Una reciente investigación de científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet) y de la Universidad de la Plata, Argentina, con la colaboración de pares de Italia y Dinamarca, permitió establecer la primera comparación estandarizada y multirregional de comunidades fúngicas asociadas a vides de Malbec y Cabernet Sauvignon en las principales regiones vitivinícolas argentinas, abarcando marcados gradientes de altitud, clima y composición del suelo, e incluyendo áreas vitivinícolas previamente poco exploradas. Resumimos a continuación el extenso estudio «Descifrando el microbioma de los órganos de la vid en diversas regiones argentinas», publicado originalmente en la revista científica internacional Ives OENO-ONE el 4 de junio de 2026.
Por Andrés Martín Toscani, Mónica Oyuela Aguilar, Constanza Rey, Ramiro Rocco Welsh, Denise Lajoinie, Alex Gobbi, María Florencia Del Papa, Liliana Semorile, Lars Hestbjerg Hansen y Mariano Pistorio.
Este estudio proporciona el primer análisis integrado de comunidades fúngicas en suelo, hojas y mosto de Vitis vinífera cv. Malbec y Vitis vinífera cv. Cabernet Sauvignon de cuatro regiones vitivinícolas argentinas clave: Mendoza, San Juan, Salta y Río Negro. Mediante la técnica metabarcoding ITS de alto rendimiento, caracterizamos la diversidad fúngica y las estructuras de red específicas de cada compartimento, revelando que la rizosfera alberga las comunidades más diversas y condicionadas por el medio ambiente, mientras que los microbiomas asociados a las hojas y al mosto presentan redes más estructuradas y centralizadas.
Este trabajo subraya la relevancia ecológica de las comunidades fúngicas en la viticultura y respalda la integración de datos microbianos en el concepto de terruño. Estos hallazgos sientan las bases para futuros estudios dirigidos a mejorar la gestión del viñedo y la calidad del vino mediante estrategias basadas en el microbioma.
Los taxones fúngicos centrales, incluyendo Cladosporiaceae, Pleosporaceae y Lophiostomataceae, se encontraron de forma consistente en todos los compartimentos, lo que sugiere un posible intercambio microbiano entre los tejidos subterráneos y aéreos. Los patrones específicos de región y altitud resaltaron la influencia de factores edáficos y climáticos, en particular la abundancia de Metschnikowiaceae y Aureobasidium en sitios de gran altitud. También se identificaron interacciones antagónicas entre Bacillus y hongos patógenos como Dactylonectria, lo que refuerza el papel de las redes microbianas en la salud de las plantas y la resiliencia del viñedo.
Introducción
Argentina, que en 2022 se situó como el séptimo mayor productor de vino del mundo, cuenta con una extensa superficie de viñedos (Organización Internacional de la Viña y el Vino, OIV, 2024). De las 23 provincias que conforman el territorio del país, 20 tienen viñedos: Mendoza (MZA) representa el 71,4%, San Juan (SJ) el 19,8%, La Rioja (LR) el 3,5%, Salta (SAL) el 1,9%, Catamarca el 1,3%, Neuquén el 0,6% y Río Negro (RN) el 0,6 %, con pequeñas superficies vitivinícolas en otras provincias como La Pampa, Córdoba y Buenos Aires, entre otras.
La diversidad de los terruños argentinos está determinada por regiones que presentan diferencias significativas en clima, topografía, composición del suelo, altitud y flora y fauna autóctonas. Estos factores, en conjunto, contribuyen a las características distintivas de los vinos de diversas ubicaciones geográficas y facilitan la adaptación de cultivares específicos de vid.
El terruño es la interacción de factores físicos y biológicos identificables dentro de un área determinada que, junto con las prácticas vitivinícolas, confiere características únicas a los productos de esa región».
DEFINICIÓN DE TERRUÑO en la Resolución OIV/Viti 333/2010
Los emblemáticos vinos Malbec (MA) y la versátil variedad Cabernet Sauvignon (CS) de Argentina ejemplifican este concepto. Sin embargo, las duras condiciones climáticas en regiones vitivinícolas clave pueden tener importantes repercusiones económicas debido a la reducción de los rendimientos o la disminución de la calidad en ciertas temporadas. Esto ha impulsado la investigación científica con el objetivo de salvaguardar y mejorar el futuro valor económico de la industria vitivinícola argentina.
Las plantas albergan diversas comunidades microbianas. En las vides, estas comunidades forman asociaciones complejas con los tejidos vegetales y desempeñan un papel crucial en la promoción de la salud y la productividad del cultivo. Estudios sobre el cultivo de la vid han revelado que las comunidades microbianas asociadas a la vid están influenciadas por la topografía, el clima, las propiedades fisicoquímicas del suelo y las prácticas agrícolas. Estas comunidades desempeñan un papel fundamental en la mejora de la productividad de la planta y la resistencia a plagas y enfermedades. Además, las interacciones microbianas pueden liberar precursores aromáticos, compuestos químicos y metabolitos secundarios, que afectan los atributos sensoriales del vino, contribuyendo aún más a la expresión distintiva del terruño en el producto final.
La rizosfera, la región del suelo influenciada por la actividad de las raíces, sirve como un punto clave de interacciones biológicas complejas y sustenta diversas comunidades microbianas, incluidos hongos filamentosos, levaduras, protozoos, algas y procariotas, que contribuyen a la salud y productividad de la vid.
Las comunidades microbianas de la rizosfera y la endosfera representan subconjuntos distintos del microbioma del suelo. Los estudios clásicos sobre las comunidades microbianas asociadas a la vid se han centrado en patógenos y bacterias endófitas. El suelo actúa como un reservorio clave que moldea la microbiota asociada a la vid, con comunidades subterráneas influenciadas por parámetros edáficos (p. ej., pH y relación C:N) y compartiendo taxones con los compartimentos aéreos.
En cuanto a la contraparte epífita, la investigación se ha centrado principalmente en microorganismos ecológicamente relevantes, en particular bacterias del ácido acético y del ácido láctico, así como comunidades de levaduras. Los tejidos aéreos pueden compartir un microbioma central estable a través de órganos y estaciones, frecuentemente dominado por Aureobasidium pullulans junto con Cladosporium y Alternaria.
A escala regional, la microbiota del suelo y del mosto de uva muestran patrones geográficos distintivos que se correlacionan con los perfiles de metabolitos del vino, lo que subraya un componente microbiano del terruño. Dentro de un mismo terruño, las comunidades epífitas varían con el tipo de tejido y la etapa fenológica y están moduladas por el genotipo del cultivar, mientras que Aureobasidium se mantiene repetidamente entre los géneros fúngicos centrales/dominantes.
Comunidades microbianas en la uvas, hojas y raíces
Aunque muchos estudios han caracterizado las comunidades microbianas asociadas a la vid, se sabe poco sobre las relaciones entre las comunidades microbianas asociadas a las uvas y las asociadas a otros tejidos vegetales, como hojas y raíces, o sobre el impacto de los factores ambientales, geográficos y de manejo del viñedo en los viñedos argentinos.
Las asociaciones planta-microorganismo, que abarcan interacciones mutualistas, comensales o huésped-patógeno, son fenómenos generalizados. En los viñedos, las poblaciones microbianas del suelo influyen significativamente en la salud de las plantas, la textura del suelo, el ciclo de nutrientes y la biodiversidad, afectando así la calidad de la fruta y, en última instancia, la producción de vino.
Las variaciones en las poblaciones microbianas dentro de la filosfera de la vid están determinadas por el genotipo de la vid, el área geográfica y las condiciones climáticas. Las comunidades microbianas en las raíces, las zonas radiculares y el suelo a granel difieren de las asociadas con los órganos aéreos de la planta. Por el contrario, numerosos estudios indican que la estructura de la comunidad microbiana en las bayas de uva y las muestras de jugo permanece relativamente estable en condiciones óptimas, alineándose con las observadas antes de la fermentación.
El rol de los hongos y la biodiversidad
A lo largo de su ciclo de vida, las vides interactúan con una amplia gama de hongos filamentosos y levaduras que colonizan los tejidos vegetativos y los órganos reproductivos. Los hongos asociados a las plantas pueden influir en el desarrollo del fruto y también pueden ser responsables de impulsar la fermentación, lo que en última instancia moldea la calidad y el estilo del producto final.
Los hongos son impulsores esenciales de los procesos ecosistémicos y la biodiversidad en los ambientes terrestres. Los hongos son más conocidos por su función degradativa, dominando la descomposición de la materia vegetal, particularmente la celulosa lignificada. Además, producen una amplia gama de enzimas extracelulares capaces de descomponer polímeros orgánicos complejos en formas más simples, que posteriormente son utilizadas por los propios hongos u otros organismos. En el caso de los hongos, la evidencia sugiere que su distribución puede variar desde altamente endémica hasta global.
Tradicionalmente, la identificación de hongos se ha basado en la observación microscópica, el aislamiento y el análisis bioquímico y genético. Sin embargo, estas técnicas sólo son efectivas para hongos que pueden cultivarse en el laboratorio. Los estudios independientes del cultivo han ampliado significativamente el conocimiento de la diversidad fúngica en diferentes entornos. Las tecnologías de Secuenciación de Nueva Generación (NGS) han facilitado avances significativos en el estudio de las interacciones planta-microbio en cultivares de Vitis vinifera. Al complementar las técnicas microbianas clásicas, la NGS permite la detección de microbios no cultivables dentro de ecosistemas complejos, proporcionando una comprensión integral del microbioma de la vid.
En Argentina, estudios recientes basados en NGS han arrojado luz sobre las comunidades fúngicas asociadas a los viñedos. Oyuela Aguilar y otros autores, en 2020, analizaron composiciones microbianas en cultivares de Malbec y Cabernet Sauvignon de dos viñedos de San Juan. El análisis taxonómico de las comunidades fúngicas asociadas a la rizosfera reveló 12 filos, con Ascomycota como el grupo dominante. Basidiomycota y Mortierellomycota también fueron prominentes, mientras que Glomeromycota (conocido por su papel en asociaciones micorrícicas) estuvo presente en baja pero notable abundancia. Las comparaciones de viñedos y cultivares revelaron variaciones en abundancias relativas, particularmente niveles más altos de Basidiomycota en la rizosfera de Malbec.
Rivas y otros, en 2022, investigaron comunidades microbianas en viñedos de Malbec en el suroeste de Buenos Aires. Las comunidades fúngicas en los suelos y rizosferas de los viñedos estaban dominadas por Pleosporales , Hypocreales y Sordariales , con una notable presencia de Ilyonectria en Saldungaray, potencialmente relacionada con los síntomas de declive de la vid. En las muestras de vino, las especies de Saccharomyces dominaron el proceso de fermentación, probablemente debido a su uso generalizado en la vinificación. Este predominio puede ser resultado de la inoculación directa o de que los enólogos fomenten condiciones que favorezcan su crecimiento. En algunos casos, incluso se ha observado que estas levaduras persisten en depósitos y barricas a pesar de los procedimientos de limpieza habituales.
Paolinelli y otros, en 2023, estudiaron comunidades fúngicas en viñedos de Mendoza, destacando variaciones taxonómicas, ecológicas y metabólicas específicas de la ubicación. Ascomycota también fue el filo fúngico dominante en todas las muestras de suelo, seguido de Basidiomycota, con Zygomycota inc. sed (actualmente denominados filos Mucoromycota y Zoopagomycota) y Chytridiomycota siendo más prevalentes en sitios específicos. Las comparaciones a nivel de género revelaron distribuciones específicas del sitio, con Mortierella , Alternaria y Fusarium predominando en Santa Rosa, mientras que Umbilicaria , Coniochaeta y Aureobasidium fueron más comunes en Gualtallary, en la zona del Valle de UCO.
Mezzatesta y otros, en 2024, también investigaron viñedos de Mendoza, centrándose en la diversidad microbiana en un viñedo de Malbec de gran altitud con contrastante pedregosidad del suelo. Estos resultados indican que el tipo de suelo influye significativamente en las poblaciones de hongos, mientras que la añada es el principal factor determinante de la variación microbiana. Si bien la profundidad afectó a las comunidades fúngicas, el muestreo a granel frente al de la rizosfera no tuvo un impacto significativo. Componentes clave del suelo, como el pH y el contenido calcáreo, determinan la composición microbiana, lo que subraya el papel de la diversidad microbiana en las interacciones suelo-planta-ambiente.
Comunidades microbianas en cuatro regiones
La investigación sobre las comunidades microbianas de la vid en Argentina sigue siendo limitada. Los estudios existentes se han centrado principalmente en las principales regiones vitivinícolas, como Mendoza y San Juan, dejando otras áreas importantes, como el Alto Valle del Río Negro, la costa atlántica de la Patagonia y Salta, donde los viñedos se cultivan a altitudes superiores a los 2.000 m sobre el nivel del mar (msnm), en gran medida inexploradas.
A pesar del uso generalizado de la secuenciación de nueva generación (NGS) en estudios de diversidad microbiana relacionados con el vino, los análisis comparativos de cómo la geografía, la altitud, el suelo y el cultivar de uva influyen en la composición y diversidad de los microbiomas de los viñedos en las principales regiones vitivinícolas de Argentina siguen siendo poco explorados. Este estudio aborda esta brecha analizando la diversidad fúngica en viñedos Malbec y Cabernet Sauvignon en cuatro regiones vitivinícolas argentinas clave: Río Negro, Mendoza, San Juan y Salta.
Presentamos aquí la primera comparación estandarizada y multirregional de comunidades fúngicas asociadas a la vid en las principales regiones vitivinícolas argentinas, abarcando marcados gradientes de altitud, clima y composición del suelo, e incluyendo áreas vitivinícolas previamente poco exploradas. Ponemos a prueba la hipótesis de que las variables biogeofísicas y climatológicas explican una mayor proporción de la variación de las comunidades fúngicas en Argentina. Nuestros resultados tienen implicaciones directas para la predicción del riesgo de enfermedades, la implementación de estrategias de biocontrol y el componente microbiano del terruño, con potencial relevancia para la calidad del vino y el manejo del viñedo en el contexto del cambio climático.
El mapa de las comunidades fúngicas
Este estudio ofrece una caracterización detallada de la composición de la comunidad fúngica en diferentes órganos de la vid en las regiones vitivinícolas más importantes de Argentina, lo que amplía el conocimiento actual de la microbiota asociada a los cultivares de Vitis vinifera en terruños sudamericanos poco explorados.
Mediante metabarcoding ITS de alto rendimiento, identificamos patrones de diversidad fúngica distintos, específicos de órganos y sitios, con la rizosfera presentando los valores más altos, seguida de las hojas y el mosto. Estos resultados respaldan la observación de que los compartimentos subterráneos de las plantas sirven como importantes reservorios de diversidad microbiana, contribuyendo al concepto de holobionte y resaltando la relevancia ecológica de la rizosfera en los ecosistemas vitivinícolas.
En viñedos maduros, las plantas adultas son particularmente susceptibles a infecciones a través del sistema radicular, lo que representa la principal vía de colonización para patógenos de géneros como Dactylonectria, asociados con la enfermedad del pie negro. Como se muestra en trabajos previos de nuestro grupo, los aislados bacterianos identificados como Bacillus spp. podrían inhibir el crecimiento de hongos fitopatógenos como Botrytis cinerea o Alternaria alternata.
De manera similar, las OTU anotadas como Bacillus podrían interferir con el crecimiento de Dactylonectria mediante la síntesis de compuestos inhibidores como lipopéptidos y péptidos no ribosomales. La identificación de interacciones potencialmente antagónicas entre Bacillus spp. y hongos fitopatógenos como Dactylonectria proporcionan evidencia adicional de que las relaciones hongo-bacteria pueden ser clave para desarrollar estrategias sostenibles de control de enfermedades dentro de los ecosistemas de viñedos. El panorama emergente de posible exclusión mutua y/o especialización de nicho entre poblaciones microbianas abre nuevas vías para la caracterización funcional de los microbios asociados al suelo y a las plantas, con el potencial de informar prácticas vitivinícolas dirigidas a mejorar la salud y la resiliencia de las plantas bajo condiciones climáticas cada vez más variables.
Un primer paso para futuras investigaciones
Aunque estos hallazgos apuntan a posibles interacciones de biocontrol, siguen siendo especulativos en ausencia de validación funcional. Serían cruciales experimentos de seguimiento in vitro o en invernadero para verificar estos efectos antagónicos y su consistencia en diferentes tipos de suelo o cultivares.
Además de Botrytis, nuestro conjunto de datos de mosto capturó un complejo de pudrición del racimo más amplio, incluyendo OTU asignadas a Glomerellaceae (Colletotrichum spp., pudrición madura) y varios taxones reportados frecuentemente en contextos de pudrición de la uva (por ejemplo Cladosporium y Epicoccum). Estos organismos suelen verse favorecidos por condiciones húmedas y pueden contribuir al deterioro de la baya y a cambios posteriores en la química del mosto, lo que en última instancia puede influir en los resultados de la fermentación y los perfiles sensoriales del vino.
También detectamos géneros de levadura comúnmente asociados con la pudrición ácida y las primeras etapas de la fermentación, incluyendo Hanseniaspora y Pichia , junto con Saccharomyces cerevisiae. Cabe destacar que varios de estos taxones asociados a la pudrición y la fermentación se encontraron en sitios caracterizados por mayor humedad y precipitación, por ejemplo en Salta, lo que concuerda con la idea de que la variabilidad climática puede modular tanto las comunidades relacionadas con enfermedades como el punto de partida microbiano inicial de las fermentaciones del mosto.
Además, la distribución espacial observada de taxones como la familia Metschnikowiaceae y el género Aureobasidium en viñedos de gran altitud sugiere que la altitud y el clima desempeñan un papel fundamental en la configuración de las comunidades fúngicas asociadas a la vid, con posibles implicaciones para la dinámica de la fermentación y los perfiles sensoriales del vino. Estos hallazgos subrayan la necesidad de considerar los gradientes ambientales, como la altitud, al evaluar el terruño microbiano y su influencia en los resultados vitivinícolas y enológicos.
Algunas cepas del género Mortierella se clasifican como hongos promotores del crecimiento vegetal (PGPF) y se encuentran comúnmente en el suelo, la rizosfera y los tejidos vegetales. Estos microorganismos suelen estar presentes en ambientes extremadamente hostiles y contribuyen a aumentar la disponibilidad de fósforo y hierro biodisponibles en el suelo. También pueden sintetizar fitohormonas y 1-aminociclopropano-1-carboxilato (ACC) desaminasa y, lo que es importante, ayudan a proteger los cultivos agrícolas de los patógenos. Los viñedos saludables se sustentan en diversas comunidades fúngicas y procariotas. Las alteraciones en esta diversidad microbiana pueden modificar la dinámica de las poblaciones y afectar la susceptibilidad de las plantas a los patógenos. Por lo tanto, comprender estos patrones microbianos en los órganos de la vid es fundamental para perfeccionar las prácticas vitivinícolas y promover la resiliencia del ecosistema.
Este trabajo sienta las bases fundamentales para el desarrollo de un marco de análisis microbiano- terruño en la viticultura argentina, en consonancia con los esfuerzos globales por descifrar cómo las comunidades microbianas influyen en la calidad de los cultivos.
Para profundizar en la comprensión de los mecanismos ecológicos que impulsan estos patrones y evaluar su consistencia entre añadas, futuras investigaciones deberían incorporar enfoques ómicos funcionales y conjuntos de datos multianuales.
Dadas las limitaciones actuales en la interpretación de las funciones ecológicas de taxones específicos, la aplicación de herramientas de inferencia funcional o análisis metatranscriptómicos será particularmente valiosa para caracterizar mejor sus funciones metabólicas, evaluar la importancia enológica de los patrones microbianos y esclarecer la relevancia ecológica de los grupos fúngicos dominantes.
Los interesados en consultar la investigación completa, con gráficos y cuadros estadísticos, pueden entrar AQUÍ.
Fuentes: Ives OENO-ONE, vol. 60 No. 2 (2026) y DOI: https://doi.org/10.20870/oeno-one.2026.60.2.9619

















