Agosto es el mes del varietal Bonarda en Argentina, una de las cepas tintas más cultivadas en el país y con mayor proyección, porque está alineado con las tendencias que marcan el negocio del vino, tanto en el mercado interno como a nivel global. En este escenario, algunas variedades parecen tener una ventaja natural. En esta nota te contamos por qué el Bonarda marca muchos de los casilleros de las tendencias que hoy ganan terreno.
A partir de estudios sobre tendencias y hábitos de consumo encargados por el Fondo Vitivinícola de Mendoza a la consultora Worldpanel by Numerator, y de informes del International Wine and Spirits Research (IWSR), una de las principales consultoras de la industria mundial de bebidas, es posible identificar cambios en las preferencias de los consumidores. El contexto económico, la búsqueda de experiencias diferentes y la llegada de las nuevas generaciones están redefiniendo lo que esperan las personas de una copa de vino.
La Generación Z introdujo como pocas el concepto de autocuidado y moderación en el consumo de bebidas con alcohol. Según IWSR, más que dejar de beber, esta generación consume de manera más selectiva, priorizando el equilibrio, la experimentación y las experiencias por encima de la cantidad.
El perfil frutado, fresco y de taninos amables del Bonarda lo hace especialmente atractivo para quienes buscan vinos fáciles de disfrutar, sin resignar personalidad.
También está redefiniendo cuándo, dónde y por qué consumir vino. En ese contexto, el Bonarda ofrece una propuesta diferente. Si bien es la tercera variedad tinta más cultivada de la Argentina, todavía no forma parte del «mainstream», lo que lo convierte en una excelente alternativa para consumidores que disfrutan descubrir nuevas etiquetas y variedades.
Nuevas ocasiones de consumo
Durante mucho tiempo el vino fue sometido a una sofisticación que lo alejó de los nuevos consumidores. Hoy las ocasiones de consumo no se limitan a la mesa: encuentros informales, picadas, after office, recitales o reuniones con amigos. Los consumidores buscan vinos versátiles, capaces de adaptarse a distintos momentos. En este escenario, el Bonarda se destaca por su frescura, su perfil frutado y su gran versatilidad gastronómica. Acompaña con naturalidad desde pizzas, hamburguesas y empanadas hasta carnes, pastas, tablas de quesos y postres, lo que le permite responder a una amplia variedad de ocasiones de consumo.
Un gran vino sin gastar de más
El contexto económico sigue condicionando las decisiones de compra. La pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre llevan a los consumidores a evaluar con mayor detenimiento cada gasto y a privilegiar productos que ofrezcan una buena relación entre calidad y precio.

Aquí el Bonarda tiene una ventaja competitiva. Históricamente fue una variedad utilizada para vinos de corte debido a su alta productividad. Sin embargo, el trabajo realizado durante las últimas décadas por enólogos, agrónomos y bodegas permitió descubrir todo su potencial como varietal. Hoy conviven en el mercado excelentes Bonarda de consumo cotidiano junto a etiquetas de alta gama, ofreciendo alternativas para prácticamente todos los presupuestos.
Cuando el formato también importa
Los formatos individuales continúan ganando terreno porque responden a nuevas formas de consumo: son accesibles, prácticos y favorecen la idea de pequeñas recompensas o encuentros espontáneos. Además, permiten acercar el vino a consumidores que buscan experiencias más flexibles y descontracturadas. En este contexto, el Bonarda también comienza a explorar nuevos caminos. Un ejemplo es el blend Malbec-Bonarda en lata de Tintillo, de Bodega Santa Julia, que acerca la variedad a formatos más informales y acordes a las nuevas ocasiones de consumo.
El valor de lo sustentable
La sustentabilidad ocupa un lugar cada vez más importante en las decisiones de compra. Aunque en Argentina todavía no es un factor determinante para la mayoría de los consumidores, sí representa un atributo cada vez más valorado, especialmente entre los segmentos más jóvenes.
El Bonarda también acompaña esta tendencia. Bodegas como Familia Cecchin, Alto Las Hormigas o Tilimuqui de La Riojana, entre otras, elaboran versiones orgánicas que responden a una demanda creciente por productos con menor impacto ambiental y una producción más consciente.
El auge de los vinos naturales también encuentra su expresión en el Bonarda. Propuestas como Hálito Pet Nat Bonarda y Nat Cool Smileline Bonarda, de Manos Negras, muestran la versatilidad de la variedad para adaptarse a estilos de elaboración que hoy despiertan un creciente interés entre los consumidores.
Más frescura y menos alcohol
Los cambios en las preferencias de consumo también impulsan una búsqueda de bebidas más livianas y refrescantes. El estudio realizado por Worldpanel by Numerator para el Fondo Vitivinícola, que se presentó en El Futuro del Vino Argentino 2025, reveló que 4 millones de hogares argentinos son potenciales compradores de vinos de baja graduación alcohólica o sin alcohol. Además, el 35% de los consumidores afirma tomar vino con hielo y el 31% elegiría opciones más frescas durante el verano.

Estos datos muestran que el vino puede convivir con nuevas formas de consumo e incluso integrarse al universo de los aperitivos y los cócteles. Es ahí donde el Bonarda también ofrece interesantes posibilidades gracias a su perfil frutado y a diversas innovaciones.
Perro Callejero Blanc de Bonarda de Mosquita Muerta Wines, elaborado a partir de uvas tintas y sin paso por madera, el coctail de vino Emilia Rosé Syrah-Bonarda de Nieto Senetiner o el espumante Mairena Bonarda Rosé Brut Nature de Familia Blanco, son algunos ejemplos que muestran cómo la variedad también puede adaptarse a estas nuevas tendencias.
El valor de tener una historia para contar
Las tendencias vinculadas a la identidad, el origen y la autenticidad siguen ganando protagonismo entre los consumidores. Cada vez más personas quieren conocer la historia detrás de los productos que consumen y valoran aquellas variedades que expresan una identidad propia.
La historia del Bonarda es un buen ejemplo. Durante décadas se creyó que la Bonarda argentina era la misma variedad que la Bonarda Piemontesa italiana. Sin embargo, esa historia cambió en 2009 cuando una investigación de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, basada en análisis de ADN y que confirmó las observaciones realizadas años antes por el ingeniero agrónomo Alberto Alcalde, reveló que las plantas cultivadas en el país corresponden en realidad a la variedad francesa Corbeau (Douce Noir).
El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) adoptó oficialmente esa identificación aunque decidió conservar el nombre Bonarda, que ya había echado raíces en la vitivinicultura argentina y hoy forma parte de su identidad. Más que una curiosidad histórica, este recorrido convirtió al Bonarda en una variedad con una fuerte impronta local, estrechamente ligada a la evolución del vino argentino.


Las tendencias cambian, pero algunas variedades parecen estar especialmente preparadas para responder a los nuevos desafíos del mercado. Con su perfil frutado, versátil, accesible y en constante evolución, el Bonarda demuestra que todavía tiene mucho por decir y gran potencial para conquistar nuevos consumidores.
Más brindis en la Semana del Bonarda
Del 1 al 9 de agosto, la Semana del Bonarda es una excelente oportunidad para conocer nuevas etiquetas, descubrir diferentes estilos y comprobar por qué esta cepa vive uno de los momentos más interesantes de su historia.
Para celebrar esta semana, el Fondo Vitivinícola y La Enoteca, junto a Finca Magnolia Wines, Los Haroldos y Santa Julia invitan a participar de los sorteos en @laenoteca1902. Para que en agosto todos los brindis sean con Bonarda.
Datos curiosos sobre el Bonarda
Herencia europea, presente 100% argentino: La Bonarda argentina desciende de la uva francesa Corbeau Noir. Los inmigrantes piamonteses la bautizaron “Bonarda” por su parecido con otras uvas italianas. Llegó a la Argentina a fines del 1800 y hoy es una bandera nacional.
Es la 3ª uva tinta más cultivada de Argentina: después del Malbec y la Criolla, la Bonarda se extiende con más de 18.000 hectáreas cultivadas principalmente en Mendoza, San Juan y La Rioja.
Ni muy muy, ni tan tan: Tiene más acidez que el Malbec y taninos más suaves que el Cabernet. Esta combinación lo vuelve un tinto fresco, frutado y fácil de tomar.
Versátil y auténtico: Tinto de crianza, tinto joven, rosado e incluso elaborado como vino blanco, hay un Bonarda para cada ocasión, para todos los gustos y diferentes bolsillos. ¿Pescados, pizzas, pastas o quesos? ¿Hamburguesas, empanadas, postres? Sí a todo. ¿Qué esperas para descorchar un Bonarda?
Fuente: Fondo Vitivinícola, Mendoza, Argentina













