Un reciente informe sobre consumo de vino en el mundo de la consultora española Del Rey AWM concluye que el aumento de las ventas de vinos «populares» o «comunes» en detrimento de los vinos de gama media se debe más a la caída de los ingresos promedio de la población a nivel mundial, que a una moda o a una tendencia «saludable». En Argentina -donde 73,5% de los despachos al mercado interno en lo que va de 2026 pertenecen a esta categoría-, esta tesis estaría demostrada por el fenómeno de ventas de las marcas de vinos «de mesa» Toro (Grupo Fecovita) y Termidor (Grupo Peñaflor), cuyos precios a agosto de 2026 rondan los $2.500 en las góndolas de los supermercados.
La creciente polarización en el consumo de vino podría explicarse, al menos en parte, por las crecientes disparidades en los ingresos a nivel mundial. Este fue el argumento central expuesto por los expertos de la consultora española Del Rey AWM en la conferencia de la Asociación Europea de Economistas del Vino (Euawe, por su siglas en inglés) celebrada en las ciudades de Trieste (Italia) y Koper (Eslovenia) entre el 8 y el 11 de junio de 2026.
La presentación destacó cómo la evolución de la distribución mundial de la renta de la población podría estar condicionando las tendencias actuales del mercado del vino y explicando por qué crecen ciertos segmentos y tipos de productos mientras otros caen fuerte.
Lo primero que debe tenerse en cuenta, según advierte Del Rey AWM, es que los mercados internacionales del vino se están polarizando cada vez más:
-Los vinos premium y súper premium siguen mostrando resiliencia, viéndose menos afectados por la crisis actual. Por ejemplo, en Francia, los vinos de Borgoña han tenido un mejor desempeño que los de Burdeos.
-Los vinos populares (no necesariamente económicos, pero sí muy apreciados por el consumidor) también presentan un comportamiento relativamente bueno. Entre ellos se incluyen los vinos blancos, los espumosos, los estilos más frescos y dulces, las opciones con bajo contenido alcohólico o sin alcohol, los mostos parcialmente fermentados y los cócteles a base de vino, como el “spritz”. En general, los vinos blancos superan a los tintos, los espumosos superan a los vinos tranquilos y productos como el Prosecco italiano tienen un mejor desempeño que alternativas como el Cava español. Esto refleja una tendencia más amplia hacia nuevos hábitos de consumo y categorías.
Las marcas «comunes» líderes en Argentina
En Argentina, como demostración de esta tendencia, la marca de vino más vendida en el mercado interno es Toro (que en su versión Blend de Tintas tiene 12,5° de alcohol), producida por la Federación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (Fecovita), seguida muy de cerca por Termidor, perteneciente al Grupo Peñaflor. Ambas marcas lideran ampliamente el consumo masivo en envases de cartón (Tetra Brik), segmento que representa la mayor parte de los litros que se beben diariamente en el país (ver la nota de Enolife «El vino «común» es el más vendido en Argentina, con el 73,5% del total de despachos en 2026)
Fecovita fracciona y mueve unos 270 millones de litros totales anuales entre todo su portafolio, lo que significa que el vino Toro, con unos 180 millones de litros vendidos por año, por sí solo representa cerca del 30% de todo el mercado vitivinícola argentino.
Por su parte, el vino Termidor mantiene un posicionamiento estratégico histórico y de alto volumen dentro del mercado argentino, ubicándose de forma sostenida en el puesto 2 del Top 3 de las marcas líderes del segmento de vinos de mesa (en envase Tetra Brik), seguida por Uvita, de la empresa Baggio.
Termidor fue la marca pionera en el segmento, ya que introdujo el formato de vino en cartón en la Argentina a principios de la década de 1980. Al igual que el Toro, tiene la ventaja del respaldo corporativo que le otorga el Grupo Peñaflor, el holding vitivinícola de bodegas privadas más grande del país. Esto le otorga una capacidad de distribución masiva y llegada a casi cualquier supermercado o almacén de barrio del territorio nacional.
La marca Termidor tiene un piso de consumo tan alto y fiel en los hogares argentinos que, ante momentos de escasez de materia prima local (vino tinto genérico a granel), el grupo propietario ha preferido importar millones de litros (principalmente desde Chile) para sostener el stock de Termidor en las góndolas y no descuidar la demanda de sus clientes. Su volumen de ventas se sostiene en una base de consumidores estable de todos los niveles socioeconómicos que prioriza la relación costo-beneficio para el consumo diario en el hogar.
La caída de la gama media
En el extremo opuesto a los vinos populares, los vinos tradicionales de gama media (particularmente los tintos procedentes de regiones productoras consolidadas) son los que experimentan el mayor descenso. Esto resulta especialmente evidente en las regiones con mayores costos de producción, como Sudamérica, Europa y Estados Unidos (país donde se han aplicado medidas como la destilación de crisis y los planes de erradicación de viñedos).
La mala noticia es que, si bien los segmentos premium y populares muestran una fortaleza relativa, su crecimiento no compensa el descenso en el segmento de gama media, lo que se traduce en una contracción general del consumo de vino.
La Consultora autora del informe
Del Rey AWM es una consultora internacional española especializada en la investigación, análisis y seguimiento de los mercados globales del vino. Liderada por Rafael del Rey (exdirector de la Fundación para la Cultura del Vino y del Observatorio Español del Mercado del Vino), la firma transforma datos complejos del sector vitivinícola en conocimiento estratégico para bodegas, instituciones y exportadores
Las otras causas del declive del consumo
Desde la recuperación posterior a la pandemia, el consumo mundial de vino ha entrado en un período de declive. Algunos factores contribuyentes, además de la baja promedio de la renta anual en el mundo, son temporales, como las tensiones geopolíticas (por ejemplo, la guerra en Ucrania), las barreras comerciales y las presiones inflacionistas. Sin embargo, varias tendencias estructurales parecen más duraderas como son:
- Un giro hacia la desglobalización, que reduce los flujos del comercio internacional.
- El resurgimiento de patrones de consumo locales, especialmente en mercados como China.
- El aumento de las presiones institucionales y normativas sobre el consumo de alcohol.
- Un cambio más amplio en las preferencias de los consumidores hacia bebidas más ligeras, frescas y dulces.
Estos acontecimientos plantean una pregunta importante: ¿hasta qué punto forman parte estas tendencias de una transformación más amplia de la economía mundial?
La polarización observada en los mercados del vino refleja tendencias de otros sectores. Por ejemplo, en el turismo, tanto los viajes de lujo (como los hoteles de cinco estrellas) como las opciones económicas (como las aerolíneas de bajo coste o Airbnb) crecen a mayor ritmo que la oferta de gama media. Esto sugiere un patrón económico más general en el que la demanda se desplaza hacia ambos extremos del mercado. Algo que también muestra el negocio del vino.
Una mirada sobre el ingreso
El parámetro económico llamado Curva de Lakner-Milanovic (también conocido como la “curva del elefante”) ilustra la distribución desigual del crecimiento de los ingresos de los individuos pertenecientes a diferentes grupos de ingresos a nivel mundial. Muestra de manera muy clara cómo evolucionó la renta real entre 1988 y 2008 para diferentes segmentos de la población mundial según su distribución global de ingresos.
En resumen, la curva muestra cómo el 0,5% superior de la población mundial por ingresos experimentó en estos años un crecimiento excepcional de sus ingresos. Un crecimiento menor, aunque todavía elevado, fue el que experimentó el 15% superior de la población según sus ingresos. En el extremo opuesto, las personas más pobres del planeta apenas muestran incremento alguno, pero se detecta un crecimiento muy fuerte entre los individuos no tan pobres, con ingresos situados entre los percentiles 10 y 30.
El crecimiento notable y consolidado se observa en las personas situadas entre los percentiles 30 y 60 de la distribución mundial de ingresos, lo que “representa a la clase media global”, para la cual dicho crecimiento “efleja el rápido desarrollo económico de muchos países que antaño se consideraban “países en desarrollo”, como China o la India.
La parte más negativa del gráfico muestra el descenso de los ingresos reales de las personas situadas en los percentiles relativamente más altos -entre el 60 % y el 80 %-, quienes pueden identificarse con las clases medias de los países de mayores ingresos. Esta clase ha experimentado un crecimiento salarial nulo o escaso durante el proceso de globalización comprendido entre los años 1988 y 2008.
Esto muestra que han surgido nuevas clases medias que han experimentado un crecimiento considerable en las últimas décadas, especialmente en lo que se consideraban “economías menos desarrolladas”; en segundo lugar, los más ricos se han vuelto aún más ricos; y, en tercer lugar, los ciudadanos más afectados han sido los pertenecientes a las clases medias tradicionales de las economías consideradas históricamente como “desarrolladas”.
¿Podría la evolución de los ingresos de la población mundial -junto con otros factores- constituir al menos parte de la explicación del desarrollo del consumo de vino? De ser así, ¿qué tipos de vinos cabe esperar que tengan una mejor evolución en el futuro?
Partiendo de la explicación de Lakner-Milanovic sobre la evolución de los ingresos a nivel mundial, cabe considerar lo siguiente:
–Es probable que los consumidores más adinerados impulsen la demanda de vinos premium y ultra-premium, a pesar de representar un segmento de la población pequeño (aunque en crecimiento).
–Es poco probable que los sectores de menores ingresos participen de manera significativa en el consumo de vino.

Las clases medias emergentes de las economías en desarrollo, al acercarse al mundo del vino, pueden vincularse con el producto de dos formas distintas:
-Adoptando nuevos estilos de consumo y prefiriendo productos más frescos, dulces o innovadores (por ejemplo, en la India), con patrones de consumo diferentes.
-Adoptando gradualmente estilos de vino más tradicionales, lo que genera oportunidades para los productores consolidados en nuevos mercados.
Las clases medias tradicionales de las economías desarrolladas -históricamente el núcleo de los consumidores de vino- se encuentran bajo presión y en crisis. Estas clases están cambiando sus hábitos de consumo y enfrentándose a una reducción de su poder adquisitivo, lo que dificulta mantener la demanda de vinos tradicionales de gama media.
Si la relación entre la distribución mundial de la renta y el consumo de vino es válida, ello conlleva importantes implicaciones estratégicas para los productores y las regiones vitivinícolas. Es posible que las empresas deban:
–Centrarse en segmentos de mercado específicos en los que sean más competitivas.
-Desarrollar carteras diversificadas que atiendan a distintos grupos de consumidores a lo largo de todo el espectro de ingresos.
Los intereados en leer el informe completo de Del Rey AWM, pueden hacer click AQUÍ.
Fuentes: Observatorio Vitivinícola Argentino, Instituto Nacional de Vitivinicultura de Argentina, Consultora Del Rey AWM y propias.
















