La Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines de Argentina (Foeva), consideró que el sector no está en una situación de colapso, atravesando una grave crisis, como proclaman otras entidades que nuclean a viñateros y bodegueros. Dicen, en cambio, que se trata de «operaciones especulativas» en la previa de la negociación por el aumento de salarios para la presente temporada.
Desde fines del año 2025, cuando se conocieron datos oficiales sobre la caída de las exportaciones de vino y la baja del consumo interno en Argentina, distintos actores del sector vitivinícola y medios que se hicieron eco manifestaron que la vitivinicultura argentina está “en rojo” y atravesando una crisis profunda. Si bien es cierto que la actividad enfrenta desafíos derivados de la caída del consumo interno y de un contexto económico complejo, desde la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (Foeva) expresaron su total desacuerdo con esa visión y aseguraron que esos factores «no constituyen una crisis terminal, sino condiciones que vienen siendo gestionadas y analizadas por los actores del sector».
En este sentido, el reconocido referente de la industria Walter Bressia -presidente de Bodegas de Argentina– afirmó recientemente que “el 2026 va a ser un año de crecimiento mesurado, hay que ser cautos y no perder el foco”, subrayando que la vitivinicultura no está en situación de colapso, sino transitando un proceso en el que se observan señales de repunte y estabilidad relativa tras un período difícil.
Desde Foeva también observaron que la caída del consumo no implica necesariamente quiebras generalizadas ni pérdida de empleos, y que situaciones empresariales particulares -como la de algunas bodegas que están en reestructuración o negociación de deudas- deben analizarse como casos aislados y no como diagnóstico de la industria en su conjunto. “Hasta el momento ni Foeva ni los sindicatos de base hemos recibido comunicaciones formales de crisis por parte de las empresas, ni ningún informe oficial que demuestre una caída estructural de la actividad que amerite tal nivel de alarma”, afirmó Daniel Romero, secretario de Prensa de Foeva.
Desde Foeva reconocieron que la baja del consumo interno y el contexto económico general generan dificultades, pero remarcaron que «esto no puede ser presentado como una crisis estructural del sector… No nos resulta llamativo que en esta instancia del año el sector empresario instale discursos de crisis profunda. Es parte del folclore de la cosecha, en la previa de la paritaria y del inicio del año productivo propiamente dicho”, señaló Romero.
En ese sentido, el gremio advirtió que «la instalación de escenarios alarmistas suele coincidir con el inicio de las negociaciones salariales, con el objetivo de condicionar las discusiones y limitar los reclamos de recomposición salarial. Cuando se habla livianamente de crisis, lo que muchas veces se busca es justificar la falta de voluntad para pagar salarios dignos a los trabajadores y trabajadoras del sector”.
Asimismo, desde Foeva manifestaron su preocupación por la falta de un abordaje integral por parte de las autoridades provinciales: “Nos llama la atención que el ministro de Producción de Mendoza, con pleno conocimiento de la realidad del sector, no presente un plan de contingencia ante estas situaciones, más allá de amplificar diagnósticos alarmistas que no reflejan la totalidad de la actividad”.
Finalmente, Foeva ratificó su compromiso con la defensa del empleo, los salarios y la sustentabilidad real del sector vitivinícola: “Estamos atentos y en estado de alerta permanente, pero hasta el momento no hemos sido notificados oficialmente de ninguna crisis que justifique el clima que se intenta instalar”, concluyó Romero, y llamó a dar discusiones responsables, «basadas en datos concretos y no en operaciones coyunturales que terminan generando incertidumbre innecesaria entre los trabajadores y la sociedad».












