En esta concisa reseña -especial para Enolife-, el juez, docente, historiador y escritor Carlos «Charlie» Parma, miembro de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, nos trae a la memoria los nombres y hechos fundamentales de una industria de casi cinco siglos que arrancó en el reino de los Incas de la mano de los conquistadores españoles. Con el tiempo y la iniciativa de pioneros visionarios, inmigrantes y criollos, hoy el vino es fuente de trabajo, progreso y alegría para los argentinos, bebida nacional y embajador en el mundo.

Para estudiar la historia de América del Sur nada mejor que leer al “inca” Garcilaso de la Vega (Cusco, Perú 1539-Córdoba, España 1616). En “Comentarios Reales de los Incas”, el autor mestizo hijo de un capital español y una princesa Inca, relata que en el siglo XVI se introdujeron las primeras uvas en el Cusco por Bartolomé de las Terrazas, y desde allí a Chile por Diego de Almagro.
Las primeras plantaciones de vid en Argentina comenzaron a mediados del siglo XVI (1551-1556) en Santiago del Estero, introducidas por sacerdotes españoles que necesitaban vino para la celebración de la misa.
La vid en Mendoza, segun serias fuentes, fue introducida por Juan López Velasco en 1571; él dice en sus escritos: “Hay en Mendoza 150 vecinos (todos encomenderos) y 4.000 indios. En esta tierra no llueve en todo el año, amén de 2 o 3 aguaceros. Hay valles importantes donde se dá el Higo, Maíz, Cebada y Vid. Todo es de regadío”. Seriamente se deduce que la vid fue introducida en el año 1566, provista desde Santiago de Chile.
La primera constancia documentada en las actas del Cabildo de Mendoza de una venta de vino en Buenos Aires data del 24 de enero de 1605. El Sr. Nogal vendió 300 arrobas de vino a 10 pesos la arroba (cada arroba equivale aprox. a 16 litros de vino).
En 1832 se producían en Mendoza 6.000 bordalesas de 200 litros. La extensión en las plantaciones era de 400 hectáreas. Y según Damián Hudson, la producción en Mendoza en 1852 era de 100.000 arrobas de vino (1.600.000 litros).
En 1853, el agrónomo francés Pouget trajo los primeros sarmientos desde su país como parte de un proyecto impulsado por Domingo Faustino Sarmiento. Esta iniciativa forzó la creación de la Quinta Normal y una Escuela de Agricultura en Mendoza para modernizar la industria vitivinícola local.
La gran revolución va a llegar en épocas del gobernador Rufino Ortega (1883-1887). Hay tres factores escenciales: la llegada de inmigrantes europeos (principalmente italianos, españoles y franceses), la aparición del ferrocarril y la ley de aguas.
Con Mendoza y San Juan conectadas con Buenos Aires en horas, una capacitada y numerosa mano de obra, y ya regulada la distribución del agua, en lo prístino nos regalaron esta maravilla que hoy es el vino mendocino conocido mundialmente.














