Comenzó hoy 19/9/2026 uno de los festivales más esperados y de identidad de nuestro calendario anual: la XVII edición de Tango por los Caminos del Vino, que hasta el 24 de setiembre volverá a entrelazar la sensualidad del 2×4 con la majestad de los paisajes de Mendoza. En esta columna -publicada originalmente en el diario Memo- el historiador y escritor mendocino Juan Marcelo Calabria pone en valor este ciclo que ya se ha convertido en patrimonio cultural de la provincia.
Setiembre tiene esa magia singular en nuestra provincia: el aire primaveral empieza a acariciar las arboledas, las bodegas abren sus galerías al sol y el pulso cultural mendocino cobra una fuerza irresistible. En este marco, llega uno de los festivales más esperados y de identidad de nuestro calendario anual: la XVII edición de Tango por los Caminos del Vino, que del 19 al 24 de setiembre vuelve a entrelazar la sensualidad del 2×4 con la majestad de nuestros paisajes, la excelencia gastronómica y la nobleza de nuestros vinos de montaña. Como solemos reflexionar, cuando el arte y el vino se encuentran en el terruño, la experiencia trasciende el mero espectáculo para convertirse en una verdadera fiesta de los sentidos.
El telón de esta gran fiesta se levantó con todos los honores el sábado 19/9 hs en la sala mayor de los mendocinos, el entrañable Teatro Independencia. La velada de apertura, titulada «Entre cantores», fue una noche de gala inolvidable protagonizada por la Orquesta Filarmónica de Mendoza, bajo la batuta del destacado director invitado Juan Pablo Aguayo. El escenario vibró con el encuentro intergeneracional de dos voces mayúsculas del género: el gran referente de la escena porteña Hernán «Cucuza» Castiello y el talentoso cantor local Jero Flores, acompañados en su primera parte por un refinado ensamble de violín, guitarra, contrabajo y bandoneón.
Vino y bandoneón entrelazados
A lo largo de seis jornadas consecutivas, el festival despliega un abanico de conciertos en escenarios de ensueño, llevando la música ciudadana – declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad- a emblemáticas bodegas y espacios patrimoniales de toda la provincia. Desde los oasis del Gran Mendoza hasta los rincones del Sur provincial en San Rafael, con presentaciones confirmadas en todos los rincones del territorio, la propuesta permitirá que mendocinos y visitantes disfruten de maridajes únicos donde las notas del bandoneón dialogan con la estructura de un buen tinto o la frescura de un blanco de altura, o un rosado dulce.
Una de las grandes novedades y atractivos de esta edición es el impulso del Circuito Milonguero, una iniciativa comunitaria que funcionará de martes a domingo acercando el baile popular a plazas, salones y esquinas tradicionales de Ciudad, Godoy Cruz, Guaymallén, Chacras de Coria, San Martín, General Alvear y San Rafael. Espacios como Che Popeye, El Abrazo, La Atrevida o Mendoza Tango Art abrem sus pistas con clases formativas y milongas al aire libre, invitando a aficionados y bailarines experimentados a sumergirse en el abrazo fraterno del tango y el vino.
Como un vínculo histórico grabado en el alma de nuestro vino, esta comunión entre la música ciudadana y el terruño mendocino no es una novedad del presente, sino una historia con profundas raíces en nuestra memoria popular. Pocos quizás recuerdan que, en 1944, cuando la Fiesta de la Vendimia adoptó su marcha oficial, Canto a Mendoza, la primera e histórica grabación de ese verdadero himno a nuestro vino fue realizada nada menos que por la legendaria orquesta del maestro Francisco Canaro con la inolvidable voz de Hugo del Carril. Una muestra cabal de cómo los grandes del tango supieron ponerle ritmo y emoción al trabajo de nuestras viñas y al sentir de nuestra gente.
Esa tradición de maridar la excelencia musical con nuestra identidad vitivinícola sigue más viva que nunca. La propia Orquesta Filarmónica de Mendoza ha sido embajadora de este encuentro, llevando la mística del tango a escenarios internacionales como el emblemático Festival Valparaíso Tango en Chile, e interpretando en la sala mayor del Teatro Independencia obras fundamentales de Astor Piazzolla y muchos otros grandes compositores de la música de los arrabales.
Como siempre reflexionamos, revivir estos hitos culturales mientras disfrutamos de una copa de vino es la mejor manera de poner en valor nuestro patrimonio intengible. Cuando los acordes de un bandoneón resuenan entre las vasijas de una bodega o en una plaza mendocina, la historia se vuelve presente y la copa se transforma en celebración. Porque nada mejor que un buen vino para contar una buena historia.
¡Salud por los recuerdos, las nostalgias y los sonoros brindis que seguiremos descorchando juntos bajo nuestro eterno cielo mendocino!














