Los recientes incendios en la Sierra de Gredos, entre las provincias españolas de Madrid, Ávila y Toledo, arrasaron 50.000 hectáreas de bosques, casas rurales y establecimientos vitivinícolas y olivícolas. Sin embargo, muchos otros sitios y hasta pequeños pueblos enteros se salvaron del fuego gracias a que el alto contenido de agua de las hojas de vid en la época veraniega, en combinación con el diseño en mosaico de los viñedos, actuó como una barrera para la propagación de las llamas.
Los cultivos de viñedos pueden actuar como cortafuegos naturales efectivos contra los incendios forestales debido al alto contenido de agua en las hojas de vid durante el verano, lo que dificulta que ardan pese a las altas temperaturas. Esta función estratégica cobró un protagonismo crítico las regiones españolas del Valle del Tiétar (provincia de Ávila) y varios sectores de la Sierra de Gredos (entre Madrid y Toledo) tras los devastadores incendios forestales que arrasaron 50.000 hectáreas de bosques, olivares y hasta muchas de las propias viñas, que aunque no ardieron quedaron chamuscadas y con las uvas inservibles.
Gracias a su humedad y a la gran cantidad de agua que retienen sus hojas, las viñas pueden llegar a quemarse pero no a arder. Además, su paisaje en forma de mosaico ahuyenta a las llamas.
Así, algunos viñedos quedaron como islotes salvadores entre las llamas. Tras el incendio que comenzó en la localidad de Burgohondo y luego se extendió por vastas zonas de los bosques de Gredos –el mayor incendio de la historia de España-, quedaron 50.000 hectáreas arrasadas y varios pueblos muy afectados, con miles de pobladores evacuados. Tras un paisaje gris y humeante, los viñedos quedaron como imágenes esperanzadoras, porque no sólo muchos se salvaron sino que además sirvieron como cortafuegos.
Las viñas actuaron como freno a unas llamas que avanzaban sin control por toda la zona quemando todo cuanto hallaban a su paso. Todo, menos varios viñedos en los que el trabajo previo en ellos realizado por los viticultores les permitió sobrevivir. Gracias a que retienen la humedad y dibujan un paisaje en forma de mosaico, son capaces de ahuyentar los incendios.
El viñedo, cuando se labra e incluso aunque mantenga su cubierta vegetal, si se siega a tiempo hace de cortafuegos».
JUANAN MARTÍN, propietario de la Bodega Rico Nuevo Viticultores
Esta situación también se ha visto recientemente en los siniestros en Francia, donde ni los grandes incendios han podido con las viñas. «Las vides en verano están en su máximo ciclo vegetativo. Puedes poner un mechero aquí y la hoja puede quemarse pero no arder. Su contenido en agua es muy grande», explicó a su turno el viticultor Julio Prieto, del pueblo de Pedro Bernardo.
El éxodo rural ha condenado a miles de hectáreas de vides al abandono, sobre todo en algunas de las regiones más castigadas por los grandes incendios, como el Valle del Tiétar. Esos lugares, ocupados ahora por biomasa sin gestionar, se han convertido en polvorines.

Recuperar los viñedos parece misión imposible a día de hoy, pero sí se puede imitar su estructura de mosaico. «Hay que romper el paisaje que tienen ahora los bosques o las zonas de monte bajo con la plantación de vides para construir cortafuegos y proteger lugares críticos», pidió Prieto.
Por su parte, Martín, nacido en Madrid, regresó al campo para recuperar la viña de sus abuelos: «Lo hago por amor a esta tierra». Esa viña renacida, cuya cosecha no sabe si podrá salvar por culpa del humo, es ahora un bastión más en la lucha contra el fuego.
El caso del Valle del Tiétar
Durante la ola de incendios que golpeó duramente a municipios del valle (como Burgohondo, Pedro Bernardo, Piedralaves e Higuera de las Dueñas), varias bodegas y fincas históricas se salvaron gracias a que las viñas frenaron el frente de fuego. Productores locales de firmas como Rico Nuevo Viticultores y otras bodegas de la Sierra Oeste confirmaron que las llamas se detuvieron a escasos metros de sus instalaciones gracias al escudo perimetral de las viñas.
El éxodo rural provocó el abandono de miles de hectáreas de viejos viñedos patrimoniales en el Valle del Tiétar. Esas fincas, ahora invadidas por matorrales sin gestionar, pasaron de ser defensas naturales a convertirse en polvorines combustibles.
A pesar de la utilidad defensiva de los viñedos, el sector en la zona sur de Gredos sufrió consecuencias críticas: se quemaron parcelas históricas de variedades locales cotizadas como la Garnacha y el Albillo Real. Incluso en las viñas que sobrevivieron al fuego, el humo impregnó las uvas en plena época de vendimia, lo que amenaza con alterar negativamente el aroma y sabor del vino de esta cosecha.
Por otro lado, viticultores de la región señalan que ciertas normativas de la Unión Europea obligan a mantener cubiertas vegetales vivas entre las hileras de vid hasta inicios del verano. Si no se gestionan o siegan a tiempo, al secarse crean una vía que introduce el fuego directo a la planta.
Por ello, los expertos y productores insisten en que recuperar y fomentar la estructura del viñedo tradicional no sólo es una actividad económica, sino una inversión crucial en la gestión de paisajes resilientes contra el fuego















