El manejo del agua en Mendoza, Argentina, es uno de los temas estratégicos más relevantes para el presente y el futuro de la vitivinicultura. En un contexto de creciente presión sobre la disponibilidad y calidad de los recursos hídricos, comienzan a tomar fuerza indicadores que permiten medir no sólo cuánta agua se utiliza, sino también cuánta agua sería necesaria para diluir los contaminantes derivados de las prácticas agrícolas. Entre ellos, la huella hídrica gris (HHG) se ha convertido en un parámetro clave para evaluar impactos ambientales asociados al uso de insumos agroquímicos. Un reciente estudio de investigadores mendocinos del Ianigla-Conicet y el Iscamen analiza los diferentes tipos de agroquímicos y la cantidad de agua necesaria para diluir los contaminantes.
En un reciente estudio de investigadores mendocinos del Instituto Argentino de Nivología y Glaciología (Ianigla), del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet) y del Instituto de Calidad y Sanidad Agropecuaria Mendoza (Iscamen), titulado «Evaluación de la huella hídrica gris del uso de pesticidas en la región vitivinícola de Mendoza: implicaciones para la gestión sostenible de los recursos hídricos» y publicado en la revista científica IVES OENO One, se analiza el uso de contaminantes generado por una actividad productiva hasta alcanzar los estándares de calidad aceptados.
La huella hídrica gris es el volumen de agua dulce necesario para diluir los contaminantes generados por un producto, proceso o actividad hasta que la calidad del agua cumpla con los estándares ambientales o legales, representando el impacto de la contaminación en los cuerpos de agua. Es una medida clave de la contaminación hídrica y, junto con la huella azul (agua superficial y subterránea consumida) y la verde (agua de lluvia), ofrece una visión completa del uso del agua.
En vitivinicultura, este indicador se asocia principalmente al uso de pesticidas, por ser insumos ampliamente utilizados en el manejo sanitario del viñedo. Su incorporación permite complementar las mediciones tradicionales de agua aplicada al riego, ofreciendo una visión más integral del impacto sobre el recurso hídrico.
En la provincia de Mendoza, donde más del 95 % de la producción agrícola depende del riego y donde la calidad de agua es fundamental, entender la carga potencial de contaminación difusa es decisivo para la gestión sostenible.
El trabajo analiza 24 fungicidas, 7 insecticidas y 7 herbicidas utilizados en una microrregión vitívinicola de Mendoza en el período 2018-2020. A partir de datos de dosis, toxicidad, degradación y estándares de calidad, estima:
- La huella hídrica gris por molécula de pesticida, expresada en m³ de agua por kg de uva.
- La carga total estimada de agua necesaria para diluir los contaminantes generados por el uso conjunto de pesticidas.
- La variabilidad espacial dentro de los distritos, que depende de dosis aplicadas, tipo de producto, frecuencia de uso y características del manejo vitícola.
El estudio muestra que existen diferencias muy marcadas entre moléculas, lo que abre oportunidades concretas para reducir el impacto ambiental a través de la selección de insumos y el ajuste de prácticas de manejo.
Los valores reportados y los patrones observados permiten extraer conclusiones muy relevantes para el sector:
Las moléculas con mayor huella hídrica gris fueron:
- Fluroxypyr-meptyl (Herbicida) → ~1.10 m³/kg
- Fosetyl-aluminium (Fungicida) → ~0.59 m³/kg
- Imidacloprid (Insecticida) → ~0.41 m³/kg
En términos de huella hídrica gris, las moléculas con menor impacto potencial fueron los fungicidas Mancozeb (0.12 m³/kg) y Azoxystrobin (0.18 m³/kg), seguidos por el herbicida Glyfosato (0.25 m³/kg). Esto significa que, dependiendo de la elección del producto, el impacto sobre el recurso hídrico puede multiplicarse por 3 o más. Esta variabilidad da lugar a herramientas de decisión simples: priorizar productos con baja HHG reduce riesgo y costos ambientales.
Variabilidad espacial y riesgo potencial
Al analizar los datos en un mapa, se observa que algunos distritos muestran valores medios de HHG más elevados, vinculados a:
- Mayor presión sanitaria
- Niveles superiores de uso de pesticidas
- Combinaciones de productos de mayor impacto.
Entre unidades productivas dentro de un mismo distrito, las diferencias pueden ser muy grandes. Esto demuestra que:
- Las buenas prácticas existentes son replicables
- No se necesita una transformación radical para reducir la HHG; pequeños ajustes generan reducciones importantes.
Los datos permiten plantear mensajes claros y accionables:
Para los productores:
- Elegir principios activos con baja HHG reduce riesgo ambiental sin afectar el control sanitario.
- Ajustar dosis, evitar redundancias y optimizar calendarios de aplicación puede disminuir la carga de contaminación potencial.
- Integrar la HHG como indicador complementario dentro del manejo integrado de plagas (MIP).
Para las bodegas
- La HHG puede ser un indicador de sustentabilidad verificable, útil para certificaciones, reportes ESG y auditorías.
- Permite comunicar con mayor transparencia las prácticas de manejo adoptadas por sus proveedores.
Para las políticas públicas y planificación
- La variabilidad espacial sugiere que la HHG puede ser utilizada como insumo para ordenamiento territorial y gestión de cuencas.
- Ayuda a priorizar zonas donde la calidad de agua es más vulnerable.
- Puede integrarse a observatorios ambientales y sistemas de monitoreo.
Las conclusiones del estudio
A continuación, transcribimos textualmente las conclusiones del estudio de los investigadores mendocinos. Los interesados en ver el artículo científico completo pueden hacerlo AQUÍ.
«Una característica distintiva de nuestro estudio es que no sólo proporciona resultados del análisis de GWF de la viticultura asociada con una amplia gama de pesticidas, sino que también proporciona resultados a dos escalas espaciales. La mayor resolución espacial del análisis proporciona información detallada que puede ayudar a identificar la gestión química crítica a nivel local en términos de los riesgos que plantean para la gestión sostenible de los recursos hídricos. Esto puede ser particularmente útil para las diferentes partes interesadas. Por ejemplo, si se enfrentan a una mayor incidencia de plagas y enfermedades en diferentes áreas, los administradores de tierras pueden querer diseñar estrategias específicas de manejo químico que garanticen la producción de calidad local al tiempo que minimizan la carga difusa que ingresa a los cuerpos de agua. Asimismo, los responsables políticos pueden estar interesados en evaluar la eficiencia de un protocolo fitosanitario considerando las diferentes dinámicas y condiciones hidrológicas locales para reducir los riesgos ambientales.
«Nuestro estudio encontró que a nivel de microrregión, durante el período analizado, 284 kg año -1 de pesticidas aplicados a cultivos de vid (24 fungicidas, 7 insecticidas y 7 herbicidas) alcanzó sistemas de aguas superficiales o subterráneas, según cálculos teóricos después de la Ecuación [1]. Se estimó que el 46,2 % de la carga de contaminantes que entraba en los cuerpos de agua procedía de herbicidas, el 33,7 % de los fungicidas y el 20,1 % de los insecticidas. A nivel de distrito, se observó que la carga total de contaminantes no era uniforme en todo el territorio de la microrregión. Por ejemplo, cuando se analiza la carga de contaminantes por hectárea de vides, se observó que la contribución individual de la mayoría de los distritos estaba por debajo de la carga de contaminantes por hectárea de vides–0,02 kg año -1 ha -1 –estimado a nivel de microrregión.
«Por otro lado, cuando se comparan los GWF específicos de estos compuestos a nivel de microrregión, el GWF del herbicida Fluroxipir-meptilo (1,10 m3 kg -1) fue el más alto, seguido por el GWF del fungicida Fosetil-aluminio (0,59 m3 kg -1) y el GWF del insecticida Imidacloprid (0,41 m3 kg -1). Sobre la base de estas consideraciones y de acuerdo con Hoekstra et al. (2011), el GWF de viticultura se estimó en 1,10 m3 kg -1 o 1,87 × 10 8 m3 año -1-1. De hecho, se necesitarían 1,10 m3 de agua por kg de uva o poco más de 187 millones de m3 de agua por año para diluir el herbicida Fluroxypyr-meptyl hasta tal punto que la calidad del agua ambiente se mantenga por encima de los estándares de calidad del agua acordados. Sin embargo, al aumentar la resolución espacial del análisis, se observó la variabilidad de los GWF locales no solo debido a la diversidad de los ingredientes activos (Fluroxipir-meptilo, Fluroxipir, Fosetil-aluminio, Piraclostrobina, Tebuconazol e Imidacloprid) de los que se derivan, sino también debido a la amplitud del intervalo de valores estimados (0,04 a 18,4 m3 kg). Estos hallazgos enfatizan la importancia de considerar la apropiación de los recursos hídricos a través de la contaminación por plaguicidas a escala local.
«Nuestras evaluaciones de GWF dependen de los estándares utilizados con respecto a las concentraciones máximas permitidas. Debido a la ausencia de normas locales, se utilizaron reglamentos internacionales de conformidad con las recomendaciones de Franke et al. (2013). Sin embargo, la aplicación de las normas establecidas por otros países puede subestimar o sobreestimar el valor de GWF al no considerar la dinámica y las condiciones hidrológicas locales. En consecuencia, la inclusión de estándares locales de calidad del agua puede fortalecer la contribución del GWF a aplicaciones empíricas destinadas a reducir el impacto de la producción local en la calidad de los recursos hídricos y mejorar la sostenibilidad ambiental.
«Siguiendo las recomendaciones de Hoekstra et al. (2011) y otros expertos (Franke et al., 2013; Paraiba et al., 2014; Lavôr Paes Barreto et al., 2020), el análisis de GWF se ha aplicado cuidadosamente para garantizar una aplicación de vanguardia. Por ejemplo, al estimar la capacidad de asimilación de un cuerpo de agua receptor, se utilizaron concentraciones naturales como valores de referencia en lugar de concentraciones reales de una sustancia crítica. Por lo tanto, se evaluó la capacidad de asimilación apropiada frente a la capacidad de asimilación restante. Además, se estimaron las fracciones de escorrentía de lixiviación a partir de la información local disponible sobre las prácticas agrícolas y los datos sobre las características del suelo y el clima. Esto permitió estimaciones más específicas de las fracciones de lixiviación-escorrentía del sitio del estudio. Sin embargo, nuestras estimaciones se basaron en datos estadísticos agregados. Esto obligó a utilizar algunos supuestos restrictivos, por ejemplo, que los productos fitosanitarios comercializados y autorizados para su uso en cultivos de vid se aplicaran plenamente durante el período analizado. Por lo tanto, nuestros resultados deben considerarse como aproximaciones a los órdenes de magnitud de los GWF en el contexto de los supuestos adoptados.
«En resumen, nuestros resultados destacan la importancia de realizar análisis de GWF en el contexto de una amplia gama de pesticidas a múltiples escalas espaciales. Limitar el análisis a unos pocos pesticidas y una sola escala espacial produce un conocimiento limitado que puede afectar la eficiencia de la gestión sostenible de los recursos hídricos. Análisis como los realizados en este estudio pueden mejorar el GWF como herramienta para la gestión de los recursos hídricos sostenibles proporcionando más información global sobre la apropiación de los recursos hídricos a través de la contaminación. Por ejemplo, nuestros resultados muestran que si queremos avanzar hacia un uso sostenible del agua en la viticultura, necesitamos limitar o reemplazar el uso de pesticidas de mayor GWF como Fluroxipir-meptilo, Fosetil-aluminio e Imidacloprid. En respuesta a las predicciones de una mayor incidencia de plagas y enfermedades debido al calentamiento global, es esencial desarrollar estrategias de manejo químico que sean más respetuosas con el medio ambiente y sus recursos naturales. De lo contrario, los GWF de los plaguicidas probablemente aumentarán, lo que afectará la disponibilidad y la calidad futura de los recursos hídricos, afectando en última instancia al bienestar humano.«
Fuentes: Observatorio Vitivinícola Argentino e IVES OENO One. Autores: Verónica Farreras, Belén Lana, Oscar Astorga (https://oeno-one.eu/article/view/8108)













