La sommelier, traductora y docente ganadora del concurso 2022 de la Asociación Argentina de Sommeliers y Vinventions explica en esta nota la importancia de manejar con fluidez las palabras técnicas que se usan para el comercio del vino, sin cuyo conocimiento los ejecutivos de ventas y los propios sommeliers no pueden convencer a un posible comprador internacional.
Conozco el caso de una colega del área comercial que tuvo que conducir una degustación en inglés. Podía presentar la bodega y conversar con cierta naturalidad, pero cuando llegó el momento de vender los vinos, se quedó sin recursos.
No encontraba las palabras específicas para describir el viñedo, explicar las decisiones enológicas o profundizar en los perfiles sensoriales. Terminó repitiendo frases como fruity aromas, good acidity y long finish que, después de la segunda etiqueta, ya no aportaban ninguna información relevante.
Al finalizar el evento, entendió que el problema central no había sido su nivel de inglés, sino la escasez de vocabulario especializado para transmitir todo lo que realmente sabía y sustentar sus dichos de manera convincente.
Esta nota busca echar luz sobre una distinción fundamental que merece la atención prioritaria de nuestra comunidad profesional: la diferencia entre la fluidez conversacional y el dominio de la jerga especializada de cara a los grandes cambios y exigencias del mercado actual del vino.
Fluidez no es lo mismo que competencia técnica
Muchos profesionales del sector tienen un nivel de inglés conversacional más que aceptable. Pueden pedir comida en un restaurant, mantener una charla informal, incluso desenvolverse en un viaje sin mayores sobresaltos. Pero el inglés que se necesita en nuestro rubro es de otra naturaleza: es el inglés de la ficha de cata, el de la negociación comercial con un importador, el de la contraetiqueta que hay que redactar o revisar, el de la presentación técnica frente a una mesa de compradores internacionales, el de los comensales extranjeros en un restaurant de bodega.
Ese inglés tiene término preciso para cada matiz: no es lo mismo tannic que astringent, no es lo mismo barnyard que farmyard aunque a simple vista parezcan sinónimos, y saber cuándo usar vintage y cuándo harvest puede definir si el interlocutor te percibe como alguien que domina el oficio o como alguien que está improvisando sobre la marcha.
La fluidez conversacional te permite sostener una charla; el vocabulario técnico te permite sostener tu credibilidad profesional».
IVANA D’AGOSTINO, sommelier y traductora de inglés
La vitivinicultura argentina exporta a decenas de países, recibe turismo enológico de origen diverso y participa de un circuito internacional de ferias, concursos y publicaciones donde el inglés funciona como lengua franca, o sea como medio de comunicación común entre interlocutores que tienen diferentes lenguas maternas. En ese contexto, el profesional que solo puede desenvolverse en español —por más talentoso o capacitado que sea— parte con una desventaja significativa frente a quien puede moverse con comodidad en ambos idiomas, y aún más frente a quien domina la jerga del conocimiento técnico en inglés.
Estar listos para cuando la oportunidad aparezca
Una de las creencias más extendidas es pensar que la capacitación en idiomas es algo que se puede posponer hasta que «aparezca la necesidad». El problema es que la oportunidad rara vez avisa con anticipación. Aparece de golpe: una consulta inesperada de un importador, una cata a ciegas para promocionar una región vitivinícola frente a un jurado internacional, una reunión con compradores extranjeros en la que hay que presentar el portfolio, una invitación a representar a tu bodega en una feria internacional, una vacante en enoturismo que exige inglés técnico fluido desde el primer día.
Quienes ya tienen ese vocabulario incorporado no necesitan prepararse de urgencia: simplemente responden. Y esa capacidad de respuesta inmediata es, muchas veces, lo que termina definiendo quién se queda con la oportunidad y quién tiene que dejarla pasar.
La capacitación continua en idiomas no es un lujo ni un accesorio para el currículum: es una inversión directa en la empleabilidad y en la proyección profesional. Y esto aplica tanto a quien recién empieza como a quien ya lleva años en el rubro. La experiencia laboral acumulada, de hecho, es un terreno fértil para capitalizar con formación específica: no es lo mismo aprender vocabulario técnico en abstracto que aprenderlo cuando ya se tiene el contexto profesional para darle sentido inmediato.
Una invitación a seguir formándose
Como sommelier, traductora pública y profesora de inglés, esta intersección de campos es, literalmente, mi lugar de trabajo todos los días. Y desde ahí puedo asegurar que la brecha entre «saber inglés» y «saber el inglés del vino» es real, y que cerrarla no requiere años de estudio: requiere formación específica, dirigida y, sobre todo, sostenida en el tiempo.
En un mercado cada vez más internacionalizado, dominar el inglés técnico ya no debería entenderse como un valor agregado, sino como una competencia profesional. Fortalecer esa capacidad no solo amplía las oportunidades laborales, sino que también permite comunicar el conocimiento con mayor precisión y representar más acertadamente el vino que elaboramos, comercializamos o recomendamos.
Fuente: Asociación Argentina de Sommeliers (AAS)














