La Reserva Natural Barreal Blanco comenzó a gestar las primeras plantas de vides patrimoniales de la zona de Hilario, en Calingasta, San Juan. Allí se preservarán variedades criollas con el solo fin de resguardarlas a través del tiempo. Ya hay cerca de 50 plantines enraizados y este año 2025 se sacará la segunda tanda. Un hito en la historia de la viticultura local.
Por Copadasconsanjuan (https://copadasconsanjuan.com.ar)
Para cualquier apasionado de la vitivinicultura, lo que se cuenta a continuación es un sueño. ¿O es qué acaso alguien en esta región imaginó que una parte de la Reserva Barreal Blanco en Calingasta, San Juan, podría ser el «terroir ideal» para preservar la genética de las vides patrimoniales de la zona? Imaginado, soñado, o no, ya es una realidad.
Al momento son unos 50 plantines los que sobrevivieron de los primeros barbechos que comenzaron a cultivarse para preservar las variedades Criollas, Cereza, Criolla Grande, Criolla Chica, Moscatel Rosado, Moscatel Amarillo y las tres variedades de Torrontés (Mendocino, Sanjuanino y Riojano), y este año saldrá una segunda tanda luego de que expertos realicen las pruebas necesarias.
Todas provienen de las viñas ubicadas en el arcilloso suelo del Paraje Hilario, que fueron implantadas en el lugar a partir de 1920. En este caso, la colección de cepas tiene su origen en 1950.
Este plan de trabajo no persigue ningún fin comercial ni económico, sólo tiene como objetivo asegurar la conservación de estas vides que tan bien se han adaptado al clima calingastino. Tanto es así que la cantidad de plantas seleccionadas está pensada para que el material genético pueda resguardarse en el tiempo, nada más (y nada menos).
La pequeña parcela donde crecerán los espalderos -se eligió este sistema de conducción para resguardarlas en alguna medida de las fuertes radiaciones solares de esa zona ubicada a 2.100 msnm- está justo al lado del refugio de la reserva, ya que allí hay un claro donde se realizaron pruebas de riego, incluso se plantó un poco de alfalfa para conocer la respuesta del terreno.
Además, el refugio cuenta con un vivero de plantas nativas con las cuales se realizará un cerco protector de las viñas.
Las vides patrimoniales se pusieron en valor en los últimos tiempos y el pueblo de Barreal, particularmente, es el polo que dio vida a los vinos que de allí salen, incluso elaborados con técnicas ancestrales. Esto pudo ser gracias a los hombres que cuidaron de estas viñas y a los propietarios de algunas fincas que supieron y quisieron preservarlas.
Qué son las vides patrimoniales
Las denominadas vides patrimoniales son aquellos ejemplares que forman parte de la historia y tradiciones vitivinícolas de una comunidad, y que tienen un significado social y simbólico.
Gracias a la visión de Sebastián Marasco, el responsable de la Reserva, y a la familia Pastorelli cuyas cuidadas viñas datan de hace unos 100 años, pudo concretarse este sueño de contar con la colección de las cepas más antiguas registradas en el Valle de Calingasta (particularmente en el Paraje Hilario) con el objetivo de asegurar su permanencia y conservación.
«A la fecha subsisten en pie gracias a la sabiduría de la gente que cuidó las fincas más antiguas y de quienes cumplen tareas en esos establecimientos. Esa visionaria decisión por parte de los productores, la de mantener sus parrales y sus antiguas plantas, alejándose de los volátiles mandatos de la moda vitivinícola, luego se vio reforzada por tareas del INTA y de productores vinícolas, deseosos de generar un producto único, con el foco puesto en transmitir la identidad local de su origen, y así lograron diferenciarse de las restantes propuestas comerciales», dice Marasco, quien, sin ser sanjuanino de nacimiento, es un enamorado del Barreal Blanco.
El valor patrimonial no es algo que sólo le hayan otorgado los agricultores del Valle Calingastino o los productores de vinos, es un valor que ha sido reconocido mundialmente, incluso acreditado por entidades municipales y provinciales.
Tras un arduo trabajo, la Reserva dispuso un pequeño espacio en donde se trabaja por asegurar la subsistencia representativa de las vides con genética de valor patrimonial. «De esta forma, su conservación deja de estar obligatoriamente vinculada a decisiones comerciales. Ahora, su valor patrimonial se encuentra conservado físicamente y por sí mismo», agrega el coordinador de la Reserva.
El camino andado
Esta tarea no fue sencilla si se tiene en cuenta que, por tratarse de una reserva privada, primero tuvieron que realizarse todas las gestiones correspondientes con la Secretaría de Ambiente de San Juan y con la Estación Experimental del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Barreal, así como con las oficinas del INTA de Mendoza y Buenos Aires. Y luego, coordinar con productores locales de vino que basan su desarrollo en cosechas de cepas patrimoniales.
Ese camino para lograr el objetivo llevo a los precursores de la idea a contactarse con los dueños de Finca Pastorelli. El primer paso estaba dado: conocer las vides y tomar contacto directo que quien fue su creador, Don Franco Pastorelli, junto o su nieto, Francisco Cruz Pastorelli, ambos defensores acérrimos del valor de su trabajo y generadores de un producto vinícola propio que ostenta este patrimonio. Como era de esperar, ellos compartieron el interés en la colección proyectada y en brindar el material genético para llevarla a cabo.
«Se trata de resguardar debidamente restos de la poda de sus plantas y parrales patrimoniales, conservarlos para que se enraícen nuevamente, y luego plantarlos finalmente en la Reserva Privada Barreal Blanco, donde son regados por las aguas del Arroyo El Leoncito mediante un eficiente sistema mixto de manto y goteo», dice Francisco Pastorelli.
El origen de esta colección resulta posible gracias a que la finca de esta familia conserva variedades criollas en perfecto estado en su finca ubicada en el Paraje Hilario.
Banco genético
El fundamental rol de la Finca Pastorelli, en una acción compartida con el Área Natural Protegida “Reserva Privada Barreal Blanco”, permite mantener un banco genético vital para el futuro, poniendo en valor la adaptación climática de estas plantas, que permite ejecutar la viticultura de montaña y fomentar, en consecuencia, prácticas sostenibles en los viñedos.
Al tratarse de una colección dirigida estrictamente a conservar los ejemplares cuyo valor patrimonial fue formalmente reconocido y no tener fines productivos ni comerciales, la cantidad de plantas se encuentra sólo vinculada a su permanencia en óptimas condiciones. La única exigencia es asegurar y mantener la salud de los ejemplares, así como su pertinente identificación (origen y cepa).
El plan comenzó en el marco de una actividad de geoturismo y yoga concretada en el año 2023 en la Reserva Privada Barreal Blanco. Una de las asistentes, Valen Aguerre, quien con su equipo tienen su propio emprendimiento basado en cepas criollas del Valle de Calingasta (@batallerovinos), conoció por casualidad el viñedo, que se hallaba por entonces en ejecución, e instaló la idea basal de que ese espacio debía ser destinado exclusivamente para las cepas criollas del Valle de Calingasta.
Luego, siguió la etapa investigativa a nivel documental. Para ello fue fundamental el rol desarrollado tanto en la actualidad como históricamente, desde 1940, por el INTA. La entidad cuenta con publicaciones al respecto que fueron fundamentales, pues permitieron conocer que, en la época de la conquista, las vides fueron traídas desde la Península Ibérica. En esa época, distintas cepas fueron implantadas en los valles desérticos y, así, con el correr del tiempo y las características climáticas y de flora de cada región, se generaron descendencias que hoy son reconocidas formalmente por su valor patrimonial.
El origen parental de tales descendencias son las variedades Listán Prieto y el Moscatel de Alejandría. La diversidad de las 43 variedades patrimoniales halladas hasta el momento refleja la amplia variabilidad de formas y calidad en los viñedos tradicionales de la Argentina, y amplía el desarrollo de productos locales con identidad propia, surcados por la historia y la tradición de cada región en particular.
La misma colaboración con la propuesta formulada por la Reserva fue brindada por la Secretaría de Ambiente de la Provincia de San Juan y la Dirección de Conservación y Áreas Naturales Protegidas.
Don Franco Pastorelli fue uno de los primeros en vislumbrar una bodega en el Departamento Calingasta, en ese entonces en el paraje Sorocayense. Hoy, allí funciona una bodega de renombre como lo es Alta Bonanza de Los Andes.
Cuenta Pastorelli que fue por la década del 60 que él llegó a Calingasta y se encontró con los parrales olvidados -no abandonados, porque alguien vivía allí. El los rescató, mejorando infraestructuras, alambres, surcos y limpieza. Fue trabajando en poder desarrollar la viticultura de esos parrales y hoy su nieto demuestra orgullosamente que dan un excelente rendimiento y potencial en calidad de la uva y permite elaborar vinos en el valle de Calingasta, que forman parte de las cartas más importantes del mundo, en restaurantes de España y Japón. El potencial vínicola de Calingasta, siempre conocido por quienes mantuvieron estos parrales, hoy es valorado en el mundo entero.
Con la visión propia que le permitió mantener los parrales de cuyo valor hoy nadie duda, el abuelo de Francisco también hizo sostenible su actividad, plantando orégano entre las vides. «Confió así también en las plantas aromáticas y las especias para mantener así otro valioso trabajo tradicional del Valle de Calingasta que hace desde más de 40 años atrás», cuenta su nieto.
Las tareas de la finca cuentan con la certificación del sello “Argentina Sostenible”, que destaca la labor sustentable, y así encuentra consonancia con los compromisos y alianzas de conservación asumidos por la Reserva Privada Barreal Blanco ante organizaciones como Aves Argentinas, Fundación Azara, Fundación Bioandina y Fundación Starlight.