El ADN recuperado de antiguas semillas de uva conservadas en pozos etruscos y romanos revela una historia genética inédita y reescribe la historia del vino en una de las regiones más famosas de Italia. En la Toscana, donde hoy se producen el Chianti y algunos de los mejores vinos tintos del mundo, entre los siglos III a.C. y III d.C. dominaban las cepas blancas.
Un equipo de investigadores internacionales, tras una investigación publicada hoy 12/6/2026 en la revista científica www.sciencedirect.com confirmó que 80 semillas de uva de hasta 2.300 años de antigüedad pertenecían mayoritariamente a una misma variedad de cepa blanca que sobrevivió durante siglos, desde la civilización etrusca hasta la dominación romana. El hallazgo, realizado en la región italiana de Chianti, aporta una de las reconstrucciones genéticas más completas jamás obtenidas sobre viñedos antiguos.
La investigación demuestra que los viñedos de la Toscana formaban parte de una sofisticada red agrícola integrada en el Imperio Romano. Además, los análisis revelan que las famosas tierras donde hoy predominan los vinos tintos estuvieron dominadas durante siglos por uvas blancas.
El descubrimiento ofrece una ventana excepcional al pasado agrícola europeo, permitiendo rastrear la evolución de variedades cultivadas hace dos milenios y establecer conexiones sorprendentes con cepas que aún sobreviven en la actualidad.
Blancos en la tierra de los tintos
La historia comienza en Cetamura del Chianti, un asentamiento situado sobre una colina de la Toscana. Entre los siglos III a.C. y III d.C., sus habitantes arrojaron miles de semillas de uva a profundos pozos. Lo que para ellos fue un gesto cotidiano terminó convirtiéndose en un tesoro arqueológico.
Las condiciones anaeróbicas del barro acumulado en el fondo de estos pozos actuaron como una cápsula del tiempo. Sin oxígeno, las semillas permanecieron extraordinariamente bien conservadas durante dos milenios, conservando incluso fragmentos de ADN analizables.

Los investigadores secuenciaron el material genético de 80 semillas y encontraron un resultado inesperado: la inmensa mayoría pertenecía exactamente al mismo clon de vid, una variedad que fue cultivada generación tras generación durante varios siglos.
Pero había un detalle aún más desconcertante. Los marcadores genéticos permitieron identificar el color de las uvas. Contra todo pronóstico, la variedad dominante producía frutos blancos. El dato resulta especialmente llamativo porque la región de Chianti es conocida internacionalmente por sus vinos tintos elaborados principalmente con la variedad Sangiovese.
La imagen moderna del paisaje vinícola toscano podría ser mucho más reciente de lo que se pensaba. Antes de que los tintos dominaran la región, los agricultores etruscos y romanos parecían haber apostado durante siglos por una variedad blanca cuidadosamente seleccionada y mantenida.
Según los investigadores, esta continuidad genética refleja una gestión agrícola sorprendentemente avanzada para la época. Mantener un clon idéntico durante generaciones requería conocimientos de propagación vegetativa y una selección constante de plantas, prácticas que hoy siguen siendo fundamentales en la viticultura moderna.
Fuentes: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0305440326001354 y Muy Interesante, por Sergio Parra













