionó, y la evidencia molecular acumulada en las últimas dos décadas deja pocas dudas sobre el porqué. Las variedades heredadas por la viticultura moderna no son entidades genéticas estáticas. Son poblaciones complejas y estratificadas, moldeadas por siglos de mutación somática, deriva epigenética y coevolución virus-huésped, y es precisamente esa complejidad la que las ha mantenido a lo largo de fluctuaciones climáticas mucho más prolongadas que cualquier modelo previsto para el próximo siglo.
El sistema clonal interrumpió esta lógica, por razones que en su momento estaban plenamente justificadas. Las crisis sanitarias de mediados del siglo XX exigían una respuesta que la selección masiva, por su naturaleza y las herramientas disponibles entonces, no podía proporcionar. Sin embargo, la sustitución de poblaciones heterogéneas por un puñado de clones certificados no fue una intervención sanitaria neutral. En términos genómicos, fue un cuello de botella severo y en gran medida irreversible. La diversidad perdida no fue aleatoria: fueron las colas de la distribución de la variación intravarietal las que se eliminaron sistemáticamente, y es en esas colas (las irregulares, las de bajo rendimiento, las agronómicamente inconvenientes) donde tienden a concentrarse las combinaciones alélicas que confieren resistencia a estrés extremo o mal previsto.
El reservorio de viñedos masales
Recuperar esa diversidad no requiere empezar de cero. Si bien son más frecuentes en ciertas regiones, los antiguos viñedos masales aún existen en todo el mundo.
En Sudamérica, Sudáfrica, Portugal, Georgia, las laderas aterrazadas de España y el sur de Italia, e incluso en prestigiosas fincas francesas de Burdeos (como Château Cheval Blanc en Saint-Émilion y Château Haut-Brion en Pessac-Léognan), estos viñedos representan algunos de los mayores reservorios existentes de variación intravarietal prefiloxérica que aún se cultivan.
No se trata de reliquias a la espera de ser conservadas; son recursos genéticos funcionales, validados hoy mediante evidencia paleogenómica, fenotípica y molecular, que conservan precisamente la complejidad que se ha perdido en otros lugares. La cuestión ya no es si esta diversidad existe, sino cómo gestionarla de forma deliberada y a gran escala.
Aquí queremos insistir en un aspecto que la literatura disponible no siempre ha explicitado. El valor de las poblaciones masivas no reside en su capacidad para generar individuos superiores que luego puedan extraerse y propagarse clonalmente. Ese enfoque simplemente reproduce el cuello de botella de otra manera. Lo que ofrecen las poblaciones masivas es algo cualitativamente distinto: una población de genotipos que, en conjunto, distribuye el riesgo entre los diferentes trasfondos genéticos de forma que ningún clon individual, por muy bien caracterizado que esté, puede replicar. Gestionar esa población, cuidándola de forma rigurosa sin desmantelarla, es la esencia de nuestra propuesta.
Actualmente existen las herramientas necesarias para ello, y su convergencia es, sin duda, el avance práctico más importante que se analiza en esta revisión. Las plataformas de genotipado de alto rendimiento permiten caracterizar la composición genética de una población masiva a un costo compatible con la viticultura comercial.
El análisis del viroma metagenómico permite determinar el estado sanitario de cientos de individuos simultáneamente, distinguiendo los patógenos agresivos de la comunidad viral latente o levemente patógena, que puede ser fundamental para las interacciones entre la vid y el medio ambiente establecidas desde hace mucho tiempo.
La combinación de estas dos capas de información permite plantearse, por primera vez, si la eliminación de un individuo infectado es sanitariamente necesaria y genómicamente segura; es decir, si su eliminación afecta significativamente la riqueza alélica o la integridad estructural de la población a la que pertenece.
Preservar el genotipo, una opción viable
Cuando una vid rara o genotípicamente única porta una infección dañina, la solución no tiene por qué ser la eliminación; la termoterapia o la recuperación de ápices de brotes preserva el genotipo a la vez que resuelve el riesgo sanitario. Este tipo de gestión sanitaria adaptada a la población es técnicamente factible hoy en día, aunque sigue sin estar reconocida institucionalmente. Reconocemos también que, en muchos contextos prácticos, la vigilancia continua sobre el terreno, combinada con la eliminación selectiva de los virus más dañinos, puede ser la única opción viable, y una que permite captar dimensiones de la diversidad que ninguna plataforma de secuenciación actual puede resolver por completo.
Los interesados en leer el estudio completo, pueden acceder AQUÍ
Más allá de las barreras institucionales, los intereses comerciales también obstaculizan el cambio de paradigma que proponemos. Si bien ya existen las herramientas técnicas necesarias para certificar las selecciones masivas como poblaciones caracterizadas, aún falta el marco regulatorio necesario. Además, el modelo económico actual, en el que las entidades que seleccionan los clones (instituciones de investigación o empresas privadas) suelen recibir regalías por el material clonal, puede reforzar la preferencia por la selección clonal frente a los enfoques policlonales.
Ya existen las bases técnicas para certificar una selección masal no como un genotipo individual, sino como una población caracterizada, con una composición genómica definida, un perfil sanitario cuantificado y un rango documentado de variación adaptativa. Lo que falta es el marco regulatorio para su implementación. El modelo policlonal portugués ofrece un precedente que merece ser ampliado; la aparición de la genómica de poblaciones como herramienta vitivinícola de uso generalizado sugiere que ha llegado el momento de una formulación más ambiciosa.
Nada de esto es sencillo, y sería ingenuo presentarlo como tal. En muchas regiones, se están eliminando viñedos antiguos de cultivo masivo a un ritmo que supera los esfuerzos de conservación. Los incentivos económicos que guían las decisiones vitivinícolas aún favorecen la previsibilidad del clon certificado frente a la incertidumbre controlada de una población diversa. Además, la comunidad científica aún no ha generado, en la mayoría de las variedades, los datos de campo longitudinales necesarios para cuantificar con precisión la capacidad de amortiguación fenotípica que proporciona una población de cultivo masivo de una complejidad genética determinada bajo escenarios climáticos específicos. Estas son deficiencias reales, no retóricas, y definen la agenda de investigación que debería derivarse de esta revisión.
La vid es un cultivo perenne de propagación clonal con una historia milenaria, y su capacidad para perdurar a lo largo de la historia se basa en la diversidad poblacional, no en la uniformidad individual.
Restablecer la población como unidad fundamental de selección vitivinícola, utilizando las herramientas genómicas, epigenómicas y metagenómicas disponibles actualmente, no representa una regresión a prácticas precientíficas. Representa, más bien, la aplicación más científicamente fundamentada de lo que la viticultura siempre ha comprendido, en su máxima expresión: que la vid no es una máquina que deba estandarizarse, sino un sistema vivo al que hay que acompañar.
Fuente: https://oeno-one.eu/article/view/10035. Por Sebastián Gómez Talquenca, Cornelis van Leeuwen, Silvina Van Houten, Roy Urvieta, Nicolás Torti, Carlos Marfil y Fernando Buscema















