Cada 3 de junio se celebra el Día Internacional del Sommelier, fecha que rinde homenaje a estos expertos que hacen más facil conocer y saborear el vino y sus maridajes gastronómicos. La fecha fue instaurada para conmemorar la creación de la Association de la Sommellerie Internationale (ASI), fundada en Francia el 3 de junio de 1969.
Por Gabriela Fernández
Comunicadora especialista
de Wine Institute
Tradicionalmente, se asocia al sommelier con el servicio en el restaurante, el asesoramiento a los comensales y el manejo de la cava. Sin embargo, esta profesión ha evolucionado de manera exponencial. Hoy, estos expertos actúan como educadores, estrategas comerciales, creadores de contenido y embajadores culturales, acercando el vino al consumidor desde la empatía y el conocimiento profundo del terroir.
En este escenario de expansión, la formación técnica y humana resulta clave. Wine Institute, con más de 15 años de trayectoria en la región de Mendoza y en Argentina, ha sido un pilar fundamental en la profesionalización de la actividad. A través de sus aulas, han pasado generaciones de estudiantes que hoy transforman la industria.
Para celebrar su día y tomar dimensión del amplio abanico laboral de la sommellerie, convocamos a 8 profesionales, algunos ya consagrados con amplia experiencia, otros graduados recientes y otros en pleno proceso de recibirse. Desde bodegas, restaurantes, distribuidoras y aeropuertos, cada uno aporta una visión única de su rol específico:
Eduardo Ríos es CEO de Bodega Lamadrid y desde su visión señala: “Al liderar una bodega especializada en alta gama, la tarea comercial es central. En un mercado actual que tiende a la iconización, la estrategia no puede enfocarse solo en precios; es indispensable contar con herramientas sólidas para comunicar y poner en valor cada producto. En este sentido la carrera de Sommelier Internacional complementó mi perfil dándome conocimientos clave sobre terroir, ampelografía y análisis sensorial. Brindar información sobre estos puntos a los compradores en el momento de presentar un vino los transforma en fieles comunicadores de la etiqueta”.
Por su parte Carla Rodríguez, encargada de Turismo de Bodega Monteviejo, brinda su experiencia: “Desde la hospitalidad, mis conocimientos como sommelier me ayudan a supervisar y diseñar experiencias completas, cuidando cada detalle del recorrido y la degustación para que sea memorable. Intervengo en la selección de vinos según el perfil del turista, asesoro en la venta directa, la creación de maridajes y la capacitación del equipo. El enoturismo actual va mucho más allá de una degustación técnica; buscamos que el visitante se lleve una vivencia emocional”.
Desde la gastronomía, Daniel Porta (Head Sommelier de Centauro Restaurante), aporta lo suyo: “El diseño de la carta de vinos en el restaurante responde tanto a criterios de curaduría como a objetivos de negocio y rotación. Busco armar una propuesta rica y diversa, reduciendo la variedad de cepas convencionales para abrir paso a pequeños productores, regiones diferentes o procesos distintos como los Pet Nat y la maceración carbónica, incentivando al cliente a probar cosas nuevas. Con la cocina mantenemos una relación muy abierta; probamos juntos los platos en desarrollo para pensar los maridajes. En nuestro menú de pasos, cada vino elegido tiene un porqué, buscando que el maridaje sea un relato que potencie la experiencia y fomente la conversación”.
“Luego de trabajar muchos años en la alta gastronomía hoy me desempeño en el área comercial y de distribución”, comenta Nicolás Chirino (Bingo Fuel Wines y Vigil Wine Club). Y añade: “Haber vivido el mundo gastronómico desde adentro me ayuda a comunicar el vino con vinotecas, restaurantes y clientes particulares que buscan armar su cava. Busco sacar al vino de ese lugar solemne para transformarlo en algo cercano y auténtico. Creo que no existen maridajes perfectos; el vino pasa por cómo se comparte y se vive, y al final del día, simplemente te gusta o no te gusta”.
Desde Perú, Álex Rojas López (sommelier y asesor en Hipermercados Tottus) concuerda al destacar que “durante años el vino se comunicó con un lenguaje técnico y elitista, pero su esencia es compartir historias. Desde el consumo masivo y mediante proyectos como la Lengua de Señas Peruana, entendí que democratizar el vino significa hablar desde la cercanía. Al adaptar la comunicación a formatos inclusivos, logramos que más personas formen parte de este mundo. Un Sommelier no se mide por términos sofisticados, sino por su empatía y capacidad de generar experiencias accesibles”.
A su turno, el comunicador de Bodega Viña Las Perdices, Gabriel Jiménez, explica: “Diseño textos para comunicar la identidad de proyectos enológicos de un modo cercano y efectivo. Como sommelier internacional egresado de Wine Institute y graduado en Filosofía, desarrollo herramientas de copywriting, storytelling, estrategia de marca y redacción de campañas digitales. He publicado libros y aplico esa sensibilidad para trasladar la experiencia sensorial del vino a formatos escritos como guiones, boletines o plataformas web. Creo firmemente en la escritura como una forma de tender puentes entre las ideas, las bodegas y las personas”.
Como jefa de Sala en Espacio Trapiche, Constanza Chiarelli apunta: “En un restaurante inmerso en una bodega histórica, el desafío con la excelencia es constante. Utilizo mi mirada de Sommelier como una herramienta de gestión; la formación nos enseña a ir más allá y a mantenernos en constante capacitación. Eso transmito a mi equipo: que el servicio destaque por la hospitalidad, logrando que los clientes se sientan cuidados y considerados. Perfeccionar la técnica es un trabajo diario y de años para consolidar las bases y elevar la vara cada día”.
Gisselle Bettini (sommelier en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, Uruguay), señala: “En el aeropuerto brindamos el primero o el último recuerdo sensorial del país, por lo que el asesoramiento debe ser dinámico, claro y emocional. A través de charlas breves detecto los gustos del viajero para recomendar la etiqueta ideal. Para quienes se despiden de Uruguay la cepa más elegida es el Tannat, pero también se destaca el Albariño por su frescura y gran identidad atlántica en nuestro terroir. Aunque el tiempo de interacción con el pasajero en tránsito sea acotado, el impacto es enorme”.
El futuro de la profesión
Estos apasionados testimonios demuestran que hace tiempo ya la Sommellerie rompió con sus propios límites tradicionales. Ya sea comunicando a través de la palabra escrita, liderando unidades de negocio, abriendo caminos hacia la inclusión social o despidiendo a un turista en la puerta de embarque, estos profesionales del vino se consolidan como eslabones esenciales de la cadena vitivinícola.
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