En 1995 Chile tenía unas 55.000 hectáreas (ha) de viña. En 30 años, gracias al salto exportador y al redescubrimiento de la variedad Carmenere, la superficie implantada casi se triplicó, llegando a su punto máximo en 2023, cuando según la Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV) habían 166.000 ha. Actualmente, de acuerdo a las cifras oficiales de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) del gobierno chileno, hay 117.000 hectáreas. Esta súbita y reciente reducción puede marcar una tendencia futura, ya que expertos del sector proponen seguir reconvirtiendo variedades y erradicando hasta las 85.000 ha, para equilibrar el mercado, adecuándolo a la demanda interna y externa, que ha bajado en los últimos 2 años.
Grandes, medianos y pequeños productores chilenos, en los últimos 3 o 4 años, han reducido viñedos o directamente los erradicaron para plantar cerezas, ciruelos y avellano europeo, entre otros cultivos. El motivo es una reducción global del consumo, que a su vez provoca menores exportaciones de los principales países productores, entre ellos Chile. El panorama del frente exportador se resiente: además de las incontrastables cifras oficiales de distintas organizaciones gubernamentales, aduanas y la Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV), informes gremiales mencionan bajas en volumen de producción y de los ingresos por ventas durante 2025, con destinos relevantes que han mostrado retrocesos.
Actualmente se debate la conveniencia de erradicar más viñedos, como están haciendo en Francia, España y Estados Unidos, aunque la situación de Chile es muy distinta por la menor cantidad de hectáreas, pero esa opción comienza a aparecer en el horizonte.
Expertos del sector, como Yerko Moreno, profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Talca y director del Centro Tecnológico de la Uva y el Vino de la misma casa de estudios, opina: «Debiésemos llegar a 85.000 hectáreas de vides para vinificación para estabilizar el mercado». Y puntualiza: «En Chile hemos disminuido de 145.000 hectáreas en 2023 (según cifras de Odepa), hasta 116 mil hectáreas en la actualidad, pero yo creo que en la realidad tenemos menos superficie plantada».

Según los datos que maneja Moreno, esta opción de arrancar viñedos la están tomando grandes, medianos y pequeños productores chilenos. «Acá se han visto afectadas las empresas integradas, las que producen uva, vino y lo exportan. Además, los productores de uvas y aquellos que tienen otras alternativas han ido saliéndose de la producción de uvas de vinificación y reconvirtiéndose a otras especies frutícolas, como cerezas, ciruelas y avellano europeo».
Y finaliza: «Muchas empresas han tenido que deshacerse, por ejemplo, de sus activos. Han vendido campos de 600, 500 o 400 hectáreas para ajustar su oferta de uvas y vinos porque se dan cuenta que no son capaces de vender todo lo que producen».
Crisis en pequeños productores de Colchagua
Rodrigo Valenzuela, gerente de Red del Vino, entidad que agrupa a 20 pequeños productores del Valle de Colchagua, cuenta que desde 2015 exportan vino embotellado a Bélgica, principalmente. La asociación patentó la marca Campesinos de Colchagua para comercializar en el mercado internacional botellas de Cabernet Sauvignon, Carmenere y Chardonay.
«En los últimos años las exportaciones se han reducido en 70%. Los tres últimos años han sido especialmente malos con precios por uva de $100 el kilo, mientras que los costos de producción por kilo están cerca de los $250. Es decir, se están perdiendo alrededor de dos millones, tres millones de pesos por hectárea», asegura Valenzuela.

Valenzuela explica que la decisión de arranque no sólo ha sido de los pequeños productores: «En Colchagua hay grandes y medianos productores que también han arrancado viñas. La superficie se ha reducido en alrededor del 30%. Ellos, tratando de buscar una diversificación, han sembrado cerezos, ciruelos y paltos. Para los pequeños productores es distinto, ya que tienen menor financiamiento para plantar otras cosas. Entonces normalmente han vuelto a productos tradicionales, como maíz y trigo, o están arrendando sus terrenos».
Baja en la producción y las exportaciones
En 2025, Chile produjo cerca de 838 millones de litros de vino, una cifra inferior a la registrada en años anteriores. Las exportaciones también han descendido. En 2017, el país exportó 940 millones de litros, mientras que en 2025 esa cifra fue de 693 millones. Esta tendencia a la baja se observa tanto en el vino embotellado como en el granel. El descenso en las exportaciones coincide con una menor producción interna y con un consumo local que no compensa la caída en los envíos al exterior.
A pesar de este escenario, los precios de la uva para vinificación han subido en algunas regiones. Actualmente, las uvas tintas tienen un precio mínimo garantizado cercano a los 250 pesos chilenos por kilo, mientras que las variedades tintoreras y blancas como Sauvignon Blanc y Chardonnay superan los 400 pesos por kilo. Estos valores son superiores a los registrados durante la vendimia de 2024 y resultan llamativos si se comparan con los precios internacionales, donde el exceso de oferta ha provocado caídas importantes.
La situación chilena contrasta con lo que ocurre en otros países productores, donde los altos volúmenes y los bajos precios marcan el ritmo del mercado. En Chile, la menor oferta ha impulsado los precios al alza, pero esto no necesariamente beneficia al conjunto del sector. La reducción sostenida de viñedos y la caída en las exportaciones pueden derivar en un déficit de vino si no se toman medidas adecuadas.
Fuentes: Universidad de Talca y Vinetur











