Granizo, heladas, viento y exceso de humedad ya le costaron al gobierno y aseguradoras Mendoza $7.300 millones en compensaciones durante la última temporada. Frente al fenómeno climatológico El Niño, este año de particular intensidad, empresas como Agrinet apuestan a combinar distintas mallas de protección para dar respuesta a un escenario ambiental cada vez más variable y hostil.
El cambio climático dejó de ser una discusión abstracta para el productor agrícola mendocino: se traduce, temporada tras temporada, en granizadas más frecuentes, heladas más sorpresivas, vientos más intensos y lluvias que alteran por completo el manejo habitual del cultivo. Y el horizonte inmediato no da respiro: los organismos internacionales prevén que el actual episodio del fenómeno climatológico El Niño, ya en una fase de fuerte intensificación, podría convertirse en un evento excepcional hacia fines de 2026.
«Los escenarios climáticos actuales refuerzan una tendencia que el productor ya viene experimentando: mayor necesidad de anticiparse a condiciones ambientales variables y eventos extremos», explican desde Agrinet, empresa mendocina especializada en sistemas de protección de cultivos. Frente a ese diagnóstico, la compañía viene ampliando su oferta de mallas para dar respuesta a un abanico de riesgos que ya no se limita al granizo.
De la malla antigranizo a la protección integral
Desde siempre, la malla antigranizo fue sinónimo de protección de cultivo en Mendoza: una estructura elevada que además de resguardar contra el impacto físico del granizo, modera la radiación solar y genera una sombra que reduce el estrés hídrico de la planta. Pero el escenario climático actual empujó a la empresa a sumar otras dos herramientas que hoy se piden cada vez más en combinación.
Una es la malla cortaviento, de tejido más denso que la antigranizo, que se coloca en forma perpendicular a la dirección del viento predominante para bajar su velocidad antes de que impacte sobre el cultivo. La demanda de este producto creció a partir de una necesidad real en dos zonas puntuales de la provincia, el Este mendocino y sectores limítrofes con San Juan, donde ya hay productores que compran el combo completo de malla antigranizo y cortaviento como forma de cubrir dos frentes de riesgo al mismo tiempo.
La otra novedad es la malla antimaleza, una idea que Agrinet tomó de la experiencia en Chile y que -a diferencia de las anteriores- no se instala en altura sobre el cultivo, sino directamente sobre el suelo. Su desarrollo responde a un problema muy concreto de la temporada pasada: el exceso de precipitaciones generó una humedad en el suelo que disparó el crecimiento de malezas a un ritmo que ni las aplicaciones de herbicidas ni el paso de maquinarias lograban acompañar. «La temporada pasada íbamos muy atrás con las malezas por la humedad que había en el suelo», recuerda Agustina Debernardi, gerenta de Relaciones Institucionales de Agrinet, sobre el origen de esta línea de producto.
Proteger no es sólo evitar una pérdida
Para la empresa, la lectura del escenario actual no pasa por ofrecer un único producto «milagroso», sino por pensar la protección del cultivo de manera integral, o sea cubrir el riesgo de granizo, moderar la radiación, reducir el impacto del viento y mejorar el manejo del suelo frente a las malezas, según cada combinación de riesgos que enfrente cada finca.
«El desafío no es evitar que el clima cambie, sino lograr que el sistema productivo esté mejor preparado para enfrentar esos cambios. Invertir en protección no significa solamente evitar una pérdida: significa darle mayor previsibilidad al cultivo, cuidar la calidad y hacer más eficiente cada recurso utilizado en la finca», resumen desde la compañía.
Lo que cuesta no adaptarse
El respaldo a esta estrategia no es solo técnico, también aparece en los números públicos. Durante la temporada 2024/25, el gobierno de Mendoza destinó $7.300 millones a compensaciones por daños provocados por contingencias climáticas a través del Fondo Compensador, una cifra que dimensiona el impacto económico real de estos eventos sobre la producción agrícola provincial. De cara a la temporada 2025/26, el Gobierno provincial volvió a reforzar ese esquema de cobertura, con compensaciones de hasta $2 millones por hectárea para determinados cultivos y niveles de daño.
Ese respaldo estatal funciona como una red de contención ante el desastre ya ocurrido, pero no reemplaza la inversión en prevención.
Con un fenómeno de El Niño que se perfila como uno de los más intensos de los últimos años, la ecuación que empieza a manejar el productor mendocino combina ambas patas: la cobertura oficial para el daño consumado, y una protección física del cultivo -cada vez más multicapa- para reducir la probabilidad de necesitarla.














