Según el estudio de antiguos archivos de la Compañía de Jesús realizado por historiadores mendocinos -entre ellos nuestro habitual columnista Pablo Lacoste-, ya hace 259 años existía una explotación comercial ubicada sobre la actual Avenida San Martín, con finca, bodega, lagares, sistemas de conducción y variedades bien identificadas, entre ellas la cepa Moscatel.
Hace 259 años, cuando los escribas jesuitas inventariaron los enormes bienes que la Compañía de Jesús había acumulado en Mendoza antes de la expulsión de la orden de Argentina, quedó escrito uno de los registros más extraordinarios de nuestra historia vitivinícola.
La historiadora Silvina Carbonari señala que el 19 de setiembre de 1767 fue censada la llamada Chacra del Colegio o Viña del Colegio, establecimiento jesuítico situado al norte de la antigua ciudad, junto al Camino Real o calle de La Cañada. Allí fueron registradas nada menos que 48.909 plantas de vid distribuidas en 10 cuarteles y protegidas por una pared de adobe.
Un finca en la actual Avenida San Martín
La «Viña del Colegio» o «Chacra del Colegio» (también conocida históricamente como Hacienda de la Cañada) quedaba al norte de la antigua ciudad colonial de Mendoza, dispuesta a lo largo del Camino Real o calle de La Cañada. En la geografía urbana actual de la ciudad de Mendoza, esta histórica propiedad de la Compañía de Jesús se ubicaba en el área que hoy ocupa la Avenida San Martín (en su tramo norte, entre la Alameda y el Zanjón de los Ciruelos, cerca del límite entre el actual departamento Capital y Las Heras).
La descripción documental permite entrar casi físicamente en aquella viña del siglo XVIII: la arquitecta e historiadora Estela Premat localizó el pasaje en el folio 85v del Inventario de Temporalidades y señala que la propiedad lindaba al norte con tierras de los propios jesuitas y al oeste con la Casa de Ejercicios, el corralón, la ranchería y el Camino Real a Chile.
Entre las plantaciones aparecía además un pequeño sector de moscatel recién implantado, con 275 plantas sostenidas por rodrigones de algarrobo, una técnica de conducción de la vid característica de aquella viticultura tradicional. Y entre los primeros cuarteles fue anotado un elemento inesperado: un brasero. Carbonari plantea que su presencia podría relacionarse con alguna práctica destinada a combatir las heladas, aunque el documento por sí solo no permite asegurarlo.
Hay otro detalle todavía más revelador: la propia descripción advertía que las plantas estaban muy maltratadas y que, debido a las numerosas fallas y espacios vacíos existentes en la viña, debía rebajarse más de una tercera parte de la cuenta general. Es decir, las 48.909 constituyen la cifra registrada por el inventario, pero no deben interpretarse necesariamente como 48.909 cepas sanas y plenamente productivas. Y aquí aparece un fascinante problema documental.
En la Mendoza colonial de 1767 existía una explotación jesuítica de enorme escala, con decenas de miles de vides, variedades identificadas, sistemas de conducción, bodega, lagares y una organización productiva que demuestra que la historia del vino mendocino era ya profundamente compleja mucho antes de la gran transformación vitivinícola del siglo XIX.
Carbonari fecha expresamente el censo de la Chacra del Colegio el 19 de setiembre de 1767, pero Pablo Lacoste, José Antonio Yuri, Marcela Aranda y otros investigadores citan estas Temporalidades con fecha 18 de setiembre de 1767, cuando documentan precisamente el «corralito de moscatel» de 275 plantas.

Premat, por su parte, confirma el folio 85v y todos estos detalles, aunque en ese pasaje de su investigación no asigna un día concreto. Por ahora, entonces, el hallazgo es indiscutible y espectacular, pero el 18 o 19 de setiembre exige todavía regresar al original y observar el encabezamiento del folio 85v y las fojas anteriores y posteriores.
Fuentes: Blog Mendoza Antigua; Inventario de bienes de los jesuitas en Mendoza, Archivo General de la Nación, transcripción publicada por Adriana Micale; Silvina Carbonari: “Los jesuitas vitivinicultores mendocinos: a 400 años de su presencia en Mendoza”, 2008; Estela del Carmen Premat: La bodega mendocina de los siglos XVI al XIX. Haciendas y chacras. Sus instalaciones vitivinícolas, UNCuyo, 2012; Pablo Lacoste et al.: “Variedades de uva en Chile y Argentina (1550-1850). Genealogía del torrontés”, Mundo Agrario, 2010.














