El viticultor, bodeguero, enólogo y profesor de Enología Daniel Buono solicita al presidente argentino Javier Milei y al gobernador mendocino Alfredo Cornejo respuestas frente al reclamo de los productores vitivinícolas y hortícolas de Mendoza, en el que se entregaron gratis frutas y verduras por considerar que «no valen nada». Y «garantizar condiciones de rentabilidad para quienes producen la materia prima». «Los productores -expresa en la carta abierta que aquí replicamos- «no piden nada extraordinario, no piden subsidios millonarios sino algo elemental: precios por encima del costo de producción; piden no trabajar a pérdida».
«Carta abierta al Señor Presidente de la Nación y al Señor Gobernador de la Provincia de Mendoza
«En la tierra del sol y del buen vino, donde la historia se escribió a fuerza de acequias, viñas y manos curtidas, hoy se ven y escuchan más caravanazos que respuestas. Más reclamos que soluciones. Más silencios oficiales que gestión eficaz.
«El pasado 10 de febrero de 2026, productores hortícolas y vitivinícolas se congregaron frente a la Legislatura de Mendoza. No llevaron piedras. No llevaron violencia. Llevaron frutas y verduras. Las regalaban. Las entregaban porque -según sus propias palabras- “no valen nada”. Ese gesto fue una metáfora brutal: producir ya no alcanza para vivir.
«Muchísimos más productores, que no pudieron asistir, atraviesan la misma situación. Reclaman lo mismo. Precios que cubran los costos. Rentabilidad mínima para sostener la actividad. Dignidad para seguir trabajando la tierra. No fueron recibidos. No sé si los escucharon.
«El Señor Gobernador se encontraba en la Vinexposium V d’Or Awards, celebrando junto a un reducido grupo de grandes bodegueros para quienes, aparentemente, la crisis no golpea con la misma intensidad. La postal fue elocuente: mientras unos regalaban su producción porque no tiene precio, otros brindaban en salones internacionales.
«Los productores de uva reclaman algo elemental: precios por encima del costo de producción. Nada extraordinario. No piden subsidios millonarios. Piden no trabajar a pérdida. En cualquier economía moderna -incluso en aquellas que se declaran fervientemente liberales- los Estados sostienen sus producciones agrícolas estratégicas. Lo hacen por razones económicas, sociales y demográficas. Mantener población en el campo, cuidar el paisaje, sostener el arraigo, fortalecer el turismo rural y las economías regionales no es ideología: es política pública racional.
«Sin embargo, aquí sucede lo contrario.
«Las grandes corporaciones vitivinícolas, que concentran el mercado y lo dominan de hecho, preservan su rentabilidad ajustando hacia abajo el precio de la materia prima. Un ejemplo concreto: mientras la industria del mosto concentrado registra márgenes de rentabilidad del orden del 40%, los productores que generan la uva para ese mosto trabajan a pérdida.
«Se nos dirá que vivimos en una economía de libre mercado y que el Estado no debe intervenir en la rentabilidad privada. Pero, Señor Presidente, Usted no gobierna un país con libre mercado. Gobierna una economía fuertemente intervenida, regulada, distorsionada y -en el caso vitivinícola- virtualmente cartelizada por un puñado de empresas dominantes que han gozado históricamente de la cercanía y los favores del poder político de turno.
«Los trabajadores de la tierra, los pequeños y medianos vitivinicultores, en cambio, parecen nuevos siervos de la gleba: producen, entregan su fruto, pero no fijan precio, no inciden en las reglas y no son escuchados.
«Si el Gobierno no quiere asumir responsabilidad sobre la rentabilidad del productor,
entonces debe liberar de verdad la actividad:
- Liberar exportaciones
- Liberar el tipo de cambio
- Reducir la presión impositiva que duplica, triplica y a veces cuadruplica la de
nuestros competidores internacionales. - Facilitar el transporte internacional en un país que está en el extremo del mundo y paga fletes que nos dejan fuera del mercado.
«Pero hay algo aún más profundo. Se habla de la crisis del vino, como si de la uva solo pudiera nacer vino. o es así. La uva es una fuente extraordinaria de diversificación productiva. Sin embargo, en la Argentina actual, la mayoría de esas actividades están prohibidas o sometidas a permisos restrictivos. De quince actividades posibles derivadas de la uva, apenas unas pocas se permiten con libertad plena (elaborar vino y mosto). El resto requiere autorizaciones especiales o directamente está vedado en el ámbito de las bodegas: destilados, vermouth, vinagres, harina de uva, aceite de pepita, tartratos, enocianina, cosméticos, bebidas compuestas, cócteles, compostaje industrial, entre otros.
«¿Cómo puede hablarse de liberalismo si la diversificación productiva está cercada por regulaciones?
«Señor Presidente. Señor Gobernador. Si el Estado va a controlar la industria con mano firme y sin libertad, entonces debe asumir la responsabilidad de garantizar condiciones de rentabilidad para quienes
producen la materia prima.
«Y si, por el contrario, los productores debemos arreglarnos solos en el mercado, entonces otorguen libertad plena. Sin asfixia fiscal. Sin trabas arbitrarias. Sin privilegios para unos pocos. Porque hoy la sensación que recorre las fincas es amarga y antigua.
«Como escribió Don Atahualpa Yupanqui: ‘Las penas y las vaquitas se van por la misma senda, las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas’.
«Que no sea esa, Señor Presidente, Señor Gobernador, la imagen definitiva del campo argentino. Aún estamos a tiempo de escuchar antes de que el silencio sea irreversible.
«Atentamente, Lic. Daniel Buono, DNI 16.868.221, viticultor, bodeguero, enólogo, profesor de Enología.
Email: danielbuono3@gmail.com. Teléfono móvilr: 2615530021«.














