Estudios y análisis recientes revelan el impacto del consumo de vino en nuestro peso, mostrando que la cuestión es mucho más compleja que la simple suma de las calorías que contien. Desde el resveratrol en los tintos, que convierte a la grasa en un aporte beneficioso para la salud, hasta el rol de los vinos blancos y tintos en una dieta equilibrada como la mediterránea, el vino tiene sustancias que pueden inclinar la balanza a nuestro favor. Según especialistas médicos y nutricionistas, el vino, tomado en forma medida, puede coexistir con un estilo de vida saludable e incluso ayudar a la pérdida de peso.
Suele repetirse sin pensar ni saber en realidad sobre el tema, la frase «el vino engorda». Esta suposición, además de ser un mito urbano, también se ha instalado en los debates científicos, en particular relacionando el vino con la famosa y saludable dieta mediterránea. Antes de entrar en la cuestión, recordemos que el vino es un alimento que puede ser saludable en la medida que se lo consuma con moderación, y además una experiencia que motoriza nuestra búsqueda de placer y el bienestar.
Si el vino está integrado a una dieta equilibrada, no contribuye significativamente al aumento de peso Los vinos, especialmente los tintos ricos en polifenoles como el resveratrol, podrían incluso apoyar el control del peso al promover la quema de calorías y mejorar la salud cardiovascular. Sin embargo, su contenido calórico, derivado del alcohol y azúcares residuales, varía según el tipo de vino, por lo que es muy importante la elección conciente y el consumo moderado para quienes vigilan su peso.
Grasa blanca y grasa marrón
Una cuestión clave a considerar que el vino genera calorías derivadas del alcohol y los azúcares, siendo los vinos dulces y de alta graduación alcohólica los que más calorías aportan. Sin embargo, algunas investigaciones sugieren que el consumo moderado, especialmente de vino tinto rico en polifenoles, podría no sólo evitar el aumento de peso, sino también apoyar la gestión del mismo mediante la estimulación del metabolismo y la conversión de grasa blanca en marrón, facilitando su quema.
La composición calórica del vino
El vino contiene calorías que provienen principalmente de dos componentes: el alcohol y los azúcares. Cada gramo de alcohol aporta aproximadamente 7 kilocalorías, siendo así uno de los elementos más calóricos después de las grasas. Por otro lado, el contenido de azúcar, que varía según el tipo de vino (tinto, blanco, seco, dulce), también contribuye a la cantidad total de calorías.
Por ejemplo, una copa de vino seco puede contener entre 90 y 120 calorías, mientras que los vinos dulces pueden superar las 200 calorías por copa debido a su mayor contenido de azúcares residuales.
Los beneficios del vino en la dieta mediterránea
Según la Federación para la Investigación del Vino y la Nutrición (Fivin) de España, el vino es el responsable del 25% de los efectos saludables de la dieta mediterránea.
Una alimentación rica en polifenoles es un valor añadido para la protección de la salud y la prevención de enfermedades crónicas. Recientes y reiterados estudios científicos internacionales publicados demuestran, según Fivin, las propiedades antioxidantes y antinflamatorias de esta sustancia que se encuentran en diversos alimentos de origen vegetal, entre ellos, la uva. En este sentido, según explican especialistas de la entidad española, el consumo moderado de vino, por su alto contenido en polifenoles, aporta beneficios para la salud.
El vino, señala Fivin, es el responsable del 25% de los efectos saludables de la dieta mediterránea. En este sentido, el estudio Predimed (PREvención con DIeta MEDiterránea) indica que una mayor adherencia a esta dieta se asocia con una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares.
El consumo de polifenoles, a través de los alimentos que los contienen, puede ser un mecanismo potencial para la prevención de alteraciones cardiovasculares y metabólicas asociadas con la obesidad, por lo que, los polifenoles presentes en el vino contribuyen a proteger contra enfermedades cardiovasculares, ya que su capacidad antioxidante aumenta el colesterol saludable para el corazón y mantienen el sistema inmune fuerte.
Según explica el médico Fernando Cabrera, del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga y Miembro de Fivin, “como cardiólogo debo reconocer que, con la evidencia actual, debemos transmitir no sólo tranquilidad a quienes disfrutan del consumo adecuado de vino tinto, sino informarles que es un complemento en la alimentación que parece aportar beneficios a nivel cardiovascular, diabetes, obesidad y probablemente sobre otras patologías. Todo ello, sin dar de lado a la responsabilidad médica de desaconsejar el uso nocivo del alcohol, y tampoco promover su consumo en personas abstemias».
Un estudio a fondo durante 9 años
Un reciente estudio del Instituto de la Salud de la Universidad de Glasgow (Escocia, Reino Unido), sugiere que consumir de forma moderado vino en comparación con tomar otras bebidas alcohólicas minimiza el riesgo de mortalidad o de sufrir enfermedades cardiovasculares graves.
Esta investigación se basa en la recopilación de datos sobre los hábitos de consumo de 309.123 británicos sanos y bebedores habituales durante un período de 4 años y monitorizando su salud durante una media de 9 años.
El resveratrol, polifenol que se encuentra en la uva, tiene un efecto antioxidante y antinflamatorio, por lo que el consumo moderado de vino también aporta un efecto positivo en el control de la obesidad. Un estudio japonés de la Universidad de Shisouka indica que el resveratrol podría regularizar la producción de grasas e interaccionar positivamente con la capacidad de defensa antioxidante. En la misma investigación se hacen referencia a los efectos beneficiosos del consumo moderado de vino con relación a enfermedades neurodegenerativas, en especial a efectos que, aparentemente, previenen y contrarrestan la demencia y la enfermedad del Alzheimer.
Es importante señalar que, aunque numerosos estudios demuestran los beneficios para la salud del consumo moderado de vino, la mayoría de los investigadores advierte que ello no es suficiente motivo para que alguien que no bebe comience a hacerlo por motivos de salud. De hecho, la recomendación general de los científicos suele ser preventiva advirtiendo que los beneficios para la salud del vino en un estudio en particular, no garantiza que los no bebedores o abstemios deban comenzar a disfrutar de una copa al día para mejorar su salud. Cualquier estudio sobre el vino y la salud no reemplaza el consejo médico de un profesional, que deben consultar con su médico antes de tomar decisiones sobre el consumo de alcohol por su salud
Comparativa calórica entre tintos, blancos y rosados
-Vinos tintos: Los vinos tintos suelen tener un contenido calórico ligeramente superior en comparación con los vinos blancos y rosados. Este aumento se debe principalmente a su mayor contenido de alcohol y, en algunos casos, a un nivel más alto de azúcares residuales, especialmente en variedades más dulces o fortificadas como el Oporto. Por ejemplo, una copa estándar de 150 ml de vino tinto puede contener entre 125 y 200 calorías, dependiendo de la dulzura y la graduación alcohólica. Los vinos tintos secos, con menos azúcar residual, estarán en el extremo inferior de este rango calórico.
-Vinos blancos: Los vinos blancos son generalmente más ligeros en términos de contenido calórico en comparación con los tintos, debido principalmente a una graduación alcohólica ligeramente menor y, en el caso de los vinos blancos secos, a una menor cantidad de azúcares residuales. Una copa de vino blanco de 150 ml puede oscilar entre 90 y 150 calorías. Los vinos blancos secos, como el Sauvignon Blanc o el Pinot Grigio, se encuentran en el extremo inferior de este rango, mientras que los vinos blancos dulces o semidulces, como algunos Rieslings, pueden tener más calorías debido a su mayor contenido de azúcar.
-Vinos rosados: Los vinos rosados, que comparten características tanto de los vinos tintos como de los blancos, tienden a tener un perfil calórico similar al de los vinos blancos. Esto se debe a que, aunque están hechos de uvas tintas, el contacto con las pieles es más breve, resultando en un contenido alcohólico y de azúcares residuales más bajo. Una copa de vino rosado de 150 ml generalmente contiene entre 100 y 140 calorías. Los rosados secos estarán en el extremo inferior, mientras que los más dulces, que son menos comunes, estarán en el extremo superior.
Fuentes: vinosostenible.co y https://www.fooretail.es
















