Se viene el invierno y esta ancestral preparación que toma un nombre distinto en cada país viene bien no sólo para calentar el cuerpo en los días helados sino para combatir algunos de los síntomas del resfrío. Ojo, para aliviar, no para curar. Combinado con especias, con limón e incluso con flores comestibles, el vino caliente tiene efectos benéficos reconocidos desde la antigüedad. En esta nota, la historia y algunas recetas que nosotros ya probamos con buen resultado.
Por Pedro Straniero
Editor de Enolife
El vino caliente especiado es un remedio tradicional para aliviar los síntomas del resfrío como congestión y dolor de garganta, gracias a su efecto reconfortante. La receta básica dice que se prepara calentando vino tinto con azúcar, naranja, canela y clavo de olor, sin dejarlo hervir (para no evaporar el alcohol totalmente), pero hay tantas formas de prepararlo como abuelas sabias, cada una con su secreto. También es conocido como vin brulé o vino navegado, pero en cada país donde es tradición le dan un nombre distinto.
El vino caliente, según algunos historiadores, nació en la Grecia Antigua. Unos cinco siglos antes de Cristo, Hipócrates, conocido como «el padre de la medicina», diseño su propia receta agregándole canela, clavo de olor y jengibre al vino caliente. Este brebaje se conoció después como vino hipocrás. Luego, alrededor del siglo II antes de Cristo, en el naciente Imperio Romano, lo llamaron Conditum Paradoxum, y gracias a la acción antiinflamatoria y medicinal de las especias que contenía, el consumo se hizo muy popular.
De Grecia a todo el mundo
Luego de su nacimiento y creciente popularidad en Grecia y Roma, la costumbre de tomar vino caliente para calentar el cuerpo y combatir los resfríos se extendió a toda Europa. Sobre todo, se hizo popular en el norte del Viejo Continente, donde las temperaturas invernales son muy duras. Con el tiempo y los viajes de los marinos españoles, portugueses e italiano, también llegó a India, el Lejano Oriente y América.
En el siglo XIII, la ciudad de Montpellier, en Francia, ya era famosa por sus vinos «picantes». Es que a esta ciudad portuaria llegaban las especias de Oriente y, entre ellas, la ideal para combinar con el vino caliente: el clavo de olor. Suecia también adoptó la tradición del vino caliente, primero fue una bebida exclusiva de la aristocracia pero luego se hizo popular.
Llamalo como quieras
En Suecia, esta bebida, ya popularizada, tomó el nombre de glögg” (vino caliente). En Francia este vino cálido y dulce es conocido como “vin chaud” o “vino brulè”. En Inglaterra se llama “mulled” y en Alemania, “glühwein”. En España se conoce como “vino caliente”, ”especiado” o “vino de Navidad”. En México y en Perú se llama “ponche de vino” o simplemente “ponche” y también se prepara para las fiestas de fin de año. En Chile es conocido como “navegado”, “candola” o “guinda caliente”. En Argentina, lo llamamos simplemente vino caliente y es una forma diferente de disfrutar la bebida nacional.
Maridaje con especias, fundamental
Las recetas de vino caliente tienen un denominador común: las especias. Su cantidad o combinaciones varían pero las clásicas son canela, clavo de olor, anís, nuez moscada y jengibre; además, las recetas suman cáscara o rodajas de naranja o limón, cardamomo e incluso plantas y flores comestibles como la genciana, rosas, hibiscus, además de azúcar o miel.
¿Cómo se prepara?
Algunas recetas recomiendan calentar el jugo de una naranja con las especias y luego agregar el vino y puntualizan que éste sea ligero y sin crianza. Se calienta todo a fuego lento, suavemente, evitando la ebullición y revolviendo de forma permanente. Se mantiene una temperatura aproximada de 70-80 grados.
El vino calienta el cuerpo y el espíritu y esta alternativa es un buen plan para esas nochecitas gélidas. Siempre consumido con moderación, a los beneficios del vino se suman las propiedades antiinflamatorias y antioxidantes de la canela, el fortalecimiento del sistema inmunológico con el jengibre y los cítricos.
Receta básica de vino caliente
- 1 rama de canela
- 5 clavos de olor
- 3 cucharadas de azúcar
- 1 estrella de anís estrellado
- 1 botella del vino tinto que más te guste, si puede ser con madera, mejor.
En una olla, poner a tostar durante unos segundos las especias, apenas para que “despierten” y comiencen a despedir sus aromas. Inmediatamente agregar el azúcar, el vino, y dejar hervir a fuego bajito durante 4 ó 5 minutos. Servir caliente.
Receta top de vino caliente para tener de reserva
- 2 botellas de vino tinto joven
- 3 ramitas de canela o 2 cucharaditas
- 5 ó 6 bayas de anís estrellado
- 4 ó 5 clavos de olor
- 5 cucharadas de azúcar (la cantidad es a tu gusto)
- 1 cucharada de miel
- la piel de una naranja
- la piel de un limón
- Tostamos un poquito en una olla la canela, los clavos y el anís. Añadimos el vino, las cáscaras de naranja y limón, el azúcar y la miel y dejamos al fuego hasta que rompa el hervor. Después de un par de minutos apartamos del fuego y dejamos infusionar al menos una hora.
- El vino no se cuela, se conserva así y cuando lo vamos a consumir se calienta de nuevo. Entonces lo servimos colado y con una cáscara o rodaja de naranja, aunque puedes dejar también los anises estrellados o poner un palo de canela.
Una pequeña cantidad de esta infusión es perfecta para combatir diversas enfermedades. La fusión de los polifenoles del vino, las frutas que acompañan a la mezcla y las especias que le dan sabor equivalen a múltiples beneficios nutricionales para la salud.
Según algunos estudios nutricionales (que siempre conviene tomar con pinzas y estudiar bien el asunto antes de ponerse a tomar vino caliente como locos), estos son los beneficios del vino caliente para la salud:
- Sus propiedades antivirales combaten los virus que provocan la aparición del resfrío común y la gripe, aliviendo los síntomas que producen.
- Aumenta las defensas inmunitarias.
- Mejora la circulación sanguínea.
- Protege el corazón.
- También posee cualidades vasodilatadoras de suma eficacia, tanto que evita la aparición de varices y coágulos de sangre.
- Favorece la absorción intestinal de las grasas.
- Estimula el incremento del HDL o colesterol bueno.
- Es tranquilizante.
- Aumenta la actividad de nuestro cerebro.
- Sintetiza el colágeno, reduciendo así el riesgo de sufrir numerosas alteraciones orgánicas como aneurismas, luxación del cristalino, artrosis, una extrema fragilidad ósea, dificultades para la cicatrización y flacidez.
Fuentes: Mi amada abuela Concettina y algunas más…















