El ex juez y miembro de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, Carlos «Charly» Parma, amigo entrañable y asiduo columnista de Enolife, conoció estrechamente al ingeniero agrónomo Alberto Jorge Alcalde, pionero de esa profesión en Mendoza y Argentina, fallecido en nuestra provincia el 6 de diciembre de 2010 a los 92 años. Nuestro colaborador fue yerno del maestro -esposo de su hija Nora Alcalde-, y desde ese lugar del afecto y la cercanía nos regala esta crónica en homenaje al Día del Agrónomo.
Alberto Alcalde fue un distinto, un ser de luz. Fue el primer egresado como ingeniero de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Cuyo, y trabajó en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en el campo, en investigación y en la doctrina. Sus obras trascendieron fronteras.
Hombre sabio, paciente, equilibrado, honesto y muy trabajador. De esos hombres invisibles que hicieron Mendoza. Su libro sobre Ampelografía educó generaciones enteras de ingenieros. Sus huellas hoy se ven en el universo de las vides mendocinas.
Impermeable a los halagos y reconocimientos, muchos de los cuales rechazó. Su característica fue la humildad, aunque casi a la fuerza fue llevado en sus últimos años de existencia al Senado de la Nación para ser reconocido como el máximo investigador de la vid en su área. Ninguna calle ni escuela lleva su nombre. Mendoza aún tiene una deuda con él.
Una vida de amor por la tierra y sus frutos
El Ingeniero Alberto Jorge Alcalde nació en la ciudad de Mendoza el 15 de noviembre del año 1918. Fue el cuarto hijo del odontólogo Carlos Alcalde y Juana Lasalle. Se casó en el año 1949 con María Elena Rodríguez, de cuya unión nacieron tres hijos.
Cursó los estudios primarios y secundarios en la Escuela Normal Mixta Tomás Godoy Cruz de Mendoza, egresando en el año 1934 con el título de Maestro Normal Nacional. Ingresó en el año 1939 a la entonces Facultad de Agronomía de la UNCuyo, que recientemente se inauguraba, para egresar con el certificado número 1 en el año 1944, ya con el título de Ingeniero Agrónomo.

Si bien prestó labores como maestro de escuela, su primer trabajo fue por aquel entonces en la Dirección de Industria de la provincia, para luego desempeñar tareas en el Ministerio de Agricultura de la Nación en el Laboratorio de Fitopatología, que en ese momento estaba bajo la Jefatura del ingeniero Enrique Vitoria. En esta misma década incursionaría en tareas docentes. Así, fue nombrado jefe de Trabajos Prácticos de la Cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía (UNCuyo), donde finalmente ganaría por concurso el cargo de Profesor Adjunto.
En este período se destacaron algunos trabajos científicos que fueron de extrema utilidad para la provincia, muy especialmente para la vida de los álamos (aisló un hongo que causaba la muerte de la variedad de álamos Populus Simonii). Este trabajo de notable beneficio a la producción agrícola fue oportunamente premiado en la década de 1950 en la provincia de San Luis en oportunidad de realizarse allí una evaluación trienal de producciones tecnológicas.
Alcalde materializó múltiples y exhaustivas investigaciones de laboratorio sobre hongos, manteniendo siempre el constante rigor científico. Sus profundos estudios sirvieron y sirven aún para combatir la enfermedad en la vid llamada “hoja de malvón”.
En la década del 50 también formó parte del Consejo Directivo de la Facultad de Agronomía y trabajó en una importante bodega del medio. Pero tal vez el momento más relevante de esa época fue su paso al INTA, donde tuvo la oportunidad y el honor de trabajar con el ingeniero José Vega en temas de viticultura. A partir de ese momento, publicó más de 100 trabajos científicos sobre viticultura y otras disciplinas agrícolas. Entre ellos, el más famoso, reconocido y utilizado como texto de referencia es su libro sobre Ampelografía, «Cultivares vitícolas argentinos».
Entre maestros: en Francia con el Filósofo de la Vid
Retomando la historia profesional del ingeniero Alcalde en materia de viticultura, merece destacarse que también realizó distintos trabajos científicos en Francia, España, Italia y varios países africanos. Dúctil al conocimiento y generoso en el saber, Alcalde aprovechó cada espacio europeo para profundizar sus estudios. Sin descanso y sin fatiga deambuló por tanto lugar productivo como pudo y tuvo la suerte de conocer al célebre maestro francés Jean Branas (1905-1998), a quién él consideró “el filósofo de la vid”.
Ya de vuelta en nuestras tierras, en 1959, Alcalde, con su habitual generosidad, insufló a sus discípulos y colegas todos estos conocimientos que a la postre sirvieron para engrandecer el panorama investigativo vernáculo.
Es oportuno resaltar una anécdota: el fluído contacto y entendimiento que Alcalde mantenía con Vega potenciaba la investigación científica, a tal punto que pasaban largas horas juntos, sin desvelo, en busca de un descubrimiento. Así las cosas, estando en el domicilio particular de Alcalde, ambos comienzan a buscar afanosamente un objetivo, y para ello advierten que necesitaban elementos técnicos que no poseían. Advirtieron que el hermano de Alcalde, que en aquel entonces estudiaba medicina, contaba con un microscopio en buen estado. Después de un llamativo tiempo de observación con ese instrumento, descubrieron con asombro la presencia de los llamados “bastoncillos de Petri”, comprobando así la existencia de formaciones en cortes microscópicos.
Esta observación guardaba similitud con una importante enfermedad en la vid que Alcalde había visto por su paso en Europa. Entonces, esto motivó un importantísimo trabajo que se publicó con éxito en su momento y se llamó: “La degeneracion infecciosa en Mendoza”. Este trabajo, que fue traducido en varios idiomas, se dio a conocer en francés en una conferencia internacional que se realizó en Lisboa en el año 1962.
Esta anécdota sirve para recalcar el loable trabajo científico de Alcalde -en este caso acompañado por Vega-, y cómo la ciencia, de su mano, estuvo al servicio de la comunidad, salvando miles de hectáreas de vides en Mendoza.
Investigador y referente sobre Ampelografía
En otro orden Alcalde dirigió, ya en la década de 1960, invalorables estudios sobre el movimiento de tierras de la cabecera al pie con resultados positivos, que contribuyeron al desarrollo de la fundamental labor de nivelación del suelo en la implantación vitícola. Fueron intensos años de trabajo que se entremezclaban con el problema de fertilización de la vid.
Tal vez uno de los trabajos doctrinarios de mayor relevancia haya sido su libro “Cultivares vitícolas argentinos” que se ha constituido un clásico en materia de Ampelografía. Prácticamente hoy no hay libro o página web especializada que no cite esta enjundiosa obra cuando se aborda la temática de las variedades vitícolas.


América siempre recibió al maestro con los brazos abiertos y marcado respeto. En Chile incursionó en varias oportunidades, brindando aportes efectivos al conocimiento vitícola en el país trasandino. Pero también Lima e Ica, en Perú, fueron testigos de su presencia y de su ayuda intelectual, específicamente en lo referido a la producción del pisco. También visitó Brasil para dar informes sobre la calidad de tierras ubicadas a 150 kilómetros de la ciudad de Recife. En esa oportunidad lo acompañó el ingeniero Nighenson.
En 1975 también se hizo cargo del programa vid del INTA, lo que lo llevó a conocer e interiorizarse de todas y cada uno de las vides cultivadas en Argentina.
Fue distinguido en varias oportunidades por organismos públicos y privados. Aunque pregonó un bajo perfil, los medios de comunicación se ocuparon en varias oportunidades de resaltar su labor fecunda a favor de la provincia de Mendoza, por ejemplo una extensa nota en Diario Los Andes el 1 de Julio de 2003, pág. A 16). Pero tal vez su mayor virtud haya sido, como a él le gustaba decir, “haber cumplido con mi trabajo”.













