Es una obra de orfebrería única en el mundo, hecha de oro, plata y platino, con incrustaciones de brillantes, esmeraldas, zafiro y cuarzo. En esta Vendimia 2025 cumplirá 30 años desde su fabricación por el artista porteño Carlos Tomasik y su donación por el tradicional gemólogo mendocino Enzo Vendemmia. Tiene una historia increíble, digna de cuento: en 2013 la robaron de la joyería donde la guardaban tras hacer un boquete en la pared, pero a los pocos días los ladrones la devolvieron asustados por su belleza y ante la imposibilidad de negociarla al ser una pieza tan famosa que ningún traficante o reducidor, al parecer, se animó a recibir.
Por Pedro Straniero, director periodístico de Enolife
La corona de la Reina Nacional de la Vendimia tiene una historia que podría ser argumento de una novela policial, de hecho ya inspiró en parte al talentoso escritor mendocino, ya desaparecido, Miguel A. Guzzante para su novela Vendimia Roja. Es que fue robada ¡dos veces!
La primera, en 1994, en circunstancias nunca bien explicadas por quienes en ese momento eran sus custodios. Aquella corona histórica, no tan valiosa ni engarzada en joyas como la actual, nunca apareció. Y la segunda vez, la que robaron y devolvieron en 2013 fue la corona actual, una pieza única de orfebrería. En ambas ocasiones, según sabemos, los joyeros de la familia Vendemmia fueron involuntarios y sufridos protagonistas, pues las sustrajeron de sus locales. Tanto fue así, que el propio Enzo Vendemmia, en una elogiable actitud para compensar el primer robo, diseñó una corona extraordinaria de oro y plata, con incrustaciones de brillantes y piedras preciosas, zafiro, esmeraldas y cuarzo.
Vendemmia se la encargó al orfebre porteño Carlos Tomasik, quien rápidamente la fabricó a tiempo para estrenarla en la Fiesta de la Vendimia de 1995 sobre la cabeza de la reina elegida, Andrea Parissenti, de Las Heras, coronada por María Ángeles Masi (elegida Reina en 1994), que dejaba su mandato.
Catorce años después del primer robo, ocurrió el segundo, pero esta vez la víctima fue la supercorona enjoyada obra de Tomasik y donada por Vendemmia. Ladrones desconocidos hasta hoy hicieron un boquete en la pared de la joyería de calle San Martín de Mendoza, con el objetivo de sustraer valiosas piezas y relojes que allí se exhibían, sin saber que allí estaba la corona. La encontraron en una caja sin cierres de seguridad y se la llevaron, digamos que al bulto.
La corona pesa 365 gramos y tiene una altura de 16,5 cm. Fue donada por el joyero Enzo Vendemmia y diseñada por el orfebre porteño Carlos Tomasik. Cada una de las piezas fue realizada por separado y luego ensambladas. El valor de esta corona es de U$S 35.000.
Días después, los ladrones, sin duda profesionales porque burlaron todas las medidas extremas de seguridad que había en el local, apabullados o atemorizados por la persecución policial que se montó por la corona, la devolvieron a través de una triangulación con un tercero que se la entregó al conocido abogado penalista Martín Ríos, y este a la Justicia mendocina. Tal vez pensaron que así aflojaría la búsqueda sobre ellos, y parece que así fue, porque nunca los encontraron, o nunca los funcionarios comunicaron su detención.

Mayores detalles del caso policial los puede leer cualquier lector en las crónicas periodísticas de ambas épocas. La consecuencia de estos hechos, en especial del segundo, fue que el gobierno de Mendoza, lógicamente asustado por el acecho de los cacos a los atributos reales, escondió la corona enjoyada. Desde entonces, la diadema está bajo la custodia del Grupo Especial de Seguridad (GES) de la Policía de Mendoza, y sólo aparece sobre una cabeza real de vez en cuando, tal vez en la coronación del Acto Central, aunque jamás se sabe, porque tiene dos réplicas y nunca se anuncia si saldrá a escena la original o la copia. Una estrategia parecida a la de los dobles de riesgo en las películas.
Los atributos, un tesoro del reino
Como contamos, la corona robada y restituida fue usada por primera vez en la Vendimia del año 1995 por María Ángeles Masi del departamento de Godoy Cruz, quien la puso sobre la cabeza de su sucesora, Andrea Parissenti, de Las Heras. Pero además de la corona, también tienen un alto valor simbólico e histórico, y en algunos casos también material, el resto de los atributos usados por las reinas: la capa, la banda, el anillo y el cetro, todas obras de arte que buscan expresar los valores de la provincia de Mendoza, su riqueza y su cultura.
En especial la corona y el cetro vendimial constituyen un símbolo de la historia y tradición de Mendoza. Todos los años, en la Fiesta Nacional de la Vendimia, que se realiza a principios de marzo, la reina electa recibe estos atributos. Repasemos los detalles, utilizando los textos descriptivos publicados por el Gobierno de Mendoza.
Corona vendimial
La corona tiene 130 gramos de oro de 24 quilates, 500 gramos de plata 925, 3 quilates de brillantes, 3 quilates de esmeraldas, 25 quilates de zafiro y un cuarzo en bruto.
Acercándose a la base de la corona, se encuentran el escudo nacional y otros íconos locales, como el sol y la figura de la libertad del monumento del Cerro de la Gloria, sobre un cristal de cuarzo, que simboliza la epopeya sanmartiniana.
Además, a ambos lados, se deja ver la representación de la cordillera de los Andes, realizada en oro y brillantes, engarzados con platino. Además, cuenta con las figuras de un cóndor y guanacos, que reflejan la fauna autóctona de la región.
Por otro lado, la punta de flecha hace alusión a los aborígenes que habitaron la provincia de Mendoza. Se suman viñas, alamedas y toneles, que reflejan la geografía de la región.
El cetro
Respecto al cetro, se utilizó madera de sarmiento de una planta de vid natural, con un largo de 45 cm. En su extremo superior tiene el cuerno de la abundancia, que aparece en el Escudo provincial, con el racimo de uvas de oro y plata. Toda esta pieza está íntegramente hecha en plata 925; puntualmente, se usaron 200 gramos. Está valuado en 7.000 dólares por la joyería Vendemmia.
Capa
La reina y virreina de la Vendimia utilizan una capa de invierno y otra de verano, que es más liviana. Estas prendas fueron renovadas en 2015 y son de color rojo granate, donde predominan los bordados dorados, para la reina, mientras que la de la virreina es de color azul y sus bordados son en color plata.
Ambas han sido confeccionadas en satén de seda, con labrados en cristal de roca, utilizando casi 5 metros de tela para cada una de ellas. Se prenden en el cuello con un gancho especial de peletería, para preservarlas en buen estado.
La iniciativa nació de Alejandro Ferraro, quien hace muchos años está vinculado a Vendimia, con sus vestidos y novedosos diseños, que lucen las reinas departamentales y distritales en las fiestas de nuestra provincia. Este es un trabajo artesanal, que refleja y manifiesta el trabajo de esta tierra.
Anillo
Guillermo Cordero diseñó, en 2013, el anillo que porta la reina nacional de la Vendimia. El joyero trabajó más de 20 días en el obsequio. El diseñador mencionó: “El anillo fue una creación muy exclusiva, ya que pensé que había que hacer una joya para que la reina luciera en nuestra gran fiesta y demás eventos. Se trata de nuestra representante a nivel provincial, nacional e internacional y debía proyectar esa esencia».
«Por ello, el diseño del anillo fue inspirado en un racimo de uva, construido en oro macizo de 18 kilates. Este racimo lleva en sus granos zafiros naturales, tallados en forma de cabuchón, que se apoya sobre una hoja de parra con brillantes, semejando el rocío de los viñedos. Por otro lado, el tronco del racimo se encuentra adornado con brillantes navet, simulando la base”, explicó Cordero.
Las joyas que se utilizaron en las láminas vendimiales son de diferentes orfebres y marcas, como joyas Swarovski y plata rodinada con piedras de colores.
Banda
En un primer momento, las bandas de la reina y la virreina se hacían con motivos pintados sobre la tela, hasta que, en 1972, la señora Juana Bonadeo de Barroso innovó e introdujo la idea de los diseños bordados, que fueron muy bien aceptados, ya que realzaron la importancia e imagen del atributo.
Actualmente, el trabajo del diseño, confección y bordado de las bandas se reparte entre su hija Mirta Barroso y sus dos nietas. Con el transcurso de las décadas, el diseño de las bandas fue cambiando y modernizándose, según marcaba la tendencia. Gracias a la tecnología, es posible diseñar diferentes tipografías, aunque siempre conservando un estilo sencillo y tradicional de Vendimia.
Para esto se utiliza el mismo lenguaje visual en concordancia con la temática de la gran fiesta de los mendocinos de cada año. Una gran diferencia es que son más angostas, debido a la fisonomía de las chicas, que tienen cuerpos más delgados que las primeras reinas nacionales.
El oficio del bordado requiere de mucha disciplina y criterios para el manejo del color y el género. El tiempo estimado de elaboración de cada banda ronda entre 20 y 30 días.