Este trazado geográfico, con su itinerario histórico, simbólico y cultural, recorre los departamentos de Rivadavia, San Martín, Junín, Santa Rosa y La Paz. Representa la huella de los inmigrantes que llegaron a Mendoza provenientes de Europa, Medio Oriente y otros rincones del mundo para desarrollar la industria vitivinícola de la provincia. Y rinde homenaje a quienes con los saberes, valores y prácticas que trajeron modelaron la economía y la cultura de la Zona Este del territorio.
El proyecto avanza en la Legislatura provincial y se fundamenta en el modelo de sitios, hitos, ciudades y paisajes culturales vitivinícolas declarados Patrimonio Mundial por la Unesco, como Saint-Émilion, Champaña y Borgoña en Francia; el Piamonte en Italia; el Valle del Douro en Portugal, o el curso medio del Alto Rin en Alemania.
La comisión de Turismo y Deportes de la Legislatura de Mendoza recibió a la senadora Beatriz Galiñares (de la UCR, el partido de gobierno). Los integrantes del cuerpo dialogaron con Galiñares sobre su iniciativa, que ya tiene media sanción del Senado y busca declarar “patrimonio cultural inmaterial de la provincia a la ruta del Vitimigrante, itinerario histórico, simbólico y cultural, que recorre los departamentos de Rivadavia, San Martín, Junín, Santa Rosa y La Paz”.
Participaron también del encuentro, de manera virtual, el historiador Pablo Lacoste -uno de los fundadores del Clúster Mendoza Este, que promueve la Ruta del Vitimigrante– y el arqueólogo y patrimonialista español Juan Blánquez, ambos especialistas internacionales en la materia.
En este itinerario geográfico y patrimonial se asentaron los inmigrantes, entre 1870 y 1960, transformaron el paisaje del Este mendocino y dieron origen a una identidad colectiva singular vinculado a la vitivinicultura”.
BEATRIZ GALIÑARES, senadora impulsora del proyecto en la Legislatura de Mendoza
Galiñares pone en valor los estudios y publicaciones llevadas a cabo por el historiador Lacoste -autor entre varias otras obras sobre el tema vitivinícola de “La mujer y el vino” (2008) y “Vinos de capa y espada” (2014)- y remarca que “la Ruta del Vitimigrante constituye un trazado geográfico que representa la huella viva de quienes, provenientes de Europa, Medio Oriente y otros rincones del mundo, trajeron consigo saberes, valores y prácticas que modelaron el territorio, la economía y la cultura de la zona este de Mendoza”.
En línea con el espíritu de la Unesco
Esta propuesta encuentra sustento en la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial adoptada por la Unesco en 2003, que insta a los Estados a “proteger y promover aquellas prácticas, expresiones, conocimientos y técnicas que las comunidades reconocen como parte integrante de su herencia cultural”.
En ese sentido, en su proyecto la legisladora Galiñares valoriza el trabajo agrícola y de perfeccionamiento de zonas irrigadas en la provincia. A su vez, sostiene que “el Vitimigrante, es un término simbólico que da nombre a la Ruta, encarna la síntesis de esta historia colectiva: representa el espíritu de esfuerzo, integración y permanencia que permitió transformar un territorio árido en un paisaje cultural fértil, diverso y armónico. Su legado intangible se manifiesta en el modo de habitar, de producir y de convivir que caracteriza a Mendoza Este”.

Sostiene la senadora que declarar esta ruta como patrimonio inmaterial provincial «permitirá salvaguardar este acervo simbólico y social e impulsará un desarrollo territorial sostenible, basado en el ecoturismo patrimonial y cultural, fortaleciendo el sentido de pertenencia de las comunidades locales y generando nuevas oportunidades de empleo y producción”. De aprobarse el proyecto, Mendoza se ubicará “en sintonía con reconocidos paisajes culturales vitivinícolas declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO, como Saint-Émilion, Champaña y Borgoña en Francia; el Piamonte en Italia; el Valle del Douro en Portugal, o el curso medio del Alto Rin en Alemania”.
La senadora impulsora del proyecto expuso en la reunión que su proyecto esta contextualizado también por la existencia de “un movimiento dentro de la zona Este, de distintas personas, encabezados el historiador de gran prestigio Pablo Lacoste, que está llevando esta misma actividad en toda Sudamérica para unir las declaraciones de patrimonio material de la UNESCO y generar un turismo en toda esta zona que está prácticamente inexplotada”.
Contó Galiñares que Lacoste y los especialistas de su equipo están trabajando con una temática similar en la zona de Limarí en Chile (viticultura casi exclusivamente destinada a la elaboración del pisco) y en Chuquisaca en Bolivia (que tiene vitivinicultura muy especial ya que las vides ancestrales crecen trepadas a los árboles).
Economía, identidad y patrimonio
Al resumir el trabajo realizado, Lacoste manifestó que “detrás de todo esto hay también un plan de desarrollo económico para Mendoza, siguiendo el modelo europeo que se centra en la identidad y el patrimonio… Por la crisis en la industria vitivinícola, sobre todo en la zona Este de Mendoza, que depende en gran medida de ella, surgió la idea de crear el Cluster Mendoza Este a partir de una reunión con los vitivinicultores en 2024”.

Destacó el historiador que desde fines del siglo XIX vinieron a la Argentina millones de italianos, españoles y franceses que, “sumidos en la pobreza” encontraron en estas tierras oportunidades para progresar. «Las personas migrantes se adaptaron bien al país receptor, se creó armonía y se termina construyendo un paisaje cultural muy positivo, con sus hijuelas, acequias, compuertas, canales, trincheras de álamos. Alcanzando valor por la ruta de cerretas y estaciones de tren…”.
La clave es declarar patrimonio cultural inmaterial de la humanidad a la Ruta del Vitimigrante. Esto ayudará a valorizar más el territorio, a generar actividad económica y sacar a la gente de la pobreza… Sólo hay 11 paisajes vitivinícolas que son Patrimonios de la Humanidad”.
PABLO LACOSTE, historiador mendocino, impulsor de la Ruta del Vitimigrante.
Por su parte, el arqueólogo español Juan Blanquez indicó que “en lo patrimonial hay muchas posibilidades, lo más importante es construir un ‘edificio’ bien cimentado”. Y marcó la diferencia entre lo que sucede en tierras europeas con respecto a los territorios sudamericanos o africanos frente a lo patrimonial.
Argumentó al respecto que “se ha evolucionado, y la comunidad científica se ha dado cuenta que el objeto (un cuadro, una catedral, una cerámica) en sí mismo no es una fuente de conocimiento ni fuente de disfrute social ni de mejora económica… Hay que pensar en una economía de la cultura, ya que la cultura no debe ser un gasto sino una inversión, y además el patrimonio tiene otra ventaja económica porque es un valor que no se puede deslocalizar y otorga riqueza protegiendo la raíz del pasado para proyectarla al futuro”.
Para finalizar, Blánquez manifestó: “Esto no va en contra del turismo de sol y playa sino que complementa el circuito». No obstante, indicó que la zona Este de Mendoza «tiene una fuerte personalidad y todos los esfuerzos deberían estar concentrados en estas nuevas prácticas de ecoturismo, o turismo ecocultural».
Ahora falta que la Comisión de Turismo de la Legislatura emita su dictamen y, en caso de resultar positivo, el proyecto pasará para tratamiento en la Cámara de Diputados. Se abre así un período de deliberación. Muchas pymes y vecinos del Este de Mendoza esperan con muchas ansias la concreción de este proyecto, que según se supo ya contaría con la aprobación de Diputados.













