El viticultor, enólogo, investigador, docente y bodeguero mendocino Daniel Buono es un ferviente comunicador de los problemas y desafíos que vive la vitivinicultura local y nacional, generando textos que comparte con los medios interesados en estas temáticas. Buono es uno de los 102.000 ciudadanos argentinos que se inscribieron para dar su posición sobre la modificación de la Ley 26.639 «Presupuestos Mínimos para la Protección de los Glaciares y del Ambiente Periglacial», la que ya cuenta con media sanción del Senado desde el 26/2/2026. Sin embargo, no tuvo la fortuna de ser convocado a pronunciar su discurso en la ronda que comenzó el 25/3/2026. En Enolife valoramos su contribución, fruto de estudios serios y sistemáticos, por lo que la compartimos con nuestros lectores. Tal vez así tenga la suerte de que los políticos lo escuchen.
Señor presidente, señoras y señores diputados: Hoy no vengo a hablar de una cuestión sectorial. No vengo a discutir una bandera partidaria ni a defender un interés coyuntural. Vengo a hablar de algo infinitamente más profundo: el agua, la condición misma de la vida.
En los Andes centrales -Mendoza, San Juan- existe un sistema natural que ha sostenido nuestra civilización durante siglos. Es simple en su forma, pero extraordinario en su función:
Glaciares y nieve → ríos cordilleranos → canales de riego → suelo → raíces → planta → fruto.
Ese circuito es el que permite que, en medio de un desierto, existan viñedos, frutales, hortalizas y pueblos enteros. Pero hay otro ciclo, igual de determinante y admirable:
Glaciares y nieve → ríos cordilleranos → embalses y acuíferos → agua potable → consumo humano → alimentos → agua corporal humana.
En regiones áridas de los Andes, esta cadena no es una metáfora: es una continuidad física y verificable entre la criósfera y el cuerpo humano. Por eso, desde la hidrología, la biogeoquímica y la medicina, podemos afirmar que la criósfera andina cumple un rol estratégico en tres dimensiones críticas:
- Seguridad hídrica
- Seguridad alimentaria
- Salud pública
El Intergovernmental Panel on Climate Change reconoce a los glaciares de montaña como reservas estratégicas de agua dulce para cientos de millones de personas (IPCC, 2019).
Señor presidente, señoras y señores diputados: El agua que nace como hielo en la cordillera termina formando parte de nuestro propio cuerpo. La biología es clara: el cuerpo humano contiene aproximadamente entre 60 y 70 % de agua. Y ese origen puede rastrearse científicamente. Mediante análisis isotópicos de oxígeno-18 (¹⁸O) y deuterio (²H), la hidrología moderna permite identificar el origen geográfico del agua que ingerimos. Estos estudios demuestran que la composición isotópica del agua corporal refleja la del agua bebida, permitiendo vincularla con fuentes de montaña.
En términos cuantitativos, una persona puede incorporar anualmente entre 70 y 270 litros de agua cuyo origen último fue hielo andino, dependiendo de su dieta y consumo hídrico.
La conclusión es tan científica como contundente: la vida humana es, en esencia, agua organizada por la biología. Y en regiones áridas, somos agua de glaciares.
Nuestros alimentos también lo son:
- El tomate contiene cerca de 95% de agua
- La lechuga, aproximadamente 95%
- La uva, entre 80 y 85%
- El durazno, alrededor de 88%
La agricultura no produce simplemente biomasa: produce agua transformada en vida vegetal. Incluso nuestra cultura vitivinícola -columna vertebral de economías regionales- lo confirma: el vino está compuesto aproximadamente por 85% de agua. Es decir: el vino que exportamos, los alimentos que consumimos y el agua que bebemos tienen un origen común: la cordillera de los Andes. Incluso el agua mineral comercializada -como las marcas Villavicencio y Eco de los Andes- provienen de acuíferos alimentados por la infiltración de nieve y agua de glaciares de montaña.
Pero la ciencia ha ido más allá. Hoy sabemos que no sólo los glaciares visibles son importantes. En los Andes centrales abundan los glaciares de roca, ambientes periglaciares con permafrost, cuya función hidrológica es decisiva. Estos sistemas -mezclas de roca, hielo y sedimentos congelados- actúan como
reservorios de agua de liberación lenta, regulando caudales en escalas de décadas y siglos.

La literatura científica ha demostrado que, en muchas cuencas andinas, el volumen de agua almacenado en glaciares de roca puede ser comparable o incluso superior al de los glaciares de hielo limpio. Intervenir estos sistemas no es intervenir un paisaje. Es alterar el equilibrio hidrológico completo de una cuenca.
Por eso debemos decirlo sin eufemismos: La defensa de los glaciares y del ambiente periglacial no es ideología. No luchamos por ideología. No luchamos por intereses económicos. Luchamos por la vida.
Por la vida humana. Por la vida vegetal. Por la vida microbiológica del suelo, que sostiene toda producción de alimentos».
Nuestra historia así lo demuestra. Los pueblos originarios -los Huarpes– entendieron cómo domesticar el agua en el desierto. Luego, José de San Martín comprendió que sin agua no hay independencia posible. Los canales que aún hoy utilizamos no son sólo infraestructura: son una decisión estratégica de supervivencia colectiva. Todavía conservamos y usamos un canal construido por el Libertador de América. Hoy nos toca decidir si estamos a la altura de esa historia.
Porque la realidad es objetiva: cualquier política pública que comprometa las reservas hídricas de montaña no es solo una medida económica. Es una decisión sobre el futuro biológico, productivo y sanitario de millones de personas. Cuando el Estado reasigna agua desde usos productivos tradicionales hacia actividades extractivas intensivas, está modificando la estructura de acceso a un recurso esencial. Y cuando esa reasignación se combina con riesgos de contaminación, el problema deja de ser económico para convertirse en un problema de salud pública y de derechos fundamentales.
Señor presidente, señoras y señores diputados: El pueblo observa. Y percibe una distancia creciente entre representantes y representados. Cuando los dirigentes evitan el contacto directo, cuando se alejan de la ciudadanía, cuando rehúyen los espacios públicos, envían una señal inequívoca. Porque en los momentos decisivos de la historia, los pueblos no siguen a quienes se esconden. Y este es, sin duda, un momento decisivo.

A los inversores que observan este debate les digo con claridad: los gobiernos son transitorios, las administraciones son circunstanciales, pero los pueblos son permanentes.
Aquí está el pueblo: productores, trabajadores, pymes, científicos, estudiantes. Todos dependemos del mismo sistema: el agua. Por eso la defendemos con la palabra, con la ciencia y con la convicción. Porque en el agua no sólo se juega la economía. En el agua se juega la vida.
Señor presidente, señoras y señores diputados: Defender los glaciares no es una consigna ambiental. Es defender el origen del agua, el origen de los alimentos, y el origen mismo de la vida.
Que nuestras decisiones estén a la altura de esa responsabilidad histórica.
Muchas gracias.
¡Viva el agua! ¡Viva la libertad!
Bibliografía:
- Azócar, G. F., & Brenning, A. (2010). Hydrological and geomorphological significance of rock glaciers in the dry Andes, Chile. Permafrost and Periglacial Processes, 21(1), 42–53.
- Bowen, G. J., et al. (2019). Isoscapes to address large-scale Earth science challenges. Reviews of Geophysics, 57(3), 653–680.
- Gleick, P. H. (1996). Basic water requirements for human activities. Water International, 21(2), 83–92.
- IPCC. (2019). Special Report on the Ocean and Cryosphere in a Changing Climate. Cambridge University Press.
- Jackson, R. S. (2014). Wine Science: Principles and Applications. Academic Press.
- Popkin, B. M., D’Anci, K. E., & Rosenberg, I. H. (2010). Water, hydration, and health. Nutrition Reviews, 68(8), 439–458.
- USDA. (2020). FoodData Central Database. United States Department of Agriculture.













