Más precipitaciones, alta humedad y períodos de tiempo prolongados con el suelo y las plantas mojadas pueden aumentar el riesgo de enfermedades y complicar el manejo de los viñedos. Frente a esta realidad y al seguro escenario a mediano plazo por el fenómeno climatológico del Super Niño, con lluvias y tormentas que ya se han incrementado en Mendoza y otras regiones argentinas, la anticipación es clave: desde el acondicionamiento de suelos y callejones hasta el monitoreo de enfermedades, la calibración de equipos y la planificación de las aplicaciones.
En un aporte para combatir el problema, el ingeniero agrónomo mendocino Marcelo Canatella -autor de los libros «Partes de la vid» y «Plantación exitosa de viñedos» y cofundador de Vanguarvid, una plataforma de formación y divulgación técnica sobre viticultura y enología- nos brinda una serie de recomendaciones útiles que, de practicarse correctamente y tener efecto positivo, nos permitirán llegar a la cosecha entre febrero y abril de 2027 con una uva saludable.
La posibilidad de atravesar una primavera y un verano con mayor cantidad de días nublados, elevada humedad relativa y precipitaciones frecuentes obliga a estar listos o, al menos, lo mejor preparados posible.
No se trata solamente de responder frente a una lluvia o realizar una aplicación fitosanitaria a tiempo. Una temporada de estas características requiere pensar integralmente la finca: circulación del agua, manejo del suelo, sanidad, maquinaria, disponibilidad de productos y capacidad operativa.
Preparar la finca para el agua
Uno de los primeros aspectos a revisar son las defensas aluvionales y los sectores por donde puede ingresar agua proveniente de fincas vecinas o concentrarse escorrentía dentro de la propiedad. Es importante reforzar bordos y mantener libres de escombros, palos y restos de poda los cauces o ríos secos que atraviesan el viñedo.
Los callejones también cumplen un papel importante. Siempre que las condiciones lo permitan, los de orientación oeste-este pueden acondicionarse con una leve forma de «V» para favorecer que el agua circule por el centro. En los callejones orientados de sur a norte, el manejo de las pendientes debería evitar que el agua pase desde cuadros más altos hacia sectores bajos a gran velocidad.
También recomiendo evitar, cuando sea posible, el uso de herbicidas en los callejones y mantener una cobertura vegetal baja mediante desmalezado. Esto ayuda a reducir la erosión, especialmente en terrenos con pendientes superiores al 0,5 %.
Cobertura y menor movimiento del suelo
Ante una temporada potencialmente lluviosa, conviene evitar movimientos innecesarios del suelo. Mantener cobertura sobre el camellón, con una altura aproximada de 20 a 30 centímetros, puede ayudar a disminuir erosión y escorrentía. También puede evaluarse la utilización de verdeos de verano, como moa, mijo, cebadilla u otras especies adaptadas a cada situación.
En suelos pesados, estas coberturas aportan además una ventaja operativa: pueden facilitar el ingreso de tractores después de las precipitaciones. Y cuando las ventanas disponibles para pulverizar son cortas, poder entrar rápidamente al viñedo puede resultar determinante.
Peronóspora: prevención y monitoreo
En condiciones de elevada humedad y períodos prolongados de hoja mojada, la peronóspora será una de las enfermedades a seguir con especial atención. La estrategia preventiva debería comenzar temprano. Con brotes de entre 10 y 15 centímetros puede evaluarse la primera intervención utilizando cobre como elemento preventivo, de acuerdo con el programa sanitario definido para cada finca. A partir de allí será fundamental registrar precipitaciones, controlar las horas de hoja mojada y considerar la residualidad de los productos utilizados.
Frente a lluvias superiores a los 15 milímetros habrá que evaluar el posible lavado del producto y la necesidad de repetir la aplicación. Si ese volumen no se alcanza, la nueva intervención dependerá fundamentalmente de su poder residual.
Durante plena floración también puede analizarse, según las condiciones sanitarias y el programa de manejo, la utilización de peronosporicidas sistémicos y curativos registrados para vid.
Botritis: anticiparse al cierre del racimo
La botritis será otro punto a observar. Una aplicación preventiva puede planificarse antes del cierre del racimo, etapa que generalmente se produce entre mediados y fines de diciembre, dependiendo de la zona y la variedad.
Si durante febrero se presentan lluvias frecuentes, puede evaluarse un deshoje sanitario a la altura de los racimos, principalmente sobre el lado Este de la hilera para aprovechar el sol de la mañana. A partir del envero, y ante la aparición de los primeros síntomas, podrá analizarse la utilización de botriticidas registrados, procurando una aplicación bien dirigida hacia los racimos.
Aplicar bien y reaccionar rápido
Una campaña con mayor presión sanitaria también exigirá revisar la calidad de las aplicaciones de agroquímicos.
Pulverizadoras correctamente calibradas, picos en buenas condiciones, manómetros y reguladores funcionando, una adecuada dosificación y mezcla de productos y una correcta rotación de principios activos serán aspectos fundamentales.
Pero habrá otro factor igualmente importante: la capacidad de reacción. Las ventanas de aplicación entre lluvias podrían ser cortas. Por eso es conveniente tener los equipos preparados y, dentro de lo posible, contar con stock suficiente para realizar al menos una pulverización completa de la finca.
La cobertura debe ser especialmente cuidada. En este tipo de campañas hay una premisa sencilla que conviene recordar: la enfermedad penetra donde el producto no llega.
Monitorear y registrar
Una mayor frecuencia de monitoreo permitirá detectar problemas antes de que avancen. Como referencia, puede establecerse un control cada tres días para peronóspora y cada dos días para botritis durante los períodos de mayor riesgo, definiendo previamente puntos o estaciones fijas dentro del viñedo.
También será importante tener en condiciones pluviómetros y estaciones meteorológicas y registrar los milímetros de lluvia, fechas de aplicación y principales eventos fenológicos.
El manejo del riego deberá ajustarse a las precipitaciones recibidas. Lluvias superiores a los 12 milímetros deberían ser consideradas al momento de definir los milímetros de riego posteriores.
Una campaña para anticiparse
Si finalmente se presenta una primavera y un verano especialmente húmedos, no habrá una única herramienta capaz de resolver los problemas.
Defensas aluvionales, callejones preparados, cobertura del suelo, maquinaria calibrada, disponibilidad de productos, monitoreo frecuente y conocimiento de los períodos de mayor sensibilidad de la vid deberán funcionar como partes de una misma estrategia.
La diferencia estará, probablemente, en la capacidad de anticiparse. Y, como siempre, cualquier estrategia sanitaria deberá realizarse exclusivamente con productos registrados para vid, respetando dosis, recomendaciones de uso y tiempos de carencia hasta cosecha.

















