En una iniciativa conjunta del gobierno de Nápoles, el Ministerio de Cultura de Italia, la Unesco y una bodega de la zona, se recupera la tradición ancestral de esta región volcánica del sur del país europeo por producir uvas de calidad entre los muros del yacimiento arqueológico. Ya hay una hectárea de viñedo productiva y se plantaron 4 hectáreas más, para producir 30.000 botellas que se venden en el Parque y por internet.
En Italia, una viña sorprende a los turistas entre las ruinas de Pompeya, al pie del volcán Vesubio, en un proyecto vitivinícola destinado a producir miles de botellas de vino a partir de uvas cultivadas entre los templos, casas restauradas y antiguos caminos del Imperio Romano, todo en el interior del yacimiento arqueológico.
Pompeya quedó sepultada bajo unos seis metros de ceniza volcánica tras la erupción del Vesubio en el año 79 d.C.
En los frescos pintados en las paredes de las casas de la legendaria ciudad, una vez despejada la ceniza volcánica, los arqueólogos hallaron indicios de que el vino era una parte importante de la antigua sociedad romana. Allí se ven imágenes de fiestas y comidas que incorporaban rituales vinculados a Dioniso, el dios del vino. Además se descubrieron allí tinajas de cerámica para guardar el vino enterradas en el suelo y ánforas para exportarlo.
La decisión de devolver a la vida los antiguos viñedos tiene sus raíces en la historia y también pretende dar un impulso a la economía local. «En Pompeya hace dos mil años había viñedos y hoy vuelve a haber viñedos que ya producen vino, cuya venta nos ayuda a abaratar los costos de mantenimiento», contó Gabriel Zuchtriegel, director del Parque Arqueológico de Pompeya.

Es una oportunidad fantástica para dar a conocer la historia de Pompeya, que es en gran parte la historia de la agricultura y el campo y del equilibrio entre las comunidades humanas y el medio ambiente».
GABRIEL ZUCHTRIEGEL, director del Parque Arqueológico de Pompeya.
Según Zuchtreigel, los antiguos pompeyanos trataban el vino como parte de su dieta normal. Los soldados lo bebían por la mañana, le ponían hierbas y especias y lo calentaban para hacer vino caliente para calentarse en invierno. Fabricaban tanto vino que lo exportaban por todo el Mediterráneo: España, el norte de África, la actual Turquía y parte de lo que hoy son Alemania y Reino Unido.

La uva que utilizan se llama Aglianico, originaria de Grecia e introducida en Italia entre los siglos VII y VI antes de Cristo. La Aglianico es una de las variedades más famosas de uva antigua, que ahora también se encuentra en muchos viñedos de California y Australia.
Hasta hace poco, Pompeya contaba con sólo una hectárea de viñedos en sectores de la ciudad recuperada históricamente cultivadas. Pero recientemente se empezaron a plantar cinco hectáreas más, integrando la viticultura en la experiencia del visitante. “No se trata sólo de comprar una botella”, subrayó Zuchtriegel, “sino de aprender cómo se cultivaba la vid y qué significaba el vino en la vida de Pompeya”.
Las viñas se están cultivando con métodos agrícolas sostenibles. En colaboración con el productor de vino italiano Feudi di San Gregorio, tienen previsto producir unas 30.000 botellas de vino, que se venderán en el parque y por internet.
Así, dos milenios después, la ciudad romana vuelve a brindar, uniendo arqueología, paisaje y tradición agrícola en uno de los yacimientos arqueológicos más emblemáticos del mundo.
Fuentes: Euronews (Por Tokunbo Salako) y diario La Vanguardia de España














