León XIV realizará la ancestral ceremonia eucarística de la Consagración o Transubstanciación, consistente en transformar el vino en la sangre de Jesús, con un vino licoroso de la centenaria bodega familiar Cabrini, de Luján de Cuyo. Será en la misa que el Sumo Pontífice oficiará en Luján de Buenos Aires el 11 de noviembre próximo. «Tomad y bebed todos de él porque este es el cáliz de mi sangre», consigna la Biblia que dijo Cristo en la Última Cena.
El vino de misa elaborado desde 1939 por la familia Cabrini en su centenaria bodega de Luján de Cuyo quedará en la historia como el que utilizó el Papa León XIV para consagrar como la sangre de Cristo, en la ceremonia que oficiará el 11 de noviembre próximo en la ciudad bonaerense de Luján, en el marco de su visita de 4 días a la Argentina, del 8 al 11 de ese mes.
Sobre sus tradicionales vinos de misa, Hugo Cabrini, enólogo y cuarta generación de la familia fundadora de la bodega mendocina contó en una entrevista de Radio Nacional Mendoza: «Nosotros proveemos a las iglesias de manera permanente, en toda Argentina. Incluso hoy exportamos este vino a Paraguay. El vino de misa es inalterable, y su consumo es muy pequeño. Nosotros utilizamos uvas tintas. El vino para las misas debe ser genuino».
El vino que utilizará en su oficio el Santo Padre de la Iglesia Católica está catalogado como «Vino Especial Licoroso de Misa» por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) de Argentina. Tiene una graduación alcohólica alta, que generalmente se ubica entre los 16% y 17% de volumen. Y se lo denomina «fortificado» porque durante su proceso de elaboración se le añade alcohol vínico antes de que finalice la fermentación natural.
Para su elaboración se utilizan uvas tintas, que se escurren y dan como resultado un vino de tonalidad rosada. Cuando la fermentación alcanza aproximadamente la mitad de su proceso y el mosto ya se convirtió en vino, se incorpora alcohol vínico, en cantidades reguladas por el INV. Ese agregado detiene la actividad de las levaduras y deja un azúcar natural residual, además de elevar la graduación alcohólica. Esa condición permite que pueda permanecer en las barricas y entrar en contracto con el oxígeno sin deteriorarse, como puede ocurrir con un vino seco de consumo habitual.
Cabrini finalió contanto: «Nosotros estamos muy ligados a la Iglesia Católica, tenemos una amistad bastante importante con el obispo Marcelo Colombo y a él obviamente que nosotros le hemos transmitido no sólo la historia de la bodega sino también muchos antecedentes, por ejemplo que tenemos documentación sobre que el vino llegó a Roma en 1950, cuando el Papa el Pío XII lo recibió y agradeció en una nota firmada por uno de sus cardenales. Luego fue el Papa Pablo VI quien lo probó, y después el Papa Juan Pablo II celebró la misa del Jubileo en Italia ante dos millones de personas con nuestro vino. La verdad que es un orgullo que podamos participar de la visita del Papa León con nuestro vino… Esa ofrenda para nosotros es muy significativa porque es todo el trabajo de la empresa que se ofrece para algo muy superior que es la consagración, el acto de la transformación del vino en sangre de Cristo».
Qué es la transubstanciación del vino en la sangre de Cristo
La conversión del vino en la sangre de Cristo ocurre durante la liturgia eucarística de la misa, en el momento central de la Plegaria Eucarística conocido como la consagración.
En el antiguo rito, establecido por los primeros mártires de la Iglesia Católica en los primeros años de la era cristiana, incluso mientras eran perseguidos y enviados a morir en los anfiteatros luchando contra gladiadores o bestias feroces, el sacerdote extiende las manos sobre el pan y el vino, en la llamada «epíclesis», e invoca al Espíritu Santo para que santifique las ofrendas.
En ese momento, el sacerdote repite las palabras exactas que, según la Biblia, Jesús dijo en la Última Cena: «Este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en memoria mía».
En la teología católica, el cambio del vino en la sangre de Cristo se denomina «transubstanciación». Significa que la sustancia misma del vino se convierte de manera real y verdaderamente sustancial en la sangre de Jesús, aunque los accidentes físicos (sabor, color, olor y aspecto) sigan siendo los del vino.
Tras pronunciar las palabras, el sacerdote muestra el cáliz consagrado a los fieles, y los feligreses realizan una aclamación de fe: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección».















