Siria posee una antigua tradición vitivinícola, con épocas de esplendor hace 2000 años, cuando exportaban al imperio romano. En la zona costera del Mediterráneo, cerca de Lataka, se han hallado vestigios de vino en recipientes datados hace 8.000 años. Sin embargo, hoy el gobierno islamista está limitando el consumo de la bebida ancestral a las zonas cristianas, lo que genera rechazo y exigencias de libertad de parte de la población musulmana.
Miles de sirios protestaron el domingo 22/3/26 contra la medida de las autoridades del gobierno que limita la venta y el consumo de alcohol en la capital Damasco, lo que refleja una creciente ansiedad en la capital cosmopolita ante la posibilidad de que el nuevo gobierno islamista de Siria amenace libertades laicas mantenidas durante mucho tiempo.
Una multitud de residentes de diversas sectas religiosas se congregó en una plaza con césped en Bab Touma, un barrio cristiano de Damasco, donde coreó “¡Los sirios están unidos!” y portó carteles que instaban al gobierno a salvaguardar las libertades personales y a las minorías religiosas.
“Esto no se trata de si queremos beber alcohol; se trata de la libertad personal. Hemos venido aquí para defender una idea”, afirmó Isa Qazah, un escultor de 45 años de la zona que se sumó a la protesta a lo largo de los callejones de piedra medieval cerca de la Ciudad Vieja de Damasco.
Fuerzas de seguridad fuertemente armadas rodearon a los manifestantes, si bien la protesta transcurrió sin incidentes. La controversia estalló a mediados de marzo, cuando el gobernador de Damasco emitió un decreto que prohíbe “la provisión de bebidas alcohólicas de todo tipo en restaurantes y clubes nocturnos” en toda la capital.
Según notificó el gobierno islamista sirio, en un plazo de tres meses los restaurantes deberán haber eliminado sus cartas de vino y los dueños de bares y clubes deberán haber cambiado sus licencias por permisos de cafetería.
La decisión, que las autoridades dijeron que se tomó “a solicitud de la comunidad local”, se anunció al tiempo que el gobierno interino del ex rebelde islamista y ahora presidente Ahmed al-Sharaa enfrenta una presión creciente de sectores de línea dura para imponer valores religiosos más conservadores. Al-Sharaa no se ha pronunciado públicamente sobre el debate del alcohol.
El vino, una tradición milenaria en Siria
El antiguo país donde reinaron los fenicios produce vino, con una tradición milenaria que se remonta a unos 8.000 años a.C. A pesar de los conflictos políticos y las restriccions actuales al consumo de alcohol, sobrevive una bodega con viñedos de alto nivel, Domaine de Bargylus, situada en la costa cerca de Latakia, que elabora vinos tintos y blancos de calidad (cabernet sauvignon, merlot, syrah, chardonnay).

Domaine de Bargylus fue fundada por los hermanos Sandro y Karim Saade en 2006, a pesar de los desafíos logísticos. La zona de viñedos es la región montañosa de la costa, apta por el clima y los suelos. La región es históricamente significativa en la elaboración de vino desde la época romana. La producción está limitada principalmente a este viñedo comercial, lo que convierte al vino sirio en una rareza, desafiando el contexto de conflicto. Aunque la producción es muy baja a nivel comercial, el vino sirio persiste como un producto de nicho.
Más de un año después que su movimiento derrocara al expresidente Bashar Assad, Siria sigue tambaleándose por 14 años de guerra civil y cinco décadas de dictadura, y lucha por definir su futuro.
Fuente: Agencia AP, por Omar Sanadiki













