Un grupo de investigadores de distintas organizaciones, incluidos ecologistas, estudiaron 220 parrales de vid antiguas, mantenidos en casas y jardines a lo largo de Almería, Andalucía, España, identificando y clasificando variedades sobrevivientes al ataque de patógenos provenientes de América del Norte, que se produjo en este país a fines del siglo XIX y diezmó ejemplares allí después de siglos de diversificación genética.
Los objetivos del proyecto fueron la caracterización genética de dichas parras de vid, para llevar a cabo su identificación varietal y fomentar la conservación de aquellas que no se identificaran genéticamente, ya que podría tratarse de ejemplares de genotipos varietales de importancia en el pasado y que se encuentren en riesgo de desaparición.
La producción de uva de mesa es una práctica tradicional en el sureste de España, donde los habitantes han producido uvas frescas y pasas durante siglos. Muchas de estas vides son ahora centenarias y representan una valiosa fuente de diversidad para el desarrollo de futuras variedades de uva de mesa con características mejoradas.
La llegada a España de agentes patógenos desde América del Norte a finales del siglo XIX diezmó la diversidad de Vitis vinifera después de siglos de diversificación genética. Además, la posterior globalización del mercado condujo a otra drástica reducción de la diversidad genética, ya que muchas variedades locales fueron reemplazadas por unas pocas variedades reconocidas.
En el caso de las uvas de mesa, esto implicó el reemplazo de variedades tradicionales con semillas por otras sin semillas, principalmente Sultanina y variedades derivadas de Sultanina, un proceso que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XX. Como resultado, hoy en día, la diversidad es sólo una pequeña fracción de lo que existía en la primera mitad del siglo XIX.
La drástica pérdida de recursos genéticos de la vid se evidencia claramente al comparar las variedades disponibles en la actualidad con aquellas cultivadas en el pasado. Los esfuerzos para preservar y caracterizar estas variedades tradicionales son cruciales para mantener la biodiversidad y garantizar la sostenibilidad de los viñedos en el futuro.
Con el objetivo de encontrar soluciones a nuevos problemas o para la diversificación del mercado y así poder afrontar los retos vitícolas presentes, incluyendo los que derivan de las condiciones climáticas actuales, un grupo de investigadores españoles estudió parrales antiguos, mantenidos en casas y jardines privados como fuente de uva para consumo familiar, así como en vides localizadas en zonas que actualmente no se destinan a la producción de uva, para hacer un análisis genético.

Este análisis mostró que muchas de las variedades locales identificadas en este estudio corresponden a variedades tradicionales de países del Mediterráneo occidental. Otras no fueron identificadas, lo que sugiere que podrían ser antiguas variedades de uva que tuvieron importancia en la región en el pasado. La conservación y caracterización de estas variedades podrían ser clave para garantizar la sostenibilidad actual y futura de los viñedos.
Los investigadores son profesionales del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV), el I Instituto Andalúz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera y Alimentaria (Ifapa) y el Grupo Ecologista Mediterráneo (GEM), que juntos han localizado 34 perfiles genéticos de vid desconocidos en Almería, una de las provincias españolas con mayor tradición en lo que a producción de uva de mesa se refiere.
Las conclusiones han sido publicadas por la revista científica Plants People Planet (New Phytologist Foundation) en el artículo «Genetic fingerprinting reveals how traditional farming practices aided to preserve ancient table grape varieties in Almería (southeastern Spain)« firmado por Javier Tello, Álvaro Galán, José Miguel Martínez Zapater y Javier Ibáñez, del ICVV; Inmaculada Rodríguez Torres, del Ifapa; y Antonio Rubio Casanova, del GEM.
En el caso del ICVV, este trabajo se enmarca dentro de la línea de investigación «Estudio y caracterización genética de la diversidad genética de la vid cultivada y silvestre (Vitis vinifera L.)« del Grupo de Investigación Genética y Genómica de la Vid (Vitigen).
El trabajo de campo partió del muestreo de 220 parras de vid antiguas a lo largo de Almería, provincia española que cuenta con siglos de tradición en la producción y comercialización de uva de mesa.
El estudio se centró en parrales antiguos, parras mantenidas en casas y jardines privados como fuente de uva para consumo familiar, así como en vides localizadas en zonas que actualmente no se destinan a la producción de uva.

Los objetivos del proyecto fueron la caracterización genética de dichas parras de vid, para llevar a cabo su identificación varietal y fomentar la conservación de aquellas que no se identificaran genéticamente, ya que podría tratarse de ejemplares de genotipos varietales de importancia en el pasado y que se encuentren en riesgo de desaparición.
El resultado de la caracterización genética de esas 220 parras -estudiadas mediante marcadores moleculares tipo microsatélite (SSR) y SNP- reveló hasta 71 perfiles genéticos únicos.
De ellos, 37 se identificaron como variedades de vid conocidas, como Beba, Ahmeur Bou Ahmeur, o Negra Rayada, de las que ya se ha documentado su presencia en distintas zonas de la península ibérica.
Por otro lado, los 34 perfiles genéticos restantes no se correspondieron a ninguno de los almacenados en bases de datos nacionales e internacionales, como el Catálogo Internacional de Variedades de Vid (VIVC).

Hallazgos que son fuente de biodiversidad
El valor del hallazgo está tanto en los 37 perfiles identificados, que permitieron estudiar el patrimonio histórico vitícola de la región de Almería, como en los 34 perfiles no registrados a la fecha del estudio, ya que algunos de ellos pueden corresponder a variedades de interés en la zona que, por un motivo u otro, se dejaron de cultivar y permanecieron de manera aislada en las localizaciones exploradas.

El interés de estos perfiles desconocidos encontrados reside en que son fuente de diversidad genética, que es fundamental para encontrar soluciones a nuevos problemas o para la diversificación del mercado (en este caso, de la uva de mesa); en definitiva, para poder afrontar los retos vitícolas presentes, incluyendo los que derivan de las condiciones climáticas actuales.
Fuente: Universidad de La Rioja