Setiembre en Mendoza no sólo nos invita a honrar a los maestros, sino a reflexionar sobre aquellos hombres y mujeres de visión que entendieron que la educación, el conocimiento, la ciencia, el trabajo, el desarrollo, la tierra y el agua debían marchar juntos. En esta nota publicada originalmente en el diario Memo, el historiador y escritor mendocino Juan Marcelo Calabria cuenta cómo el prócer sanjuanino tuvo la visión de fundar en esta provincia la Quinta Normal y Escuela de Agricultura, pilar fundamental de la vitivinicultura provincial.
Recordar a Domingo Faustino Sarmiento es volver sobre los pasos de una verdadera visión de progreso que redefinió para siempre nuestro mapa nacional y especialmente provincial.
El sanjuanino comprendió antes que nadie que el futuro de la región de Cuyo no residía en la mera subsistencia, sino en la modernización de sus surcos y en la búsqueda de una excelencia en la producción que hoy habita en cada una de nuestras copas.
La chispa transformadora comenzó a gestarse durante su exilio en Chile, donde Sarmiento promovió en 1841 la creación de la Quinta Normal de Santiago. Aquella estación experimental sirvió para adaptar cepas y vegetales europeos al suelo americano, demostrando que el conocimiento aplicado a la agricultura era el motor indispensable para el desarrollo de los pueblos.
Con esa convicción intacta y tras la reorganización institucional de Argentina, regresó a su país con el firme propósito de replicar ese modelo de vanguardia en el oasis mendocino. El momento bisagra de esta historia se concretó el 17 de abril de 1853, cuando se presentó ante la Legislatura de Mendoza, bajo la gestión del gobernador Pedro Pascual Segura y su ministro Vicente Gil, el proyecto para fundar la Quinta Normal y Escuela de Agricultura.
Este proyecto fue aprobado con fuerza de Ley por la Cámara de Representantes, el 6 de setiembre del mismo año. Para liderar esta gesta técnica, Sarmiento convocó al agrónomo francés Michel Aimé Pouget, un talentoso especialista conocido coloquialmente como «el Brujo» por sus ingeniosos experimentos botánicos. Aquella fecha emblemática de la iniciativa legislativa es la que hoy conmemora el mundo entero en cada Día Mundial del Malbec.
Pouget cruzó la cordillera custodiando un tesoro agrícola invaluable: plantines, semillas y más de un centenar de variedades de Vitis vinifera, entre las que destacaba el Malbec -entonces denominado «Auxerrois» y «Côt Noir», o simplemente «Côt»- junto al Cabernet Sauvignon, Merlot y Pinot Noir.
Aunque los recursos presupuestarios iniciales fueron recortados por las urgencias de la época, el tesón de Pouget en la primigenia Quinta Agronómica permitió que el suelo mendocino viera madurar los primeros racimos de uvas francesas seleccionadas.
Aquella Quinta Agronómica, instalada originalmente en los terrenos del actual Centro Cívico de la Ciudad de Mendoza, no sólo transformó la calidad de los viñedos, sino que sembró las bases de la educación académica al convertirse años más tarde en la histórica Escuela Nacional de Agricultura y, posteriormente, en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo. Las cepas francesas encontraron en el clima seco, la luminosidad andina y las aguas puras de deshielo el terruño perfecto para prosperar, permitiendo que el Malbec desarrollara su textura envolvente, sus taninos dulces y una concentración frutal sin igual.
En su última visita a Mendoza en 1884, el ex presidente, un Sarmiento ya maduro, evocó con emoción aquella «conspiración secreta« que entabló décadas atrás para introducir maderas, mejorar las viñas y enriquecer la industria vitivinícola provincial. La visión del prócer se vio complementada algunos años más tarde por el trabajo tenaz de generaciones de viticultores, enólogos e inmigrantes, que convirtieron a Mendoza en el corazón vitivinícola de la Argentina, concentrando más del 75% de la producción de vino y posicionando al Malbec como nuestro símbolo de distinción en el mundo.
Esta trama viva de historia y trabajo, cuya chispa inicial encendieron pioneros como Sarmiento y Pouget, encuentra hoy su más justo y emocionante reconocimiento en la reciente sanción de la Ley Nº 9720, la cual declara Patrimonio Cultural Inmaterial de la Provincia de Mendoza a la «Ruta del Vitimigrante». Este itinerario histórico, simbólico y cultural abarca los departamentos de Rivadavia, San Martín, Junín, Santa Rosa y La Paz, rindiendo homenaje a aquellas valientes familias de inmigrantes que, entre 1870 y 1960, transformaron con su temple y sudor la fisonomía del Este mendocino, y también de toda la provincia, dando origen a una identidad colectiva indisolublemente ligada a la cultura de la vid y del vino.
Es el abrazo definitivo entre la visión republicana del siglo XIX, la abnegada epopeya de los pioneros y el presente de nuestra vitivinicultura de excelencia, que hoy enfrenta grandes desafíos y exige innovación y transformación. Como siempre proponemos, alzar la copa en cada una de nuestras mesas y en cada reunión, o en un momento de relax y descanso, es mantener encendida la llama sagrada de nuestras raíces y brindar por quienes convirtieron el desierto en nuestro mayor orgullo.
En este mes dedicado a aquel visionario, maestro y presidente Domingo Faustino Sarmiento, saludamos a los docentes que con su trabajo siguen apostando una Mendoza y una Argentina próspera y justa, recordando que honrar las raíces e identidad es aprender a mirar nuestro paisaje con gratitud hacia quienes supieron sembrar futuro donde otros solo veían desierto. Cada descorche de nuestros vinos es un homenaje a esa visión apasionada que unió la ciencia, la educación, la cultura y el trabajo en un abrazo eterno de grandeza y prosperidad. Porque como siempre decimos nada mejor que un buen vino para contar una buena historia.
Fuente: Diario Memo y Canal del sitio Vinos e Historias: https://whatsapp.com/channel/0029VafyI9gLSmbYgJTvCS0q














