Con las bodegas llenas de vino (expertos calculan un stock como para 7 meses de despachos y ventas), el dato que acaba de arrojar el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) no aparece como alarmante ni tan negativo. Según estimó la entidad ya regulada pero aún fiscalizadora de la vitivinicultura argentina, se prevén cosechar unos 13.450.000 quintales (1.345 millones de kilos) en la provincia.
Por Pedro Straniero,
editor de Enolife
(pstraniero@enolife.com.ar)
En medio de un proceso de reacomodamiento del sector vitivinícola en Argentina, en el cual tanto productores primarios como bodegueros y todas las cadenas intermedias (proveedores de insumos y servicios, exportadores, traders) están buscando nuevas opciones de diversificación de la producción y de comercialización, se conoció el dato, estimado por el INV, de que en Mendoza se cosecharán unos 1.345 millones de kilos de uva, esto es un 9% menos que en 2025, con una posibilidad de error en los cálculos de +/- 5%.
Ante esta realidad, y seguramente conociendo los datos previos, el gobernador de la provincia de Mendoza, Alfredo Cornejo, se puso el traje de vendedor y viajó a la feria mundial Wine Paris (del 9 al 11 de febrero) junto a Patricia Giménez, la titular de ProMendoza, la agencia de promoción de los productos mendocinos en el exterior.
Sabedor el mandatario mendocino de que la industria no atraviesa de ninguna manera una crisis terminal, como han vociferado algunos apocalípticos del sector -que siempre los hay, o por intereses particulares o por falta de visión de futuro-, decidió acompañar a una misión de 72 bodegas locales que ofrecerán sus productos en la Ciudad Luz. Allí, además de promover nuestros tesoros del campo, se sentará en reuniones de negocios frente a 50 importadores de Europa y Asia, tentándolos no sólo con nuestros buenos vinos sino también con uva de mesa, pasas y mosto concentrado. Es que, como todos sabemos y lo vienen advirtiendo el propio Cornejo y su ministro de Producción, Rodolfo Vargas Arizu, habrá que diversificar para poder vender más.

Optimismo aparte, hay que cuidar a quienes sostienen todo el andamiaje de la vitivinicultura: los productores primarios. El gobierno y las propias cooperativas que los agrupan tendrán que asistirlos con financiamiento, asesoramiento y ayuda en la negociación con los bodegueros para que puedan vender toda la uva que están cosechando. Ese rescate evitará abandonos de fincas, reconversiones apresuradas a otros cultivos sin los imprescindibles estudios de mercado y planes de negocios, y ventas de propiedades productivas para emprendimientos inmobiliarios.
Para enfrentar esta problemática acuciante, el flamante presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), Fabián Ruggeri, propuso hace días, en una entrevista exclusiva con Enolife (ver AQUÍ), fomentar una vieja práctica algo resistida en Argentina pero de provechoso resultado en los principales países productores de Europa: la asociación más estrecha entre viñateros y bodegueros, que cuando está bien implementada permite una mayor previsibilidad en el diseño de la producción primaria, la elaboración, la guarda del vino y el desarrollo de planes de negocios.

La idea de Ruggeri, fiel a su origen, espíritu cooperativista y practicidad, es sólo una de las muchas soluciones innovadoras que deberán aportar los distintos sectores de la cadena productiva para salir adelante, desde el viñatero al funcionario público con poder de asignar recursos, desde el bodeguero al exportador, desde el vinotequero al supermercadista, desde el operador enoturístico al empresario gastronómico y los hoteleros.
Y al final de la cadena está el tomador de vino, aquí y en la China, sin cuyo vaso en mano (o copa flauta o lata o coctelera o jarra loca) no hay «tu tía». Y para conservarlo y estimularlo a consumir más, la industria en su conjunto debe desarrollar estrategias alternativas, como ya lo están haciendo con el vino bajo alcohol o cero, la venta de vino suelto y en copas, el expendio al paso con el parroquiano acodado en la barra de un bar como en España y Francia, el impulso a la sanción de una ley de edulcoración de otras bebidas con jugo de uva o mosto concentrado y todo lo que inteligentemente se pueda planear en conjunto.












