La vitivinicultura de la región china de Ningxia subió a escena en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, en Luján de Cuyo, Mendoza. Allí, un selecto grupo de 45 expertos cataron a ciegas 6 etiquetas de distintos vinos tranquilos y espumosos. La actividad permitió conocer el desarrollo reciente de la vitivinicultura del gigante asiático a partir de una degustación comentada y un intercambio técnico con especialistas, abordando el posicionamiento de la región de Ningxia y sus principales características productivas y enológicas.
A fines de diciembre de 2025 se realizó en el Aula 6 de la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA) de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), en Luján de Cuyo, Mendoza, una degustación técnica de vinos provenientes de la región de Ningxia, China, organizada bajo el título «El despertar del Burdeos de Oriente». La actividad contó con la participación de 45 personas, entre estudiantes, docentes y profesionales del sector vitivinícola.
Durante el encuentro se abordó el desarrollo reciente de la industria vitivinícola china, con especial énfasis en la región de Ningxia, una de las zonas de mayor crecimiento y proyección del país. A partir de la degustación y del intercambio técnico, los asistentes pudieron conocer características productivas, varietales y de estilo que distinguen a esta región en el contexto vitivinícola internacional.
El clima de Ningxia es parecido al de Mendoza, con la diferencia de que los inviernos son muy fuertes. Por ese motivo es que tenemos que enterrar y desenterrar los viñedos para protegerlos de las temperaturas extremas, que pueden llegar a los -25° C. Es una técnica que se realiza en muy pocos lugares del mundo y tiene un alto costo operativo, porque es casi todo manual.
FEDERICO CARABAJAL, mendocino y único ingeniero agrónomo argentino que hace vinos en China.
La actividad estuvo a cargo del ingeniero agrónomo Federico Carabajal, egresado de la Maestría en Viticultura y Enología de esta casa de estudios y actual Jefe de Enología de Penfolds China (Treasure Wine Estates). La organización contó con el acompañamiento de la Cátedra de Enología II e Industrias Afines, a través de sus docentes Carolina Pereira y Julia Calandria.

La experiencia incluyó una cuidada selección de 6 etiquetas representativas de la vitivinicultura china, que sorprendieron por su diversidad y carácter:
- Bodega Xige – Vino blanco en formato lata (190 ml), un blend fresco y aromático de Riesling, Ugni blanc y Chardonnay.
- Chandon Xi – Espumante tinto elaborado con Pinot noir, Syrah y Marselan, que se destacó por su originalidad y complejidad.
- Penfolds – One by Penfolds – Un Cabernet Sauvignon de gran estructura, que refleja la impronta internacional de la marca en suelo asiático.
- Chateau Huahao – Marselan, variedad que se ha convertido en emblema de la región por su intensidad y elegancia.
- Xige – Cabernet Gernischt, cepa típica de China que aportó notas distintivas y sorprendentes al paladar.
- Heyu Winery – Cabernet Sauvignon, expresión clásica con matices propios del terroir de Ningxia.
La región donde la viña se entierra para que no se congele
En el centro-norte de China, lindante con el sur del desierto de Gobi -uno de los más extensos y fríos del planeta- hoy se alzan interminables hileras de vides que producen algunos de los vinos más premiados del país.
A la sombra de las montañas Helan, en la Región Autónoma Hui de Ningxia, se gesta un fenómeno que combina innovación agrícola, ambición estatal y resiliencia humana: la conversión del desierto en un paraíso vitivinícola. Hace apenas dos décadas, el terreno que se extiende entre las montañas Helan y el río Amarillo era un árido desierto, símbolo de aislamiento y pobreza. Hoy, se convirtió en una de las regiones vitivinícolas emergentes más prometedoras del mundo. Este milagro agrícola es el resultado de una visión de largo plazo, impulsada por el gobierno chino, que apostó por transformar lo inhóspito en fértil. Y el vino, contra todo pronóstico, fue la punta de lanza.
El crecimiento continúa. En junio de 2020, el Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales anunció la creación de una “Zona piloto integral para el desarrollo de la uva y el vino” en Ningxia. El ambicioso plan contempla 66.667 nuevas hectáreas de viñedos, una capacidad de 300 millones de botellas anuales y una facturación proyectada de más de 15.000 millones de dólares para el próximo quinquenio. Para 2035, se espera duplicar esa producción.
Hoy existen en estas áreas ganada al desierto más de 40.000 hectáreas plantada con viñedos que producen anualmente unas 140 millones de botellas, siendo la mayoría de ellas exportadas hacia distintos puntos del globo.
La vitivinicultura en esta región funciona bajo condiciones ambientales extremas. Este desafío obliga a la industria a utilizar una técnica agrícola laboriosa y ancestral: el entierro de las cepas, conocido localmente como máiténg. Esta práctica, inusual en la viticultura global, resulta esencial para la supervivencia de las vides en esta zona donde las temperaturas invernales pueden llegar a los -25 °C.
El entierro de las vides no es una simple curiosidad técnica; constituye una parte fundamental del calendario agrícola en Ningxia. Permite conservar cepas europeas de Vitis vinifera como Cabernet Sauvignon, Merlot o Chardonnay, que no resisten las heladas sin esta protección.
El proceso exige precisión y muchas horas de trabajo:
- Deshoje y reposo vegetativo: Comienza al finalizar la vendimia, cuando la planta entra en reposo y tolera mejor la manipulación.
- Desenganche y acostado: Los sarmientos se desatan o cortan de los alambres de la espaldera. Los troncos y brazos se doblan hacia el suelo. Las bodegas emplean métodos manuales o maquinaria adaptada. El diseño de las cepas presenta una forma inclinada para facilitar este entierro recurrente.
- Cobertura con suelo: Se aplica una capa de tierra de unos 20 a 30 cm. Esta tierra funciona como un abrigo térmico, que protege las plantas durante el reposo invernal.
- Desenterrado: En primavera, se retira la tierra y las plantas vuelven a sujetarse a los alambres para reiniciar su ciclo vegetativo.
A pesar de que el trabajo manual predomina y, a menudo, es más económico que alternativas como la calefacción o el geotextil, este sistema implica un alto costo operativo. Se estima que la acción de enterrar y desenterrar las vides representa entre el 30% y el 40% del costo total de producción anual.













