La enóloga mendocina Victoria «Vicky» Brond, ampliamente reconocida por su trayectoria en la vitivinicultura biodinámica, recientemente dejó su puesto de trabajo en la bodega Alpamanta de Luján de Cuyo luego de 6 años, para iniciar un proyecto propio. O más bien varios proyectos, entre los suyos y los de otros, que hace propios. Todos ellos tienen como propósito cuidar la tierra desde distintos enfoques y prácticas, algunos orgánicos, otros biodinámicos, otros de agricultura campesina o comunitaria. Victoria busca ir más allá del terroir: ella quiere «entender cómo las personas transforman los lugares y los hacen únicos e irrepetibles», condición que da a cada espacio una energía especial,»esa que no se puede ver ni tocar».
Entrevista por Lorena Mellone
Tiempo después de recibirse de enóloga, Victoria Brond se enamoró de la agricultura biodinámica, una disciplina holística que ve al viñedo como un todo, como un organismo agrícola dentro del cual existen cuatro reinos. Esos cuatro ámbitos, distintos pero integrados, son el reino mineral, que es el suelo; el reino vegetal; que en este caso es el viñedo y todas las especies que coexisten en las coberturas vegetales de los suelos; el reino animal, por el aporte de cuadrúpedos y pájaros con su guano como abono y su control ecológico de malezas; y el reino de los humanos, que tienen una función social importante y vienen con su ego a intentar dominar los otros reinos.
Estas herramientas holísticas, con las que Victoria asegura sentirse más cómoda en su trabajo, provienen de la antroposofía, que, según explica «me pudo vincular al vino desde el punto de vista de la emoción, y me permite trabajar con el ámbito de la energía».
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Este último mes de febrero de 2025, Victoria -muy activa en sus redes sociales- hizo varios posteos despertando la intriga de sus seguidores. Es que después de 6 años de trabajo en la bodega Alpamanta, como primera enóloga, dedicada a la vitivinicultura biodinámica, decidió tomar su propio camino.
«Soy Victoria Brond, enóloga hace 24 años, he elaborado vinos orgánicos y biodinámicos y a partir de ahora quiero que me acompañen en la búsqueda de lugares con alguna energía particular», dice en uno de los videos que subió a instagram. Y Enolife, como uno de sus seguidores intrigados, la entrevistó para conocer sobre esa búsqueda.
–Enolife: Nos tenés muy intrigados… ¿Te independizaste?
-VB: Mi etapa en Alpamanta ha finalizado hace aproximadamente un mes, se cumplió un ciclo de casi seis años, en donde aprendimos y crecimos juntos con la bodega y su equipo, y ha llegado el momento de poner mi intención, mi energía y mi pasión en otros proyectos nuevos, y ser un poco más expansivos.
-¿Qué tipo de proyectos, propios?
–He empezado proyectos nuevos, algunos propios y otros de otras personas, que ya voy a ir contando, pero todos tienen como propósito cuidar la tierra desde distintos puntos de vista. Algunos son orgánicos, otros biodinámicos, otros de agricultura campesina o de alguna comunidad. Todos tienen la misma búsqueda, que es entender cómo las personas transforman los lugares.
Siento que hemos pasado muchos años estudiando el espacio como la parte de la materia de las cosas, lo que tiene que ver con el suelo, con los vegetales, a veces con los animales. En esta etapa me gustaría entender cómo las personas transforman los lugares y cómo los hacen únicos e irrepetibles. Desde el punto de vista de la uva, hablando puntualmente del productor de uva, tantas veces he olvidado la puesta en valor del cuidador de esa tierra…



-¿Te vas a centrar en las personas que dan vida a los terroirs?
-Si, eso es lo que más me interesa, la persona que apostó a un determinado desarrollo de vitivinicultura, porque los vinos van a ir detrás de esas personas. Todos los vinos y/o proyectos que estamos iniciando tienen una impronta, que tiene que ver con la energía y las personas que trabajaron en ella para transformarla en vino.
Hay lugares espectaculares en Mendoza y en Argentina para producir vinos, pero siempre hemos hecho foco en la materia, pero ahora quiero hacerlo en eso que no se puede ver ni tocar, que tiene que ver con la energía, esa parte de las personas que hacen los proyectos únicos e irrepetibles. Ese es el foco del proyecto.
-¿De qué tipo de energía hablás?
Me refiero a ese mix de multivariables que existen en un lugar, que obviamente aparecen con el espacio físico, después viene la parte vegetal con las coberturas, los arbustos, el viñedo y los árboles. Sigue con la parte animal, que son todos los animales asociados a ese ecosistema, que se han desarrollado y se han posado sobre ese lugar durante mucho tiempo y se han multiplicado. Y después, cómo las personas transforman esos lugares, hasta qué punto modifican lo que había, dándole su energía particular, esa es la búsqueda del proyecto, que no puedo decir aún el nombre, pero en breve lo vamos a estar revelando.
-¿Y dónde estás buscando?
La búsqueda se inicia en Mendoza, obviamente, que es donde nosotros somos nacidos y criados, y también porque hay mucho todavía para valorizar en Mendoza. Yo creo que todos siempre estamos mirando los lugares que están de moda o detrás de las tendencias, y a mí me gustaría en esta etapa poner en valor las tradiciones, lo originario, lo simple, lo honesto, el esfuerzo detrás de esos productores que tal vez quedaron en regiones olvidadas y que tienen todavía muchísimo para mostrar.
También voy a tener proyectos que tienen que ver con las tendencias, con los lugares más desarrollados y demás, pero las bases de este nuevo emprendimiento van a estar en los lugares en donde todo se inició.
-¿Alguna experiencia de esta nueva etapa que nos puedas contar?
Hay dos que están entre mis posteos. Son buenos ejemplos de lo que estoy buscando.
Mi primer salida a campo de esta nueva etapa fue una conexión directa con lo primitivo y originario. Con mi amigo Raimundo descubrimos hace años variedades criollas, e intentando compensar una pérdida que él había tenido, nos adentramos en el campo de la comunidad de Baños Colorados, en Lavalle (Mendoza), lugar que me cautivó desde el primer momento por su energía. Es ahí donde vi los cultivos de vid en estado más puro.
En esta comunidad practican la agricultura campesina, donde 50 familias trabajan de manera cerrada, de la forma más pura y esencial… Trabajan la economía fraterna desde un enfoque económico y social que busca promover la cooperación, la solidaridad y la responsabilidad compartida. Se basan en la idea de que la economía debe estar al servicio de las personas y las comunidades de manera local y auténtica.
En este lugar hay valores bien marcados, la preservación de lo nativo, la distribución equitativa de las tierras, el uso compartido y responsable de los recursos, la agricultura local, el no uso de productos que degradan la tierra, ni multicultivos, ni agricultura rotativa. Miel, frutas, verduras, conservas, pasturas animales, es parte de la biodiversidad de la comunidad de Baños Colorados.



El otro ejemplo que tengo es de la elaboración de vino biodinámico en la Finca El Mirlo, en Perdriel (Luján de Cuyo), de Ricardo García y Graciana Monneret. Celebramos la 4ta. temporada de su vino «Espontáneo», que nace de vides que se desarrollaron en crecimiento libre, que no han sido podadas ni tampoco han recibido agregados de síntesis química, sólo han recibido trabajos biodinámicos de rutina. Lo más valioso de este proyecto es que está cosechado y elaborado por amigos y familia. En una real fiesta, del mismo modo que funcionan los rituales, cosechamos y brindamos durante 4 años por el trabajo en equipo como un ejemplo del trabajo fraterno. Ricardo y Graciana compartieron una parte de ese pequeño tesoro tan preciado conmigo y he podido elaborar mi primer vino de ese lugar tan mágico.



-¿Qué vinos estás elaborando de estos lugares?
Tenemos un Malbec biodinámico de Finca El Mirlo en Perdriel; un Bonarda de Baños Calientes (Jocolí, Lavalle); un Semillón de Agrelo de una finca centenaria; un Malbec, un Cabernet Franc y un Cabernet Sauvignon de Vista Flores; un Criollas de la Zona Este de Mendoza; un Sangiovese de Rivadavia; y un Chenin de Ugarteche.
Digo «tenemos«, porque si bien el proyecto es mío, lo que se va a destacar de estos vinos son los productores y no el enólogo, la idea es poner en valor a las personas que desarrollaron estos cultivos, quienes transformaron esos lugares.
-Cuál es tu propósito en esta nueva etapa?
-Dejar un lugar y una vitivinicultura mejor de la que encontramos. En esta nueva etapa voy a estar presentando vinos de desarrollos propios, pero también de otras personas que estén alineadas con este propósito.
El foco está puesto en ser lo más expansiva posible, y no puntualmente la enóloga de una bodega o de un proyecto, sino ser la enóloga de mis sueños propios, que no van detrás de ninguna moda, ni de ningún reconocimiento, ni de ningún rédito económico, sino que van detrás del placer de hacer vinos en primer lugar, y en segundo lugar el propósito de esta nueva etapa es acompañar y poner en valor el trabajo de los productores olvidados de algunos lugares de Mendoza.