La Organización Internacional de la Vid y el Vino (OIV), a través de sus comisiones específicas de Enología y Tecnología, prepara nuevas resoluciones sobre dos temas claves en la actual industria vitivinícola: cómo impactan las prácticas enológicas históricas y tradicionales en el ambiente y cuánta huella de carbono dejan; y cuáles nuevas técnicas son más efectivas y sostenibles para la elaboración de vinos de bajo alcohol o alcohol cero. Se espera que en el transcurso del año, antes de la reunión anual de la organización en noviembre, se publiquen las nuevas normas.
Las recientes reuniones de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), que habitualmente se realizan a fines del invierno europeo, son encuentros de grupos de expertos que estudian temas científicos y técnicos.
El Grupo de Expertos en Tecnología de la OIV se reunió el 6 y 7 de marzo pasado y eligió a su nueva junta directiva por un mandato de tres años, dejando la presidencia a cargo del sudafricano Adrian Oelofse y la vicepresidencia en manos del alemán Matthias Schmitt.
Con 45 resoluciones en curso en 2025 (alrededor de 20 de las cuales podrían presentarse en la Asamblea General en Moldavia en noviembre próximo), la Comisión de Enología evalúa las nuevas prácticas enológicas a través de la experiencia de tres grupos: Tecnología, Microbiología y Especificaciones. La adaptación de la enología y de los procesos de producción al futuro es una de las 6 prioridades científicas del nuevo plan estratégico de la OIV. Si bien estas prácticas deben abordar la sostenibilidad y la resiliencia del sector, también deben responder a la evolución de las expectativas del mercado.
La creciente demanda de bebidas de bajo contenido alcohólico es una de esas evoluciones. Hoy, el grupo Thecno de la OIV está trabajando en nuevas prácticas enológicas para los vinos desalcoholizados y parcialmente desalcoholizados. La cata de vinos desalcoholizados propuesta por Francia, junto con la presentación por parte de la OIV de un estudio bibliográfico sobre los métodos de estabilización microbiológica de las bebidas no alcohólicas, contribuyeron a una mejor comprensión de las cuestiones técnicas.
Además, durante esta sesión de marzo, el grupo Techno abrió un nuevo campo: la evaluación del impacto ambiental de las prácticas enológicas.