La expansión espacial de los viñedos hacia elevaciones más altas y latitudes más frías está avanzando en varias regiones, pero está limitada por la disponibilidad de agua, el riesgo de heladas y las evaluaciones territoriales insuficientes. La innovación tecnológica, en particular la vigilancia del clima y los instrumentos de apoyo a la toma de decisiones, está progresando rápidamente, aunque persisten las brechas de accesibilidad para los pequeños y medianos productores. En una reciente investigación de especialistas chilenos y ecuatorianos, la que aquí resumimos, se describen las diferentes técnicas de adaptación para contrarrestar el cambio climático, así como las nuevas estrategias propuestas, y se enfatiza en la necesidad de un enfoque sistémico que no esté basado sólo en los factores agronómicos.
Por Sandra Ríos-Núñez, Andrea Durofil y Matteo Radice
El cambio climático está remodelando la vitivinicultura global, y América Latina, caracterizada por climas muy diversos y capacidades científicas y tecnológicas desiguales, se enfrenta a presiones de adaptación diferenciadas.
En esta investigación se realiza una revisión sistemática de los estudios publicados por especialistas en el tema entre 2020 y 2025 en Argentina, Chile, México, Uruguay y Brasil.
Utilizando la metodología «Prisma», se identificaron 43 artículos y se clasificaron en cuatro vías de adaptación:
- 1. Expansión de viñedos en nuevas áreas
- 2. Gestión agronómica adaptativa
- 3. Protección contra eventos climáticos extremos
- 4. Innovación tecnológica y sistemas de monitoreo climático
Los resultados muestran que, aunque las cuatro vías están representadas, la evidencia científica está fuertemente dominada por estrategias agronómicas como la optimización del riego, el manejo de la cubierta y la fenología, la conservación del suelo, la mejora de la biodiversidad y el uso de portainjertos tolerantes a la sequía o bioinsumos microbianos.
Por el contrario, las dimensiones no agronómicas clave, incluida la viabilidad económica, la planificación territorial, los arreglos de gobernanza y los enfoques basados en los ecosistemas, siguen estando poco exploradas, lo que limita el desarrollo de marcos de adaptación integrados y escalables.
En general, esta revisión destaca una brecha crítica de investigación y subraya la necesidad de estrategias de adaptación interdisciplinarias y territorialmente fundamentadas que integren las dimensiones agronómicas, socioeconómicas e institucionales.
Un desafío para el agro global
El cambio climático se ha convertido en un desafío definitorio del siglo XXI, que afecta a los ecosistemas, los sistemas socioeconómicos y la producción agrícola en todo el mundo. El aumento de las temperaturas, las precipitaciones alteradas, los extremos más frecuentes y los ciclos hidrológicos cambiantes amenazan la seguridad alimentaria y la viabilidad de los sistemas agrícolas.
La viticultura es particularmente sensible porque la calidad y la tipicidad de la uva dependen de condiciones agroclimáticas específicas. En las últimas décadas, se han observado avances notables en aspectos fenológicos, particularmente en relación con los niveles más altos de azúcar y la menor acidez, produciendo notables desequilibrios en los perfiles del vino. Las proyecciones advierten que hasta el 90 % de los viñedos costeros de baja elevación, como los de algunas partes del sur de Europa y California, pueden llegar a ser inadecuados debido a la intensificación de la sequía y las olas de calor.
La creciente industria del vino en el sur de Inglaterra es una ilustración de la expansión impulsada por el clima, donde las condiciones más cálidas ahora permiten la maduración confiable de las variedades de clima frío y han acelerado la adopción de estrategias de control y gestión del agua, apoyado por proyecciones de creciente idoneidad para 2040.
Las evaluaciones globales destacan la elección de variedades, la optimización del sitio y las tecnologías de precisión como estrategias clave en climas fríos, mientras que los clones resilientes se enfatizan cada vez más. Regiones como la Patagonia y las tierras altas andinas están comenzando de manera similar a formar vías de adaptación.
Teniendo en cuenta que el cambio climático puede generar resultados favorables y adversos para la viticultura, es importante reconocer los diversos contextos climáticos en América Latina, desde las áreas semiáridas de alta elevación de Argentina y Chile hasta las zonas subtropicales húmedas de Brasil, las regiones atlánticas templadas de Uruguay y los ambientes cálidos y secos de México, que producen necesidades de adaptación diferenciadas.
Estos esfuerzos también se enfrentan a capacidades científicas y tecnológicas desiguales, lo que refuerza la importancia de estrategias coherentes y sensibles al contexto. En este marco, la adaptación territorial proporciona una lente operativa, integrando respuestas biofísicas, agroecológicas, socioeconómicas e institucionales que sostienen la viabilidad vitícola. Esta perspectiva se basa en el concepto de terroir como un sistema natural-humano, se alinea con nociones más amplias de adaptación en contextos vulnerables, y refleja la evidencia de que las regiones vitivinícolas requieren estrategias adaptadas a las condiciones locales.
Por lo tanto, el desarrollo de una viticultura resiliente en América Latina requiere innovación agronómica, cambios varietales y estrategias territoriales basadas en la sostenibilidad ecológica. Las iniciativas actuales incluyen la expansión a zonas más frías, la gestión adaptativa, la protección contra los extremos y la mejora de la vigilancia climática. Sin embargo, muchos permanecen aislados y carecen de la integración sistémica necesaria para vincular la experiencia científica, los conocimientos locales y la gobernanza territorial, lo que limita el aprendizaje colectivo y la cooperación regional. Además, las soluciones basadas en la naturaleza, como la viticultura regenerativa, siguen siendo poco exploradas a pesar de su potencial para fortalecer la resiliencia de los agroecosistemas.
Este artículo aborda estas brechas al presentar una revisión sistemática de la literatura científica publicada entre 2020 y 2025 sobre estrategias de adaptación en la viticultura en los cinco principales países productores de vino de América Latina (Chile, Argentina, México, Uruguay y Brasil). Mediante la aplicación de la metodología «Prisma», el estudio identifica, analiza y sintetiza enfoques de adaptación tanto desde perspectivas agronómicas como territoriales, proporcionando una evaluación crítica de las brechas temáticas y la preparación tecnológica.
Investigación creciente pero desigual
Esta revisión sistemática muestra que la investigación sobre la adaptación al cambio climático en la viticultura latinoamericana se está expandiendo, pero sigue siendo desigual en todas las estrategias, regiones y enfoques metodológicos. En la actualidad, cuatro tipos de dinámicas estructuran el panorama de adaptación.
En primer lugar, la expansión vitícola hacia las latitudes más frías del sur y las elevaciones más altas está aumentando, respondiendo al estrés térmico y cambiando la idoneidad agroclimática. El surgimiento de las fronteras frío-clima, particularmente en el sur de Chile y la Patagonia argentina, ilustra nuevas oportunidades de producción, aunque están limitadas por la exposición a las heladas, las temporadas de crecimiento más cortas y las limitaciones logísticas. Estas dinámicas ponen de relieve la necesidad de evaluaciones territoriales sólidas, especialmente en lo que respecta a la hidrología, el riesgo de heladas y la viabilidad socioeconómica.
El renovado interés por las variedades de uva ancestral y Criolla refleja la búsqueda de materiales con mayor tolerancia a la sequía, el calor y la presión de las enfermedades.
Sin embargo, la evidencia sobre su desempeño enológico, aceptación del mercado y potencial de adaptación a largo plazo sigue siendo insuficiente para la integración estratégica.
En tercer lugar, las prácticas regenerativas y basadas en la biodiversidad están ganando atención como vías para fortalecer la resiliencia de los agroecosistemas. Sin embargo, los estudios siguen siendo predominantemente agronómicos, con una evaluación interdisciplinaria limitada de los resultados ecológicos, las implicaciones económicas y las condiciones políticas propicias.
En cuarto lugar, las innovaciones digitales y tecnológicas, como el monitoreo climático en tiempo real, el modelado predictivo y la viticultura de precisión, están avanzando rápidamente, aunque las desigualdades en el acceso, la infraestructura y la capacidad técnica continúan restringiendo la adopción entre los pequeños y medianos productores.
En todos los países, los patrones emergentes muestran prioridades diferenciadas: cambios de elevación y manejo centrado en la sequía en Argentina y Chile; doble poda y adaptación tropical en Brasil; materiales resistentes a las enfermedades y respuestas a la variabilidad de la lluvia en Uruguay; y medidas de viticultura y eficiencia del agua de alta elevación en México, junto con el crecimiento de iniciativas de clima frío en la Patagonia.
Los interesados en ver la investigación completa pueden ingresar AQUÍ
En general, esta revisión identifica una limitación central en la base de evidencia regional: el predominio de enfoques agronómicos sobre marcos integrados que incorporan la evaluación económica, la planificación territorial, la capacidad de gobernanza y las evaluaciones explícitas de TRL. El avance de la resiliencia climática en la viticultura latinoamericana requerirá estrategias coherentes y territorialmente fundamentadas que alineen el conocimiento científico, las prácticas locales y la gobernanza inclusiva.
Fuente: Revista científica IVES OENO ONE
















